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Maestro nigromante total war warhammer

Imagen ilustrativa

Ondurin Vonreuter es el último del linaje de los Vonreuter, un clan de aficionados a la magia negra y a la brujería que se remonta al comienzo de la historia del Imperio. Ondurin es el último de estos practicantes en su rama familiar. De joven Ondurin, inspirado por las enseñanzas de sus mayores, pero desilusionado por la rígida tradición de sus estudios, se buscó la vida por su cuenta, prometiéndose a sí mismo que sus propios estudios de magia tendrían resultados prácticos y significativos en vez del conocimiento académico abstracto de sus antepasados. Su especialidad era la nigromancia y su obsesión era la reanimación de la carne muerta. Ondurin sentía fijación por la manera en que podía moldearse y combinarse la carne de formas que jamás podrían conseguirse en vida.

El joven Ondurin poseía dinero e inteligencia; lo que necesitaba era material. Adquirió una vieja casa (una casa parroquial que había sido propiedad de la familia Feirsinger) que más tarde se convirtió en el corazón de Schloss Vonreuter. Aprovechó su aislada ubicación para llevar a cabo experimentos aún más siniestros. Compraba cadáveres a los ladrones de tumbas, recogía muestras de animales raros e inusuales y practicaba reanimándolos y fusionándolos. Los primeros experimentos de Ondurin fueron frustrantes. No estaba a la altura de sus antepasados, y sus escasas creaciones eran débiles y estúpidas. Comenzó a investigar fuentes cada vez más esotéricas; desvaríos de lunáticos en las prisiones de las ciudades del Imperio, diarios cuestionables de viajeros de Arabia, Lustria y las Tierras del Sur, y libros prohibidos obtenidos a precios muy elevados en las bibliotecas de la Iglesia de Sigmar y los Colegios de la Magia.

Todo esto estaba muy bien, pero Ondurin estaba convencido de que para conseguir realmente su meta necesitaba algo más que conocimientos. Necesitaba una muestra superior de material en bruto. En otras palabras, necesitaba sujetos vivos. Esto era un asunto más delicado que experimentar con los muertos, pues aunque había mucha gente dispuesta a ganar dinero proporcionando cadáveres, muy pocos venderían a los vivos. Así, Ondurin se dispuso a adquirir sus propios sujetos, invitando y drogando a los que vivían cerca de él, o contratando a facinerosos para que secuestrasen a los viajeros en el camino. Para entonces Ondurin ya era de mediana edad, y comprendió que pronto necesitaría a alguien a quien traspasar su sabiduría, por lo que se casó con una de estas víctimas ocasionales, Sanne, a quien lavó burdamente el cerebro para doblegarla a su voluntad. Ella le dio cinco hijos: Gustav, Wilhelmina, Jonah, Sothelin y Anya.

Ondurin fue demasiado liberal con Gustav, permitiéndole incluso pasear fuera de Schloss Vonreuter. Gustav rechazó todo intento de Ondurin de impartirle sus secretos nigrománticos, y una noche se rebeló abiertamente contra él, amenazando al viejo y malvado Ondurin con echarle encima a los cazadores de brujas. Ondurin no dudó en matar a su hijo, y utilizó algunos de los rituales mágicos más complejos que conocía para atar el alma de Gustav. Si el chico no pensaba obedecerle en vida, ya se encargaría él de que lo hiciera en la muerte. Ondurin juró no volver a cometer el mismo error con sus demás hijos, y a tal fin los confinó en el Schloss y procuró anular sus voluntades hasta que fueron tan flexibles como Sanne. Durante aquellos años Jonah se volvió loco y Ondurin lo encerró en una habitación con la intención de estudiar su locura. Wilhelmina y Sothelin aceptaron la dominación de su padre y por eso Ondurin las favorecía, a diferencia de la obstinada y desobediente joven Anya. Ondurin no pudo someterla, por lo que la trató peor que a ninguno, dejándola abandonada y traumatizada.

Mientras tanto, Ondurin había añadido a la vieja casa pasajes erráticos, habitaciones de formas irregulares y pasillos sin salida, creando así la caótica finca que es Schloss Vonreuter. En ella aprisionó a Jonah junto con todo sujeto capturado que aún viviera. A veces incluso soltaba a sus experimentos para que deambularan con libertad, pues la nigromancia había retorcido la mansión hasta tal punto que era casi imposible escapar de ella.

A pesar de sus avances, Ondurin creía que necesitaba aún más sujetos. Presentía que estaba a punto de desvelar secretos de la nigromancia que dejarían sin habla a sus prejuiciosos ancestros, pero debía seguir trabajando. Así, urdió un plan para atraer a los viajeros directamente a Schloss Vonreuter, donde podía atraparles en el laberinto de la finca, escogerlos a placer y llevarlos a su laboratorio. Ordenó al fantasma de Gustav que entrara en un cuerpo creado por él, y diseñó el ardid que atraería a benefactores desprevenidos y aventureros a su hogar. Pero sin que Ondurin lo sospechara, la voluntad de Gustav estaba debilitando gradualmente el hechizo que lo controlaba.

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