Wiki La Biblioteca del Viejo Mundo
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Mordheim, conocida como la Ciudad de los Condenados, guarida del caído Señor de las Sombras, morada de seres diabólicos, objeto del juicio divino de Sigmar... Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo (antes del advenimiento del cometa que barrió todo con su furia de fuego) en el que la antigua capital de Ostermark era una ciudad próspera y rica que rivalizaba con cualquiera de las grandes ciudades del Imperio: Marienburgo, Nuln, Talabheim e incluso Altdorf.

Fue destruida por un cometa en el año 1999, en la víspera de Año Nuevo.

Ahora, es una ciudad muerta, donde solo los tontos, locos o codiciosos buscan aventurarse, ya sea para saquear las riquezas de las ruinas o para codiciar los fragmentos verdes de piedra de disformidad transportada por cometas que ata a toda la ciudad con su corrupción.

Unos 300 años después, una vez acabada la Gran Guerra contra el Caos, Magnus el Piadoso el Salvador del Imperio arrasó los restos de Mordheim e hizo que se erradicara su nombre de todo texto.

Orígenes[]

Mordheim se asienta junto al gran río Stir, que recorre la ciudad de Waldenhof bajando desde los titánicos picos de las Montañas del Fin del Mundo. La ciudad de Mordheim fue fundada por los caballeros de la Orden del Cuervo hace miles de años, tras la conquista de la tierra de los Goblins. Estos llamaron Mordheim a su fortaleza en memoria de su líder caído, el conde Gotthard Angelos. Aunque el asentamiento prosperó en el comercio (principalmente de pescado y madera), la población estaba compuesta básicamente de guerreros veteranos expertos en el manejo de la lanza, el hacha y el arco. Durante siglos, Mordheim fue un baluarte frente a las incursiones emprendidas por Orcos y otras diabólicas criaturas que atacaban en gran número desde las montañas del Este. El propio Sigmar regaló la provincia de Ostermark a los ancestros de la casa noble de los Steinhardt, quienes durante muchos años se dedicaron a construir y establecer los cimientos de su estirpe en esta tierra salvaje.

Mordheim fue una de las pocas ciudades de Ostermark que pudo escapar de la destrucción causada por el ¡Waaagh! del poderoso señor de la guerra orco Gorbad Garra de Hierro en el año 1707. Cada provincia del Imperio tuvo que enviar tropas para hacer frente a la inmensa invasión orca y se libraron muchas batallas desesperadas. En la última batalla, los soldados se dirigieron a la zona elevada de la ciudad desde la que discurría el río y comprobaron que los pieles verdes del Waaagh! de Gorbad se aproximaban por el flanco derecho. La mayor parte del ejército de Mordheim pereció en la Batalla del Campo de Valen, pero el Conde Steinhardt logró sobrevivir y la ciudad se salvó mientras el Waaagh! orco se dirigía a Averheim, que no tuvo tanta suerte.

Comercio[]

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En la mayoría de las ciudades y las aldeas imperiales, los muchos ríos y vías navegables que existen son la base del comercio. Enormes barcazas e incluso veleros penetran en el interior de las tierras imperiales siguiendo las rutas de los grandes ríos. En aquella época, Mordheim era una ciudad marítima bulliciosa por la que discurrían barcas, barcazas y otras embarcaciones pequeñas, que bajaban desde las zonas más rurales llevando madera y lana del Este y mercancías poco frecuentes en Altdorf. La gente llegaba desde muchos kilómetros a la redonda para comerciar en los grandes mercados y muelles de la ciudad, y el gremio de mercaderes traía mercancías difíciles de encontrar a los lugares más aislados de la provincia de Ostermark.

Al ser la única ciudad importante del Este en muchos kilómetros a la redonda, los mercaderes de Mordheim se enriquecieron rápidamente. Construyeron almacenes gigantescos cerca de los muelles, en los que guardaban las mercancías que enviaban en barco a Altdorf, donde eran cargadas por sudorosos estibadores que también descargaban veleros que iban en dirección opuesta. Además del comercio textil, la madera y la lana, las aguas cristalinas del río Stir proporcionaban buena pesca, por lo que en Mordheim también disponían de un bullicioso y gran mercado de pescado.

