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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Orghotts-0

Jinete Maggoth, Campeón del Caos de Nurgle

El único deseo de Orghotts es llegar a ser un verdadero demonio. Sus orígenes están enterrados bajo la nieve salpicada de sangre de trescientos inviernos, aunque la gente de la tribu Cuernohielo susurran que nació de una unión profana entre una Gran Inmundicia y una bruja humana. Tanto si esta cita fue el resultado de un pacto demoníaco o algo aún más sucio es mejor no preguntárselo.

Orghotts está consumido por el resentimiento de tener un pie en el reino de los mortales y otro en lo que él ve como el dominio que le corresponde, el Jardín de Nurgle. Los enemigos de la llamada tribu Cuernohielo llamaban a Orghotts el Rey Bastardo de Pico Cuernohielo, aunque ninguno utilizaba este título en su presencia, ya que el pozo de enterrada ira que ahogaba el alma del señor de la guerra podía hervir en un solo instante mortal.

Pico Cuernohielo está situado en el extremo norte del mundo, en la penumbra del Reino del Caos, y las personas que se ganaban la vida en el desierto tocado por los dioses estaban bien acostumbrados a ver el paisaje brillante vomitar ejércitos enteros de demonios. Orghotts ha habitado en el margen del dominio de su amo desde hace varios siglos, ya que el icor que corre por sus venas le presta una falsa inmortalidad que ha extendido su esperanza de vida en muchas veces la de los más antiguos humanos.

El Reino del Caos avanzaba y retrocedía por las tierras mientras el poder de los dioses oscuros aumentaba y disminuía, y en ocasiones se ha extendido por las montañas para consumir Pico Cuernohielo y a los que habitan bajo su sombra. Orghotts, a veces, incluso había caminado por los cambiantes caminos del Jardín de Nurgle, aunque en lugar de ser el paraíso trascendente que había esperado resultó ser un infierno tentador. El Rey Bastardo vagó por el Reino del Caos un paso tras otro, capaz de ver el jardín desplegado a su alrededor, pero incapaz de respirar los aromas arrebatadores de sus hongos brillantes o degustar las rancias esporas que flotaban perezosamente a través del aire.

Era una visión del cielo colgada delante de sus doloridos sentidos, que no concedía la paz, sino inflamaba el deseo de Orghotts de apreciar los dones de Nurgle al completo. Las únicas cosas que fue capaz de tocar fueron un par de hachas de filo oxidado que encontró incrustadas profundamente en el tronco de un árbol retorcido que una vez había sido un soñador hechicero de la vida. Las hachas eran de origen mortal, y aunque le llevó hasta la última gota de su fuerza, Orghotts las arrancó y se las llevó para sí. Todavía lucha con estas hachas oxidadas apelmazadas de plagas en la actualidad, un recordatorio permanente de la hora en que puso un pie en el umbral de su destino.

Hubo un período en la historia de Orghotts donde iba a confraternizar con regularidad - e incluso consumir - con los sirvientes demoníacos del Señor de la Decadencia en un intento de contraer la Putrefacción de Nurgle. Lo hizo con la esperanza de morir de la enfermedad espiritual y convertirse en un Portador de Plaga, como había ocurrido con miembros menores de la tribu antes que él. Creyente como era, estaba seguro de que el Señor de la Decadencia se apiadaría de su devoto discípulo y le reharía en una forma inmortal. Irónicamente, la misma capacidad de recuperación natural otorgada por su naturaleza medio demoníaca le impidió conseguir el abrazo de la muerte y el nirvana que le esperaba al otro lado. La Putrefacción de Nurgle lo reclamó como recipiente, remodelando incluso su forma mortal de modo que un único cuerno de un Portador de Plaga brotó de su cráneo en lugar de su ojo izquierdo, pero no lo reclamó por completo como había esperado. A pesar de que desde entonces había difundido las más trascendentes de las enfermedades a los innumerables mortales, Orghotts permanecía varado en el plano mortal.

Al igual que un sinnúmero de señores de la guerra antes que él, Orghotts recorría el camino a la gloria en busca del favor de su dios. Este camino traicionero sólo conduce a la muerte, a la transformación en un lloriqueante engendro del Caos, o - raras veces para unos pocos - a la inmortalidad como príncipe demonio. Aunque los aliados demoníacos de Orghotts han dado a entender que incluso los príncipes demonio llevan el estigma de la semilla mortal que les dio vida, él seguía esforzándose para llegar a esa condición, ya que si ganaba el suficiente favor para cruzar la brecha se convertiría al fin en un verdadero inmortal.

