Castillo zaragoz.jpg

Zaragoz es una ciudad localizada en la península de Estalia, al sur de las colinas y riscos de las montañas Irrana. La roca sobre la que se asienta Zaragoz está horadada por cuevas y túneles subterráneos, algunos de los cuales fueron excavados por el hombre, pero otros no, siendo antiguos e insondables. El famoso río Eboro nace en las montañas cercanas a la ciudad, y serpentea por los campos, cruzando el sur de Estalia. 

Zaragoz es una ciudad amurallada, con calles pavimentadas rodeadas por muchos desagües para evacuar los residuos de la civilización. Está construida en la ladera de una de las montañas de las Irrana, y cuenta con una serie de terrazas a distintos niveles sobre las que se construyen las casas y tiendas de los habitantes, y en cuya cúspide se encuentra el castillo ducal, conocido localmente como la Torre Alta. La posición social determina dónde se puede construir una vivienda, y sólo la nobleza puede hacerlo en los niveles más altos. Zaragoz es considerado el menor de los reinos de Estalia, porque su tierra secada al sol ofrece un sustento deficiente, y el ducado ha sido objeto de disputas entre las familias de diAvila y Quixana durante siglos.

Geografía[editar | editar código]

El reino de Zaragoz se alza en torno a un peñasco solitario rodeado de pastizales. Las granjas residen en las tierras más altas del norte, con naranjos y viñedos desde cuyos campos los animales pueden ser conducidos hasta el río Eboro para beber. El suelo del camino que conduce a Zaragoz había sido arrastrado durante mucho tiempo por el agua de las inundaciones, para dejar un sendero seco y arenoso donde los arbustos espinosos y las hierbas altas crecen en grupos irregulares. Por el camino paralelo al Eboro se puede ver que, al sur del río, la tierra se extiende, lejana y llana. Mientras tanto, la costa norte del Eboro está bloqueada por árboles y colinas bajas. Más allá de Zaragoz, al este, se encuentra el Monte de la Sombra.

Con tierras bajas a su alrededor, Zaragoz parece no pertenecer en absoluto al paisaje. Encaramado en lo alto de este peñasco descansa una ciudadela, con las laderas rocosas debajo de ella, demasiado escarpadas como para permitir que más de treinta o cuarenta casas se aferren a sus bordes. Así, la ciudad sobre la que se encuentra el castillo está dispuesta en un estrecho anillo alrededor de su base, confinada por un muro bajo. Las granjas que lo alimentan forman un círculo mayor, limitadas a un lado por el curso del río Eboro.

La Ciudad[editar | editar código]

Aunque los guardias son perezosos, y el hedor habitual de sus calles estrechas es como el de cualquier otro pueblo, las calles no están mal construidas. Adecuadamente niveladas y con pavimentos sólidos, incluso las calles más pequeñas tienen zanjas centrales para servir como alcantarillas. Dichas áreas no están demasiado pobladas, salvo en días festivos y días de mercado, cuando los trabajadores descienden en masa de las tierras de cultivo distantes, llenando la ciudad hasta rebosar.

A mitad de camino por el peñasco, sobre el círculo de las murallas de la ciudad, las casas yacen precariamente encaramadas en comparación con las de más abajo. Una o dos ya han caído en la ruina, y las torres destrozadas se habían convertido en sitios de anidación de grajillas y cuervos. El camino estrecho es apenas lo suficientemente ancho para el carro de un comerciante, y aunque tiene un riel de madera erigido en el borde exterior, parece menos seguro de lo que podría haber sido hecho. Sin embargo, aquí es donde habita la aristocracia de Zaragoz.

Castillo Zaragoz[editar | editar código]

La aproximación al castillo no es tan empinada como la parte más baja del camino. La fortaleza en sí es un rectángulo convencional con una torre en cada esquina, aunque su forma está limitada a los contornos del peñasco sobre el que descansa. Por esta razón, las paredes no son todas rectas, serpentean tanto horizontal como verticalmente. La torre norte, conocida como la Torre Alta, se cierne sobre las demás, mientras que la torre sur se encuentra en la elevación más baja.

