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Necrófago Condes Vampiro por zhangji

Imagen ilustrativa

Las tribus de Necrófagos que actualmente habitan en la Desolación de Nagash, las tierras en torno a Nagashizzar y en las costas del Mar Agrio, son los descendientes de los Yaghur, primitivas tribus de humanos que fueron corrompidas por el Gran Nigromante hace siglos, hasta degenerar en enajenados y diabólicos caníbales, hombres que comen la carne de los muertos en sangrientos rituales.

Estos come-cadáveres se ven atraídos bajo la sombra gélida e imponente de Nagashizzar, donde rinden pleitesía a Nagash, adorándole como si fuera un dios.

DescripciónEditar

Antes de ser corrompidos por Nagash, los Yaghur eran un antiguo pueblo de humanos que habían sufrido severas mutaciones a causa de los efectos de la piedra bruja que abundaba por la región. En general, sus cuerpos eran bajos y rechonchos, muy musculosos aunque contrahechos de diversos modos, con apenas pelo en la cabeza y su piel tenía un horrible tono verde pálido, aunque abundaban las deformidades físicas como jorobas, extremidades de diversos tamaños, características animales, etc. La mayoría eran de poca importancia y unas pocas incluso fueron beneficiosas.

Los Yaghur eran gente rebelde y tribal. Estaban a las órdenes de cualquiera que fuera lo bastante fuerte, apoyado por un fuerte cuadro de parientes y aliados que formaban la partida de guerra del jefe. Subsistían a base de la poca comida que podían arrancar de la tierra o atrapar en las aguas oscuras y amargas del Mar Agrio. Se vestían con cuero rugoso y trabajaban con burdas herramientas de madera y piedra en su mayor parte, ya que desconocían cómo trabajar el metal, aunque tenían algunas herramientas y armas de metal, robadas y saqueadas de otros pueblos más desarrollados.

Necrófagos por Mark Gibbons

Los Yaghur vivían en aldeas bárbaras aisladas unas de otras, que se extendían desde las orillas del Mar Agrio sobre las colinas cercanas a Pico Tullido; en chozas de barro y hierba que se acurrucaban unas con otras. Al norte del gran mar, la costa es una mezcla de planas llanuras pantanosas y onduladas colinas rodeadas de raquíticos espinos de un tono verde grisáceo. Aquí se asentaban las aldeas más pequeñas o comunidades de clanes, unidas por sinuosos senderos anegados marcados por el paso de generaciones de cazadores y partidas de guerra. A medida que uno se acercaba al Pico Tullido, las aldeas eran más grandes y elaboradas. Las amplias laderas estaban divididas en terrazas rudimentarias, y filas de chozas de techos redondeados se extendían por los campos, donde cultivos de arroz y tubérculos crecían en humedales de agua amarga.

En los centros de cada aldea levantaban altares-totems que eran el núcleo central de las ceremonias importantes de los bárbaros. Los tótems eran columnas de madera tallada de más de cuatro metros y medio de alto, a las que les habían dado forma para que se asemejaran a hombres y mujeres altos y de complexión fuerte. Solía haber entre cuatro y ocho figuras talladas en cada tótem, siempre en parejas, mirando hacia afuera desde el tronco, en poses que pretendían expresar fuerza, sabiduría y prosperidad, aunque no parecía haber iconografía común entre los tótems que sugiriera nada parecido a un panteón. El único factor coincidente que podía distinguir era que ninguna de las figuras presentaba las deformidades comunes a aquellos que las veneraban. Los Yaghur depositaban ofrendas de comida y sencillos obsequios tallados en los altares.

Guardianes de la MontañaEditar

Warhammer Cataclysm Piedra de Disformidad por Mark Molnar Piedra bruja

Los Yaghur eran regidos por una casta sacerdotal conocida como los Guardianes de la Montaña, que adoraban a la piedra bruja que había bajo Pico Tullido como si fuera una especie de deidad. A diferencia del resto de personas, apenas mostraban las deformidades que solían ser causadas por la exposición a la piedra de disformidad, pues habían aprendido a controlar sus peores efectos. No solo eso, aunque no eran auténticos nigromantes, en el sentido estricto de la palabra, estos hombres santos sabían cómo recurrir al poder de la piedra bruja para controlar los cuerpos de los muertos; si bien sus habilidades eran limitadas y sumamente toscas. No obstante, lo que les faltaba en sofisticación lo compensaban con poder puro.