En su búsqueda del favor de Nurgle, Orghotts ha navegado en busca de la gloria en muchas ocasiones. Ha dirigido tribus enteras al sur a través del Mar del Caos, a través del yermo de Norsca y en el Imperio. Luchó en la Batalla de las Puertas de Kislev durante la Gran Guerra contra el Caos, en 2303, retando y rápidamente matando a los sacerdotes guerreros y grandes maestros de los ejércitos Sigmaritas enviados a detenerlo.

Aunque Orghotts se consideraba una mera sombra del guerrero en que se convertiría un día, en batalla siempre había demostrado ser una fuerza de destrucción terrible. Fuertemente blindado y casi inmune a las heridas físicas, aquellos lo suficientemente rápidos como para asestar un golpe en el invariablemente gordo cuerpo de Orghotts encontraron a cambio que hacía caso omiso de él y un golpe decapitador dirigido contra ellos. Incluso aquellos de sus golpes que no daban en el blanco podían ser letales - ya que un único arañazo de las hachas podridas se infectaba y se volvía gangrenoso en un segundo, haciendo caer a la víctima aún cuando Orghotts pasaba de largo en busca de nuevas oportunidades de demostrar su valía. Aquellos atacantes que buscaban atravesar la armadura de Orghotts y perforar su piel rápidamente aprendieron la verdad detrás de su nombre. Cada vez que la carne del señor de la guerra era abierta, una gota de icor demoníaco era expulsada con una fuerza impactante. Su potencia caústica era lo suficiente fuerte para quemar a través del acero y disolver la carne de debajo. Era un testimonio de lo larga que había sido la odisea violenta de Orghotts que más hombres habían muerto por su sangre contaminada que por las espadas de los campeones que marchaban junto a él últimamente.

La vitalidad demoníaca que corría por la sangre de Orghotts resultó impredeciblemente útil al intentar poner la silla de montar a Mandíbula Batiente, el pox maggoth que el señor de la guerra cabalga a la guerra. Orghotts se encontró por primera vez al monstruoso gusano-cosa dormido en los pantanos de la Laguna Eterna. Guiado hacia la ciénaga pestilente por una visión del fértil favor de Nurgle, Orghotts esperó prudentemente hasta que Mandíbula Batiente estaba en un sopor digestivo después de devorar un draco de pantano antes de acercarse a la bestia. El maggoth golpeó con una larga garra en el cuello de Orghotts, a la vez que su larga lengua se disparaba para atraparlo y dar un tirón hacia sus dos bocas rechinantes, pero el aroma de icor demoníaco hizo parar a la bestia.

Viendo su oportunidad, Orghotts atrapó la lengua azotante de la bestia en su guantelete y se subió sobre su espalda, con el apéndice en forma de látigo como una rienda improvisada con la que dar tirones al pox maggoth a izquierda y derecha hasta que hubiera aprendido a obedecer sus órdenes.

Cualquier otro guerrero habría sido arrojado fuera con rapidez y masticado por la mitad, pero el olor del favor de Nurgle corría por las venas de Orghotts. Así es como monta un potente pox maggoth hasta la fecha, una bestia tan impermeable al daño como su maestro. A medida que la escala de sus obras se hace cada vez mayor, las posibilidades de la verdadera inmortalidad de Orghotts se hacen mayores con cada noche que pasa.

El Fin de los Tiempos Editar

Batalla de Talabheim Editar

Orghotts Daemonspew

A la cabeza de los jinetes maggoth que invadieron Talabheim estaba Orghotts Vómito de Demonio. Los que perforaron la piel hinchada de Orghotts encontraron icor ardiente pulverizándose sobre su propia carne, contaminando su torrente sanguíneo y corrompiendo a fondo sus cuerpos. Los enemigos de Orghotts a menudo se derrumbaban, incluso antes de que las espadas de los jinetes maggoth los cortaran en pedazos.

MiniaturasEditar

ImágenesEditar

FuenteEditar

  • The End Times II - Glottkin.
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