Mordheim al Descubierto[]

Al hallarse junto a las Montañas del Fin del Mundo, Mordheim mantenía un rico comercio con los ancestrales y venerables Enanos. Desde la guerra con los Goblins, muchos Enanos habían emigrado de su hogar ancestral y se habían establecido en Mordheim, donde prestaban servicios como magníficos herreros y albañiles. Muchos edificios en Mordheim reflejan la influencia de los Enanos por su firme diseño y por la alta calidad del trabajo en metal (desarrollado por los herreros enanos a lo largo de muchos años).

Antes de la aparición del cometa y de la llegada de tiempos oscuros, la prosperidad y la riqueza que había alcanzado la ciudad de Mordheim la habían convertido en la segunda ciudad más importante del Imperio después de Altdorf. Mordheim, además, era un centro cultural y artístico gracias a su biblioteca y a la gran cantidad de monumentos y edificios con altas bóvedas.

Política[]

Mordheim era la capital de la provincia de Ostermark y en su época la segunda ciudad más grande del Imperio en cuanto a vida social y arte (solo por detrás de la ciudad de Nuln). La provincia era gobernada por la honorable y noble familia Steinhardt. El palacio del Conde Steinhardt estaba en la zona rica de la ciudad. La estirpe Steinhardt provenía de los orgullosos Unberogenos y había gobernado Ostermark desde la época de Sigmar. Los Condes de Steinhardt habían probado su valía en batalla enfrentándose a muchos enemigos del Imperio. Habían masacrado a innumerables Orcos y Goblins, habían limpiado las tierras de los abominables Hombres Bestia y habían sofocado innumerables revueltas e insurrecciones.

La provincia de Ostermark había estado siempre escasamente poblada, ya que se trataba de una tierra baldía que ofrecía pocas oportunidades de sostenimiento o de riqueza. Por tanto, el pilar del poder político estaba en los robustos muros de Mordheim. Aquí, las familias nobles gobernaban sobre grandes extensiones de territorio y los campesinos vivían y trabajaban para ellos. La nobleza de Ostermark siempre vivía alejada de los simples campesinos y se despreocupaba de sus siervos del feudo.

El Año de la Locura[]

En 1979, el Imperio era una tierra dividida y sin un líder, ya que el Gran Teogonista de Sigmar no reconocía el derecho de Lady Magritta de Marienburgo a reclamar el trono del Imperio. Los Condes Electores discutían entre ellos durante años y formaban alianzas que rompían una y otra vez en su propio beneficio. Fue una época oscura para el Imperio y Mordheim pagó un alto precio.

El último Conde Steinhardt se recluyó en su palacio, negándose a enfrentarse a la anarquía que se extendía por todo el territorio. El Conde Amadeus Steinhardt prefería organizar fiestas en su palacio mientras la guerra y la pestilencia devastaban la tierra.

Mordheim prosperó gracias a la miseria en que vivían sus habitantes. Los mercaderes llenaron sus bolsillos y sus panzas vendiendo sus mercancías a precios exorbitantes mientras los pobres se precipitaban en espiral a nuevos niveles de pobreza en su lucha por sobrevivir. El hedonismo causó la decadencia de las clases superiores de la ciudad maldita y se dice que rituales ancestrales y oscuros se practicaban en muchas casas de nobles. Desesperados por escapar de sus amargas existencias y de las tareas pesadas, se unieron a sus retorcidos nuevos maestros en un vano intento de buscar un futuro mejor. Sus actos depravados de autoindulgencia provocaron la ira de los dioses.

En el año 1999 hubo un avistamiento de un gran cometa en el cielo, un cometa de cola gemela, el signo de Sigmar. Muchos astrónomos predijeron el regreso de Sigmar para el nuevo milenio y que llegaría a Mordheim. Grandes cantidades de personas de todos los rincones del Imperio comenzaron a viajar hacia Mordheim, llenando la ciudad mucho más allá de su capacidad. La moral de la ciudad degeneró rápidamente en casi nada, todos vivían una vida hedonista en la anarquía, y a medida que llegaban más y más personas a ciudad, la situación empeoraba cada vez más. Cuando esto sucedió, las semillas del caos y la corrupción comenzaron a extenderse entre los nuevos ciudadanos de Mordheim, y no pasó mucho tiempo hasta que los demonios recorrieron las calles.

La Destrucción de la Ciudad[]

El evento sucedió en la víspera de Año Nuevo. Un cometa cayó de los cielos, pero no fue el regreso de Sigmar como se predijo. El cometa se estrelló contra la ciudad, convirtiéndola instantáneamente en escombros y matando brutalmente a casi todos los que se habían reunido dentro y alrededor de ella. La gente especuló respecto a este suceso que Sigmar había juzgado a las personas que vivían en la ciudad, matándolas como un castigo divino por sus pecados.