Los Guardianes de la Montaña tenían su templo principal a los pies de Pico Tullido, pero solo los miembros del sacerdocio podían entrar allí. Con todo, viajaban de aldea en aldea y no se quedaban nunca en un lugar más que unos pocos días cada vez. Entre sus funciones estaba el ungir los altares-tótems con aceites y llevar a cabo oraciones en ellos, reunir los tributos que les entregaban los Yaghur, y de vez en cuando, resolver los asuntos y problemas de los propios aldeanos.

También se encargaban de los ritos funerarios de los Yaghur. A varios kilómetros monte arriba de Pico Tullido, había una extensa llanura donde se hallaba una especie de necrópolis. Durante siglos, los Guardianes enterraron aquí a los muertos, hasta el punto de que toda la llanura estaba abarrotada de ellos hasta donde alcanzaba la vista. Los túmulos variaban de tamaño: algunos no eran mucho más grandes que una choza bárbara, mientras que otros eran del tamaño de altozanos. Dado que nadie más tenía acceso a la llanura, los túmulos eran construidos por los propios sacerdotes.

HistoriaEditar

Los Yaghur eran descendientes de los pastores nómadas de las lejanas estepas septentrionales, que hace milenios se asentaron en la región a los pies de la montaña que actualmente se conoce como Pico Tullido. Con el paso del tiempo, acabaron desarrollando una cultura humana relativamente avanzada, con conocimientos rudimentarios de agricultura y metalurgia, y levantando una ciudad, gobernada por un sumo cacique.

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Entonces llegó el día en el que cayó un enorme fragmento de piedra bruja procedente de Morrslieb, estrellándose contra Pico Tullido, y transformando la región para siempre. La gran ciudad de las tribus quedó devastada. Cientos de personas murieron a causa del impacto y cientos más sufrieron horribles enfermedades y malformaciones en los meses posteriores. Los supervivientes dirigieron la mirada al norte con una mezcla de asombro y terror. La destrucción fue tan repentina, tan terrible, que sólo podía tratarse de la obra de un dios iracundo.

No tardaron en empezar a venerar a la piedra bruja como una deidad, construyendo una gran ciudad-templo para venerar a su nuevo dios. Se pusieron el nombre de Yaghur, que en su idioma significa “los Fieles” y, con el paso del tiempo, sus sacerdotes aprendieron a invocar el poder de la piedra celeste para ejecutar terribles actos de hechicería, con lo que pudieron dominar a las tribus de alrededor y forjar su propio reino.

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Los yaghur se volvieron poderosos una vez más y el sumo cacique empezó a referirse a sí mismo como el elegido del dios celeste. Sus sacerdotes lo ungieron rey y le dijeron a la gente que el mismísimo dios hablaba a través de él. El clero de la piedra celeste sabía que, mientras los reyes de los yaghur prosperasen, su propia riqueza y poder también crecerían.

Pero los días de gloria del reino duraron poco. Las casas nobles, que gobernaban desde la ciudad templo situada en la falda sur de la montaña, se volvieron paranoicas y crueles. La locura se contagió a los clanes dirigentes, y pronto el reino se vio desgarrado por la guerra civil. Los clanes se pelearon por la piedra divina enterrada bajo la montaña y miles murieron.

Al final, las casas nobles de los Yaghur fueron derrocadas cuando un príncipe exiliado regresó de las tierras del norte con las enseñanzas de un nuevo dios de cuatro caras: Malakh el Oscuro, Señor del Cuádruple Sendero. El poder de Malakh le proporcionó al príncipe muchos seguidores, y con el tiempo, conquistaron la ciudad-templo y masacraron a los enloquecidos nobles Yaghur en un gran sacrificio a su dios.

Después, el príncipe selló los túneles situados debajo de la ciudad-templo y condujo a su gente al norte, donde se establecieron lejos de la montaña y su dios malsano. Pero los insaciables deseos de Malakh resultaron ser igual de malos —si no peores— que el demente gobierno de los antiguos reyes Yaghur, y la gente se vio dividida una vez más por la guerra civil. Con el tiempo, se produjo una escisión.

