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Mercenario imperial

Imagen ilustrativa

Triste es el recuerdo del mas que conocido Príncipe Arnyld, cuya historia resuena entre las gentes de Arabia cargada de rencor e ira. Su muerte no fue suficiente condena para los terribles crímenes que cometió en vida, la cual estuvo gobernada por una desbordada avaricia.

Historia Editar

Los orígenes de Arnyld son inciertos, pero se sabe que partió de Bretonia para recorrerse el Viejo Mundo. En sus viajes, comenzó a ganar fama y fortuna, pues su familia había perdido su riqueza en una revuelta campesina. Se casó con una joven noble de Marienburgo, aunque su padre, el Barón Millington, jamás aprobó el enlace.

Años después, el Príncipe Arnyld, como ahora se hacia llamar, fue engañado por un mercader estaliano, el cual no le devolvió dinero que fue en teoría un préstamo del príncipe. Arnyld ardió en cólera y se propuso invadir Estalia con un ejercito mercenario para buscar al truhán. Cuando su suegro se enteró de sus planes, se negó a financiar tal necedad. Pero Arnyld tenía otros planes. Secuestró a su suegro y lo embadurnó de miel, dejándolo desnudo y atado bajo el castigo del sol durante días en su ciudadela. Cuando fue liberado, el Barón, exhausto y moribundo, estaba más que dispuesto a colaborar. Tras su cacería en Estalia, condujo a sus mercenarios a los Reinos Fronterizos, donde continuó su campaña de saqueo y pillaje, hasta que años mas tarde decidió marchar a las Cruzadas.

Arnyld no era el tipo de hombre que se preocupa por la política, pero la idea de poseer los rebosantes tesoros de los Sultanes y Califas de Arabia fue demasiado tentadora. Las pretensiones de Jaffar sobre Estalia fueron frustradas años atrás por los viejomundanos, y estos le persiguieron mas allá del mar. Tras décadas, habían logrado acabar poco a poco con su influencia, y Arnyld decidió aprovechar el caos para su propio beneficio.

Transformándose ahora en un peligroso pirata, arrasó las costas de Arabia, atacando pueblos y aldeas, hasta transformarse en un verdadero incordio para los mandatarios árabes. Finalmente, tras meses de saqueo, fue derrotado y capturado por la flota del Gran Sultán Al-Adil, a unas pocas leguas al sur del Golfo de Medes. Arnyld y sus piratas fueron llevados a Ka-Sabar, para ser juzgados y ejecutados allí, pero unos pocos lograron escapar, liberando al príncipe y huyendo hacia el este. Arnyld recompuso por tanto a sus huestes, y volvió a sus campañas de saqueo, esta vez en torno a las Arenas Movedizas. El ejercito de Arnyld se compuso entonces de mercenarios, caballeros cruzados, soldados renegados, aventureros y cualquiera lo suficientemente loco como para seguirle.

Su golpe más famoso fue el asalto a una caravana mercante que se dirigía a El-Kalabad. El Sultán de la ciudad, Nur-Salih, envió a sus huestes a cazarlo, pero no pudieron llegar para evitar el ataque. Sin embargo, comenzaron a rastrear el ejercito de Arnyld por las dunas, siguiendo sus pasos. Llegaron a la ciudad de Ma’arra, y quedaron horrorizados por la brutal masacre que habían desatado los viejomundanos en la región, acelerando su marcha para dar caza a los invasores. Finalmente lograron darle caza en el año 1515 CI, en el gran páramo conocido como la Llanura de Haytin. En aquella batalla fue capturado Arnyld, mientras se ocultaba junto a los suyos en las cavernas que se extienden bajo Haytin, cerca de un oasis, para ser posteriormente ejecutado. Y allí se dice que se esconde su tesoro, rebosante tras décadas de saqueos, maldito y perdido. Nadie sabe su localización exacta, pero todos ansían su riqueza, y lo buscan desesperados, aunque sus vidas corran un terrible peligro.

Fuente Editar

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