En el año 2000, se diría que el Martillo de Sigmar golpeó la abarrotada ciudad de Mordheim tomando la forma de un cometa de doble cola mientras el pueblo se regocijaba en su sórdida rebeldía. Lo cierto es que, además de unos pocos supervivientes, las devotas Hermanas de Sigmar lograron sobrevivir a la bola de fuego que envolvió la ciudad, escondiéndose y rezando en el interior de su abadía, conocida como La Roca. Desde entonces, se conoce a aquellas ruinas encantadas con el nombre de Mordheim, la Ciudad de los Condenados.

Mordheim en la Actualidad[]

Después de la Gran Catástrofe, el lugar de Mordheim se convirtió en un lugar que infundía un gran miedo y paranoia para los habitantes del Imperio. Se corrió la voz sobre una piedra misteriosa que se encontraba en la ciudad, conocida como Piedra Bruja. Muchas facciones del mundo pagarían una gigantesca suma de dinero a cambio de la piedra, por lo que desde entonces han sido muchas las bandas y carroñeros desesperados que comenzaron a viajar a las ruinas de la ciudad, con la esperanza de encontrar la piedra preciosa y saquear los tesoros de la ciudad. Solo los más osados (y más locos) se atreven a entrar en estas ruinas de pesadilla, aunque son pocos los que logran regresar con vida y contar los horrores que han presenciado.

Sin embargo, unos 300 años después de la caída del comenta, una vez acabada la Gran Guerra contra el Caos, el Emperador Magnus el Piadoso el Salvador del Imperio arrasó los restos de Mordheim e hizo que se erradicara su nombre de todo texto. Se dice que el Gran Teogonista envió a una fuerza combinada de Órdenes de Caballería para asistir al Emperador en la total destrucción de la Ciudad de los Condenados.

La Ciudad[]

El Barrio del Templo[]

"¿Quieres visitar el Barrio del Templo? Antes de lanzarte de cabeza a tu perdición, deberías saber unas cuantas cosas. Cuando Mordheim era una ciudad floreciente, se decía que solo iban allí los moribundos y los muertos. Y las cosas no han cambiado mucho desde entonces. El único problema es que los muertos de Mordheim no descansan jamás. En los alrededores de la ciudad hay una gran demanda de cerebros, pues se consideran un manjar exquisito. Pero, si insistes en explorar este barrio, presta atención a mis palabras y procura no acercarte al cementerio, ya que está lleno de tumbas que necesitan ser alimentadas".

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También conocida localmente como el Distrito de la Cabeza de la Muerte antes de la caída del cometa, el barrio suroeste de Mordheim fue una vez el centro neurálgico de la ciudad, donde se discutían los temas relativos a la religión, la ley y el orden. En esta zona se trataban todos los problemas relativos al gobierno de la ciudad.

El distrito en sí se extiende desde el muro suroeste en ruinas que rodea la cárcel, a lo largo del lado sur de Camino del Palacio Antiguo que conduce a las orillas del río Stir, baja por el lado oeste de la orilla del río y una vez más hasta la muralla de la ciudad. El distrito Cabeza de la Muerte, se encuentra a la sombra del palacio ahora en ruinas del Conde Steinhart. El Templo de la Roca de Sigmar está dentro del alcance de un disparo de arco desde las orillas del distrito, sin embargo, el solitario puente que conecta la isla templo con la ciudad lo hace en la otra orilla, lo que significa que las Hermanas tienen que hacer un largo viaje a través de los escombros y por el Puente Medio si desean llegar al distrito.

Incluso cuando Mordheim estaba en su punto más próspero, la Calavera de la Muerte se consideraba un lugar para estar en guardia, ya que mientras los edificios y las tiendas que bordeaban el camino del Palacio Antiguo se consideraban razonablemente opulentos, la calidad de la vivienda y sus habitantes decayó rápidamente una vez que se atravesaba la Plaza del Verdugo. La excepción a esto fueron los locales comerciales que se encontraban en el Camino de la Cabeza de la Muerte, la calle que dio nombre al distrito, que conducía desde la salida sur de la Plaza del Verdugo hasta el Templo de Morr.