Al final, aquellos que rechazaron a Malakh y trataron de regresar a las antiguas costumbres y venerar al dios de la montaña fueron expulsados, regresando a las orillas del Mar Agrio en un vano intento de reclamar las glorias del reino que habían perdido. Le ofrecieron sacrificios a la montaña y enterrando a sus muertos a los pies de la misma con la esperanza de recobrar el favor del dios celeste. Entre los Guardianes de la Montaña existía una profecía según la cual la montaña despertaría, y su dios regresaría para liderarlos de nuevo a su época dorada. Por otro lado, los que siguieron adorando a Malakh recibieron el nombre de “los Abandonados” por parte de los Yaghur.

Desde entonces, los Yaghur y los Abandonados estuvieron en guerra. Ambos pueblos solían combatir tradicionalmente en una llanura ancha y más o menos triangular situada a unas tres leguas al noroeste del Mar Agrio. Los Abandonados tenían una cultura más avanzada que los Yaghur, y disponían de armas de metal, pero el poder de los Guardianes de la Montaña les permitía mantenerlos a raya. Pero todo esto cambió con la llegada de Nagash.

Portada El ascenso de de Nagash Nagash, el Invencible por Jon Sullivan

Después de ser expulsado de su tierra en Nehekhara, Nagash viajó al norte buscando la piedra bruja que se encontraba bajo Pico Tullido. Durante años Nagash vivió como un ermitaño en una cueva en la ladera de Pico Tullido, espiando y estudiando a las tribus de humanos que vivían por la zona, meditando sobre la naturaleza de la magia y recopilando sabiduría del oscuro pozo de su corrupta alma. Durante todo este tiempo, perfeccionó los hechizos nigrománticos y por la noche descendía hasta los cementerios de los Yaghur, y reanimaba los cadáveres allí enterrados para excavaran en la montaña y extrajeran piedra bruja. Los Guardianes de la Montaña trataron de detenerlo pero fracasaron en cada intento. Al final, cuando ya se creía lo suficientemente fuerte, Nagash levantó una gran horda de No Muertos que destruyó el templo de los Guardianes y mató a la mayor parte de sus miembros, antes de ponerse a conquistar los de los Yaghur.

Incapaces de resistir ante un ejército No Muerto, los hombres de las tribus empezaron a adorar al Gran Nigromante como al dios de la montaña largamente esperado, y enviaron pasivamente a las mejores doncellas y a los jóvenes más apuestos a la torre de Nagash como ofrendas. Esto halagó su vanidad y perdonó a las tribus, enseñándoles muchas cosas y levantando una nación maligna que obedecía sus órdenes. Liderando a los Yaghur, el Gran Nigromante llevó a cabo una campaña de conquistas para someter a los Abandonados, campaña que le llevaría varias décadas completar. Para satisfacer su maligno humor, Nagash enseñó a los habitantes de la tribu de los Yaghur el ritual del Festín Macabro que al final conduciría al pueblo a un terrible destino.

Necrófagos por Tony Ackland

Después de cada victoria sobre los Abandonados, el Gran Nigromante ordenaba que devoraran los cadáveres de los caídos hasta los mismos huesos, para así obtener su vigor y su fuerza. Con el tiempo, esta macabra costumbre acabó estandarizándose entre los Yaghur. Mientras las grandes hogueras ardían para captar la atención de su dios oscuro, los más viejos de la tribu preparaban sacrificios para matanzas rituales en los que morían criminales y cautivos de otras tribus cuando era posible, o los miembros de familias menos favorecidas cuando no quedaba más remedio. Las tribus se atiborraban de la carne de los suyos y, generación tras generación volvían a hacerlo, hasta que al acabaron enloqueciendo a causa de estas prácticas abominables, transformándose en los primeros Necrófagos del mundo.

En la actualidad, los descendientes degenerados de los Yaghur todavía vagan por las regiones y territorios cercanos a Nagashizzar, habitando en nidos subterráneos, recorriendo tanto la superficie como los túneles y galerías subterráneas, buscando a cualquier intruso o desdichado que recorra aquel lugar, a los que atacan en su búsqueda de carne fresca con la que alimentarse. Mientras tanto, esperan a que su oscuro dios vuelva a liderarlos a la batalla.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: No Muertos (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Condes Vampiro (7ª Edición).
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