Incluso después de pasar por la puerta principal, donde debería recibirnos un gran patio, vemos grandes escaleras que siguen alzándose hacia las alturas. La puerta de entrada descansa dentro de la pared sureste, que contiene dos o tres guardias, mientras centinelas sirven cada una de las torres.

Las viviendas construidas dentro del castillo, incluidos los establos, se extienden entre las torres este y oeste. Estas dos torres están en el mismo nivel, conectadas por la más amplia de las repisas naturales. Debajo de la torre este se pueden apreciar ventanas acristaladas. Los pasillos del castillo están mal iluminados, con velas colocadas a intervalos de seis o siete pasos. Esto es especialmente notable en áreas como las que se encuentran más allá de la puerta del Gran Salón que conduce a las cocinas, donde no hay ventanas. El Gran Salón en sí es lo suficientemente grande como para albergar al menos doscientas cincuenta personas, con tres puertas más pequeñas que entran y salen de los pasillos interiores del castillo. Cinco ventanas acristaladas se alzan en fila sobre la entrada principal, demasiado altas para alcanzarlas sin una escalera.

Dentro del Castillo Zaragoz, una tradición prima sobre todas las demás, el baile. Aunque se les considera un reino menor, los aristócratas de Zaragoz tienen una manera de demostrar que son tan dignos como la nobleza de Bilbali y Magritta: pueden bailar como los señores más ricos y los reyes más poderosos, con la cabeza orgullosa mientras realizan los pasos de Brarle y Farandole. La brutal escasez que atenaza este reino se ve compensada por el orgullo de sus gobernantes, quienes se comportan como los soberanos de toda Estalia, orgulloso y altivos, incluso en los momentos más amargos.

La Torre Alta[editar | editar código]

Un arco abierto se encuentra en la parte inferior de la Torre Alta, con una puerta en su interior. No hay velas iluminando la escalera interior, las ventanas con rendijas de la torre apenas dejan entrar la luz. Esta estrecha escalera conduce a una puerta con una pequeña ventana enrejada. Más allá, un pasillo estrecho donde dos puertas se enfrentan, cada una con un cerrojo resistente y un pequeño cuadrado con bisagras cortado a la altura de los ojos para que los guardias puedan mirar hacia adentro. Esta es una prisión para los que están por encima del rango de plebeyo, una de estas habitaciones que contiene una silla, una mesa, una cama, un buen suministro de velas y una cacerola.

Las mazmorras y grutas de Zaragoz[editar | editar código]

Bajo la piedra de Zaragoz existe una amplia cadena de grutas, siendo en un principio utilizadas como mazmorra. Son grandes pasillos de amplias celdas, que pierden todo rastro de luz conforme se hunden en la tierra, para dar paso a pequeñas grutas excavadas mucho tiempo atrás. De hecho, había un castillo en la cima de la montaña mucho antes de que los humanos llegaran a Zaragoz, y los túneles que conectan las muchas cuevas fueron ahuecados por enanos cuando aún eran la fuerza dominante en el Viejo Mundo. El peñasco fue una vez una fortaleza desde la cual los dawi lucharon muy duro para defenderse de sus enemigos Goblins, antes del lento declive de su imperio.