Cuando tenían lugar las ejecuciones, los condenados eran comprados en la prisión cercana a la plaza. Una vez que el hacha caía, una procesión ceremonial dirigida por el 'portador de la cabeza', quien sostenía en alto la cabeza recién decapitada y era seguida por 'portadores de cadáveres', se trasladaba desde la plaza por el Camino de la Cabeza de la Muerte hasta las puertas del Templo de Morr, donde los Acólitos estaban listos para recibir el cuerpo. Los transeúntes se congregaban a lo largo del camino para burlarse y abuchear el cadáver del criminal mientras pasaba la posesión.

Se rumoreaba que antes de la caída del cometa, el Gremio de Ladrones, conocido como el Gremio de las Sombras, tenía numerosas casas seguras en los callejones y calles estrechas de la zona, aunque su presencia no era tan fuerte como en el Barrio Pobre. También se dijo que la Casa de las Espiras, el gremio de la muerte más poderoso fuera de Altdorf, tenía un tribunal dentro del distrito.

Durante el reinado del Conde Leopold Steinhardt eran pocos los que lograban burlar la estricta disciplina de la guardia de la ciudad. Por desgracia, mientras la clase gobernante se enriquecía, en esta zona se acabaron los recursos. Los nobles ricos y los mercaderes se apartaban cada vez más de su gente. No les preocupaba nada excepto el siguiente baile que iban a organizar y los extravagantes ropajes que en él iban a lucir. Sin el dinero necesario para mantener patrullas constantes por la zona, la ley y el orden de antes se acabaron en poco tiempo.

Los habitantes de Mordheim tenían que hacer frente a unos impuestos abusivos, por lo que empezaron a desesperarse y los crímenes se pusieron a la orden del día. Las cárceles quedaron tan llenas de criminales, que para solventar el problema los oficiales de la ciudad decretaron por ley que cualquier delito sería castigado con la pena de muerte. Por razones obvias, la medida supuso un aumento de las ejecuciones públicas. Estas atraían a concentraciones de gente tan grandes que los oficiale comenzaron a cobrar entrada al público que quería presenciar estas macabras manifestaciones públicas.

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Cuando sucedió el desastre, una ingente multitud se había reunido en la plaza de las ejecuciones para presenciar una ejecución. Al hallarse en plena calle, pocos espectadores sobrevivieron al desastre. La mayor parte del barrio quedó devastada, y varios prisioneros supervivientes escaparon de sus celdas. En las calles reinaba una total anarquía; crueles psicópatas y dementes asesinos vagaban por ellas sin miedo a la guardia de la ciudad. Pronto se hizo evidente, por la forma en que se realizaban los ataques, que un líder desconocido estaba al mando de las bandas que causaban estragos en toda la ciudad.

Pero aún aguardaba algo todavía peor a los desafortunados supervivientes del barrio suroeste. Unos nigromantes malignos que escaparon de la prisión juraron vengarse de los que les habían encerrado allí y disponían de los cadáveres que se amontonaban por doquier. Los cadáveres que llenaban los cementerios salieron de sus tumbas para alimentarse de la carne de los vivos, y tan solo un puñado de sacerdotes de Morr liderando a los escasos supèrvivientes lograron contener la amenaza durante tres días, hasta que un oscuro vampiro deforme y sus servidores salieron de su escondrijo para alimentarse de la carne de los vivos. Los supervivientes de la sangrienta matanza inicial huyeron de la zona presos del terror y en poco tiempo, lo que antes había sido un barrio apacible y tranquilo se convirtió en una de las zonas más horribles de Mordheim.

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Solo las Hermanas de Sigmar de la fortaleza abadía conocida como La Roca habían logrado escapar a la destrucción de la zona. Interpretaron la salvación de su santuario como una señal de intervención divina. Cientos de habitantes de la ciudad se dirigieron a la abadía en busca de la protección que brindaban sus muros, pero las hermanas permanecieron firmes, ya que tenían el convencimiento de que todos los habitantes de Mordheim eran unos pecadores que merecían desaparecer. Así que rehusaron acudir en ayuda de la multitud de gente desesperada. Además, conocían la existencia de los muertos vivientes, a los que consideraban una abominación de todo lo sagrado, y no podían ignorar esta amenaza a sus creencias. Las hermanas se aventuraron a salir a través de unas catacumbas que recorrían el subsuelo de la abadía y obligaron a retroceder a los vampiros y sus hordas no muertas. Incluso los vampiros más poderosos se lo pensaron dos veces antes de atacar a una banda de monjas guerreras, ya que estas representaban el último rayo de luz en esta oscura ciudad.

