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Khorne by alexboca-d792xv6
El más grande de los dominios en el Reino del Caos es el de Khorne, el Dios de la Guerra. Khorne no es sutil. No tiene lugar para la belleza de las formas en su negro corazón, pues él es el Dios de la Sangre, el Señor de los Cráneos. Dentro de su forma inmortal únicamente la rabia tiene cabida, y la matanza es su único deseo. Y su reino está moldeado como su personalidad, como todos los dominios de los dioses están adaptados a su idiosincrasia. Las tierras del Dios de la Sangre son un constante campo de batalla para poner a prueba las habilidades marciales. No sirven a ninguna otra función.

El dominio de Khorne es poco más que kilómetros y kilómetros de tierras yermas, enrojecidas por la sangre vertida en ellas. En algunos puntos, serrados cañones y cráteres rompen el monótono paisaje como testigos de algún titánico enfrentamiento entre sirvientes demoníacos del Dios de la Sangre luchando entre ellos o contra las tropas de otra deidad. Estas batallas son prácticamente interminables. Si uno de los dioses hermanos de Khorne no quiere enfrentarse a los seguidores del Dios de la Sangre, estos se enfrentan entre ellos. En contadas ocasiones, Khorne trae paladines mortales hasta este lugar para poner a prueba sus habilidades marciales luchando contra sus demonios. Pocos de estos enfrentamientos finalizan con la victoria del mortal, pero aquellos que resisten se verán recompensados con la demonización, la quieran o no.

La estructura del reino de Khorne está unida a su humor que, si bien nunca es bueno, varía entre la rabia contenida y la furia apocalíptica. El suelo tiembla y se estremece cuando los atronadores gritos del Dios de la Sangre resuenan por la eternidad. Lagos de sangre hierven y hasta el cielo grita. Nubes de asfixiantes cenizas surgen de géiseres ocultos, incinerando a los combatientes, o propulsando grandes rocas hacia los cielos, para volver a caer al suelo con una fuerza aplastante. Pero aún así los demonios siguen luchando. No luchan por el honor, ni por la riqueza, ni tan solo por la victoria, luchan por el mero hecho de hacerlo, y por lograr el favor de su temible señor.

El Trono de los CráneosEditar

El Reino de Khorne
Sobresaliendo por encima de la eterna desolación del reino de Khorne se encuentra la Ciudadela de Bronce del Dios de la Sangre. Los muros de este impío bastión están serrados y cubiertos de una gruesa capa de sangre y vísceras secas, con horcas y patíbulos mostrando los restos sin vida de asaltantes. El foso de la ciudadela no está llena de agua, sino de la sangre hirviendo de las víctimas de Khorne a lo largo del espacio y el tiempo. Gárgolas de hierro gruñen desde los parapetos con odio demoníaco en sus ojos y metal fundido en sus entrañas, mientras los Mastines de Khorne vigilan entre las murallas exteriores y la torre, royendo antiguos huesos y ansiando carne fresca.

El propio Khorne habita en una gran bóveda en el negro corazón de la torre central de la fortaleza. Ocho pilares de hierro se pierden en la negra penumbra para sostener el inconcebible peso del techo de la sala. Cada pilar está inscrito con uno de los mandamientos de Khorne. Estos edictos hablan de las virtudes malditas de la rabia, la habilidad marcial y el desafío. En el centro de la sala el Dios de la Sangre se sienta sobre un gigantesco trono de bronce colocado sobre una gigantesca montaña de cráneos, cada uno de los cuales es el trofeo de un paladín victorioso, o los restos de un campeón derrotado. Khorne suele estar vestido con una ornamentada armadura negra y bronce. Su cuerpo es ancho y musculoso, su cara la de un feroz y gruñente perro con labios cortados. Cuando Khorne habla, lo hace a gritos de rabia negra, incendiando el aire con chispas malditas con cada gutural sílaba.

Fortress of Khorne
En los dedos, Khorne lleva numerosos anillos de bronce, algunos adornados con su runa personal. Sobre los demás hay engarzadas las cabezas de dioses menores, o muestras menos fatales de enemigos vencidos. Por qué nadie puede atreverse a enfrentarse al Dios de la Sangre en la arena del poder marcial es un misterio, por lo que la procedencia de los demás anillos es un misterio, como si estos objetos proceden de la gran batalla que dio lugar a la creación. Junto a Khorne hay una gigantesca espada a dos manos. Las leyendas dicen que desenfundar esta dolorosa arma es llamar a la calamidad, y que Khorne podría partir la existencia por la mitad con un solo golpe, si ese fuera su deseo. En otros lugares de la ciudadela las grandes armerías están equipadas con todas las armas imaginables, aunque por motivos largo tiempo olvidados por los mortales, Khorne siempre prefiere la mencionada espada.

A los pies del trono, una alfombra de huesos partidos se expande en todas direcciones. Son los restos de los muertos causados por los paladines del Dios de la Sangre. Bajo la estigia sombra de los aleros de la sala hay un yunque, donde los demonios forja construyen las armas y armaduras para los elegidos del Dios de la Sangre, grandes guerreros y poderosos líderes militares que matan simplemente porque lo desean. Allí yace el gran mastín Karanak, una gigantesca bestia demoníaca de tres cabezas que guarda la sala del trono.

En caso de necesidad, cuando sus ejércitos están siendo derrotados y la ciudadela amenazada, Khorne se levanta de su trono, estremeciendo el Reino del Caos hasta su núcleo con cada pisada. Con una guardia de honor de Devoradores de Almas, cada uno con el poder de un ejército entero, el Señor de la Batalla libera toda su rabia sobre el enemigo, dispersando los demonios de sus rivales con cada golpe de su espada y aplastando sus destrozados cuerpos bajo sus pies. Esta predisposición a participar físicamente en el Gran juego es lo que diferencia a Khorne de los demás dioses. Aún así, sus intervenciones son muy escasas, y en cada ocasión representa un brusco giro en la guerra entre los dioses.

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Demonios del Caos (8ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Demonios del Caos (7ª Edición).
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