Aquí abajo, la alcantarilla que recoge los desechos del castillo se ensancha a medida que desciende en espiral. En las profundidades, varios pozos se conectan para gestionar estas aguas residuales, perdiéndose en canales profundos.  Bajando y dando vueltas, uno eventualmente llegará a una ramificación de túneles. Se han marcado señales en las paredes con una piedra blanca y suave, que hacen de guía a un arco y una repisa estrecha sobre una pendiente escarpada. Aunque no es profunda, la región vacía debajo está lejos de ser segura, ya que allí es donde las ratas se esconden y anidan, mientras que otras cosas esperan para atraparlas. Si un hombre cayera aquí, las ratas se reunirían rápidamente sobre su cuerpo roto. La caverna es cálida, considerablemente más cálida que los pasillos debajo del castillo de Zaragoz. El aleteo de criaturas aladas y las salpicaduras de agua rompen cualquier silencio, mientras que el guano de murciélago y pájaro pinta la roca. Los ojos amarillos reptilianos observan desde las grietas y hendiduras. Si hay ratas aquí, entonces son pocas en número, lo que sugiere que este sistema de cuevas más profundo es distinto de los utilizados por los pozos de las mazmorras. También hay criaturas como grandes babosas grises que deambulan entre las plantas. El camino por delante es tortuosamente complicado. Las ratas se escabullen de la luz mientras que los lagartos blancos quedan hipnotizados por ella. Los murciélagos y las aves, como gorriones, pinzones y estorninos, son una pista suficiente de que las grietas que conducen al exterior están cerca. Más allá de un bosque invertido de densa agrupación de estalactitas, el espacio sobre la cabeza se vuelve cada vez más estrecho, como si entrara en la boca de un monstruo gigantesco. Aquí abajo, se hace difícil orientarse, y no desesperar en la oscuridad. También es probable que uno sea atacado constantemente por criaturas similares a simios de ojos blancos y piel blanca. Estas bestias de brazos largos se alimentan de las ratas y los pájaros, sus pies expertos en el acecho y la escalada. Sus dientes son como dagas, destinadas a arrancar carne de su presa, pero incluso con garras de clavos largos, sus intentos de estrangulamiento y agarre son débiles, pues no tienen demasiada fuerza. Alguno logra colarse hacia el exterior, pero odian profundamente cualquier rastro de luz, así que conforman una leyenda de la noche de Zaragoz.

Historia[editar | editar código]

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Este artículo puede contener spoilers de Zaragoz

En 2502 CI fue el escenario de una extraña y terrible batalla ente las fuerzas del Caos y el Orden, de la que fue testigo y partícipe el trovador bretoniano Orfeo.

Cuando Orfeo llegó a la ciudad en ese año estaba gobernada por Marsilio diAvila, cuya familia había arrebatado el poder por la fuerza a los Quixana hacía años. Con la ayuda de sus aliados, los Cordova, habían logrado acceder a la Torre Alta de Zaragoz a través de un pasadizo secreto que partía de las propiedades de los Cordova y derrocado al viejo Duque. Hacia 2497, Marsilio buscó legitimar su reinado casándose con Serafima Quixana, última descendiente directa del antiguo Duque. Esto provocó la intervención de Arcangelo, sacerdote de Zolkan, lo que llevó en última instancia a la muerte de diAvila.

DiAvila tenía tres siervos notables en Zaragoz: Don Estevan Sceberra, el jefe de su policía secreta; Semjaza, un poderoso hechicero usuario de las artes oscuras e invocador de Demonios; y Lady Morella d'Arlette, una expatriada bretoniana que jugueteaba con las malignas influencias de Slaanesh.

Las acciones de Arcangelo y Orfeo provocaron la liberación de Demonios en las cavernas bajo la Torre Alta y la destrucción de los tres esbirros de diAvila, aunque su hija, Veronique, sobrevivió. Tras estos extraños sucesos, Rodrigo Cordova quedó como el sucesor más probable de diAvila, quedando pendiente la difícil decisión entre casarse con Serafima o con Veronique.

Zaragoz también era el lugar de nacimiento del hombre que actualmente se hace llamar Alkadi Nasreen, Califa de Mahabbah, quien se marchó en torno al 2472 CI para convertirse en pirata, y que conoció a Orfeo en 2503.

Fuente[editar | editar código]

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