Las Hermanas de Sigmar consideraban que toda criatura viviente que habitaba en ese barrio era pecadora y debía permanecer en ese lugar maldito, donde el martillo del justo castigo de Sigmar se encargaría de juzgarla. Debido a esta vigilia constante, un gran número de hermanas continúa vigilando el barrio y enfrentándose a vampiros, nigromantes y criminales perturbados que solo buscan hacerse con el control del barrio para sus mezquinos fines.

En la actualidad, la gran mayoría de los edificios dentro del distrito, al igual que la mayor parte de Mordheim, se encuentra en ruinas. Desde que el cometa se hundió en la ciudad y las partidas de guerra comenzaron a buscar la piedra bruja, el distrito de la Cabeza de la Muerte ha tenido un amplio nacimiento. Se dice que ahora la Plaza del Verdugo contiene los espíritus incorpóreos de criminales malditos. Persisten los rumores de que la Prisión, la cual estaba abarrotada en la fatídica noche de la condenación de Mordheim, todavía está habitada a pesar de que una gran grieta partió el edificio en dos, lo que proporcionó a los criminales supervivientes un medio de escape. Lo más escalofriante de todo es que el distrito albergaba el abarrotado cementerio de San Voller, y todo el mundo sabe que los muertos ya no descansan fácilmente en Mordheim.

Localizaciones[]

El Barrio Rico[]

"¿Todavía no has tenido suficiente? ¿Quieres más? ¿Los cementerios abarrotados de cadáveres andantes no te asustan lo suficiente? Bien. Una vez que hayas explorado el Barrio del Templo, ¿estás preparado para aventurarte ahora en el Barrio Rico? Puedo asegurarte que allí vas a encontrar algo más que unos simples zombis. Hubo un tiempo en que el lugar resplandecía como una gema preciosa, rica y opulenta. Hubo un tiempo en que el trono de poder de Mordheim lo componía la corte del conde. Algunos dicen que el Conde Steinhardt (o aquello en lo que se haya convertido) aún mantiene la corte en este palacio negro. Así que mucho cuidado muchacho o acabarás muerto".

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Durante las décadas que precedieron a la caída del infame cometa que devastó Mordheim, la ciudad había prosperado hasta el punto que era considerada la segunda ciudad más rica e influyente del Imperio (solo superada por Altdorf). Los nobles se habían enriquecido gracias al trabajo de los granjeros y obreros de la ciudad y el barrio rico de Mordheim era conocido como la zona más extravagante de todo el reino. La cantidad de riquezas que generaba la ciudad era tan grande que se decía que el suelo del palacio del gobernante en aquella época, el extravagante Conde Steinhardt, estaba cubierto con oro.

En 1979, el Imperio se vio envuelto en una cruenta guerra civil. El Gran Teogonista no quiso reconocer el derecho al trono de la Dama Magritta y en poco tiempo reinó la anarquía, que desembocó en una guerra. Durante este estado de agitación, el Conde Steinhardt no quiso decantar sus fuerzas por ninguna de las tres facciones combatientes. Pensaba que permaneciendo neutral ganaría una fortuna en sobornos y donativos y, lo más importante, no quería ver a los relucientes soldados de Mordheim recubiertos del barro y la sangre de una batalla. Como el Imperio emprendió la guerra, necesitaba gastar gran parte de sus recursos en armas y tropas, por lo que la ciudad de Mordheim se enriqueció gracias a la venta de armas y suministros a todos los bandos a precios desorbitados.

El conde vendía todos los productos que obtenía de la tierra, como alimento, madera y minerales, al bando dispuesto a pagar el precio más alto. Sus arcas rebosaban con el oro de los condes electores que se hallaban en la contienda y, en poco tiempo, el Conde Steinhardt se convirtió en la persona más rica del reino. El conde era un hombre extremadamente vanidoso y disfrutaba siendo el centro de atención. Disponía de una fortuna inconmensurable, así que la empleó en organizar lujosas fiestas en las que hacía regalos extravagantes a sus invitados. Una vez regaló a una de sus amantes un hermoso anillo de diamantes. Cuando ella vio el anillo, se quejó de que no tenía nada que ponerse a juego, así que el conde encargó que le hiciesen un vestido de seda de Catai bordado en hilo de oro que habría significado la ruina de más de un conde elector.

