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"¡Giovanni, idiota! ¡¡Te dije malva, no castaño, NO CASTAÑO!! ¡Lo has estropeado todo! ¡La Baronesa Nikse llevaba un vestido malva cuando subió al trono, so memo! Lo sé porque estuve allí. ¿Y quién mejor que yo para conmemorar la ocasión con una estatua? ¿Qué vamos a hacer con diez metros de terciopelo castaño?"

Wilbert Ree, maestro artesano y traficante de drogas
Wilbert ree

Ree es esbelto, macilento y de gran estatura, casi un metro noventa. Con su gran nariz y su nuez de Adán prominente, parece un espantapájaros, y vestido con sus ropajes chillones de artista, uno bastante temperamental. Adopta una pose de dignidad ante sus clientes importantes.

A sus 32 años, Wilbert Ree es un miembro prominente de la sociedad de Goudberg, como a él le gusta. Llamar la atención del público es bueno para los negocios, así que con su aspecto y su comportamiento hace lo posible para encajar en el ambiente. Cuando los ricachones de la zona le encargan estatuas, esperan encontrarse con un artista con personalidad y temperamento, y no salen defraudados. La gente de clase media que visita el museo espera encontrar excentricidad y genialidad, y sus expectativas no se ven decepcionadas. Y siguiendo esos estereotipos gana mucho más dinero que cualquier mercader o contrabandista convencional.

Ree estudió en Tilea, y con las habilidades que adquirió siendo aprendiz del desquiciado Luigi Spadolini de Tobaro (posteriormente enviado a la hoguera por sus investigaciones sobre la taxidermia de humanos), se ha convertido en un brillante artista de anatomía y un escultor de cera sin par. No obstante, desde el principio tuvo muy claro que con la escultura no se podía ganar mucho dinero, y sí con otros campos: especialmente los Campos Negros de Arabia donde florece el Loto Negro.

Dándoselas de perfeccionista, Ree procura que no pase inadvertido que su museo de cera es el único del Viejo Mundo en el que se emplea Cera de Marfil de Ind, elaborada, según dice, con el sebo de los elefantes y la cera de las abejas gigantes que hay en ese país. Cada pocos meses llegan cargamentos de cera: centenares de pesados bloques, cada uno del tamaño de un pie cúbico. Aunque todos llevan estampados los sellos y señales de Ind, en realidad proceden de Arabia. Cada uno de ellos tiene una pequeña cavidad en su centro, llena de algo menos de medio kilo de polvo de Loto Negro, así que Wilbert Ree es el mayor contrabandista de esta droga en Marienburgo.

Ree cree que su método es infalible: si se funde la cera, la droga se disuelve en ella; sólo cortando el bloque de la manera adecuada (por el sello de Ind) se llega a la cavidad escondida. Sin embargo, sobre su negocio se cierne otra amenaza. Hace unas semanas descubrió para su sorpresa y horror que cuatro de las estatuas de su museo contienen algo más de lo que parece. Igual que los bloques de cera, encierran algo desagradable en su interior: Giovanni, su ayudante, ha estado obteniendo cadáveres, cubriéndolos de cera e incorporándolos al museo.

Giovanni es un artista brillante por derecho propio, tan desquiciado como su maestro, y adorador de Slaanesh. El culto es un buen cliente de Ree y Giovanni cayó en sus garras hace un año. Algunos de los cadáveres provienen del tráfico de cuerpos, y otras víctimas, sobre todo mendigos y extranjeros, las ha matado en las calles él mismo. Ni que decir tiene que si esto sale a la luz supondrá el fin del museo, posiblemente de Ree y sin duda de la red de contrabando, así que éste se encuentra en una situación desesperada. Sabe que tiene que librarse de Giovanni y de los cadáveres, pero aunque ha conseguido que aquél se haga adictor al Loto Negro, no tiene ni idea de cómo deshacerse de los cuerpos.

Ree es muy popular en las altas esferas de la sociedad marienburguesa: aparece en todas las listas de invitados para fiestas en Goudberg, y cada vez más padres acomodados quieren que inmortalice a sus hijos en cera. También tiene contactos con Venk Kataswaran del Loto Dorado: el Lascar es un cliente muy importante, aunque le debe 500 florines desde hace más de un mes. Ree lo amenazó con cortarle el suministro y ahora se teme que quizá haya encontrado otro proveedor. Giovanni conoce a los necrófagos que hay en Marienburgo, que hacen de intermediarios con los alcahuetes y cortagargantas depravados que le consiguen las víctimas. Deecksburg conoce a Giovanni y le tiene miedo, pues en sus bocetos ha visto la influencia del Caos y sabe que se está apoderando de él.

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