Cientos de nobles acudían a sus bailes de máscaras y disfrutaban de los suntuosos banquetes en los que el conde servía asado de águila y filete de grifo. Incluso se rumoreaba que el conde era responsable de la extinción del dragón de fuego menor después de haber probado sus huevos.

Durante este tiempo, los pobres sufrieron miserablemente. El conde y sus nobles habían vendido toda la producción a las facciones en guerra y a los plebeyos solo les habían dejado los restos podridos para su subsistencia. La guardia de la ciudad estaba totalmente corrupta y no existía ningún tipo de ley u orden. El conde se encerró tras los muros de su elegante palacio sin mostrar la más mínima preocupación por los asuntos de estado.

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El conde ordenó a sus vasallos que retirasen la estatua del Conde Gotthard, fundador de Mordheim y un héroe para su pueblo, y en su lugar pusiesen una suya. Esta vanidad indulgente del conde fue la gota que colmó el vaso de los ciudadanos oprimidos, que, al final, tomaron las armas y se rebelaron. Atacaron a los guardias del Acuartelamiento del Cuervo y de la Puerta Oeste, donde los soldados de la ciudad, borrachos, se entretenían jugando a los dados. Los guardias eran tan complacientes que ni siquiera habían dispuesto vigilancia. Al lanzarse rápidamente sobre los sorprendidos defensores del barrio noroeste, la turba enfadada inundó las calles de Mordheim. Se dice que, cuando sucedieron los primeros disturbios, el conde estaba observando desde un balcón de palacio y pensó que se trataba de un magnífico entretenimiento.

En cuestión de poco tiempo, la anarquía dominó la ciudad. Los ricos comerciantes y los nobles del barrio noroeste habían contratado a muchos mercenarios y les pagaban sus servicios con los gastos de mantenimiento asignados a los guardias de élite. Los métodos implacables que utilizaban para deshacerse de los alborotadores calmaron la situación y se restauró el orden en la ciudad. Estas pequeñas bandas de guerreros fuertemente armados no eran mucho mejores que los vigilantes y los matones contratados que vigilaban y se aseguraban de que las callejuelas y calles del barrio noroeste siguieran libres de la miseria y suciedad que infestaba el resto de la ciudad. Un puño de hierro gobernaba este barrio. Todo aquel que pareciese un vagabundo recibía una paliza en los astilleros, se le conducía a una barcaza y era expulsado de la ciudad.

Tras sofocar los disturbios, la ciudad estaba limpia de vagabundos, no había mucho trabajo que hacer y los guardias tenían pocas ocupaciones, así que en poco tiempo volvieron a estar aburridos. A menudo los soldados buscaban entretenimiento luchando con los guardias de otros nobles, o en duelos concertados de antemano. El conde prohibía esta actividad oficialmente, pero en realidad alentaba las peleas entre familias nobles porque tenían un espíritu extravagante con el que disfrutaba. El estado de una familia particular lo dictaba la fuerza de sus soldados y los nobles malgastaban auténticas fortunas contratando a tiradores expertos.

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Cuando aconteció el gran desastre, el conde se hallaba en medio de la fiesta más extravagante que hubiera organizado jamás. En ella se habían congregado más de dos mil invitados con sus mejores galas y también habían acudido los mejores músicos de todo el Imperio. El palacio no sufrió daños serios debido al cataclismo, pero sus huéspedes no tuvieron tanta suerte.

Sus mentes eran particularmente sensibles a los efectos de la mutación del Caos y, mientras caía sobre la ciudad una lluvia de piedra bruja, la nobleza sufrió un destino espeluznante. Se dice que al principio pocos notaron los cambios que se produjeron en los empolvados petimetres. La mayoría creyó que las brutales mutaciones que surgían de sus cuerpos, brazos y piernas eran simplemente parte de sus elaborados trajes e incluso el conde ordenó que la banda siguiese tocando. Las máscaras se retorcían grotescamente fundiéndose con los rostros de sus portadores y se convertían en deformadas imágenes de odio y amenaza. El terrible poder del Caos inundó las mentes de los nobles poseídos con visiones terroríficas y estos se sumieron en una orgía de violencia. La lujosa sala se convirtió en un baño de sangre cuando comenzó la carnicería general. Se dice que el propio conde sucumbió a los efectos mutantes del Caos y su barriga, ya oronda, empezó a hincharse hasta alcanzar un volumen enorme. Su cuerpo se cubrió de granos y pústulas y se hizo tan obeso que era incapaz de moverse. De sus brazos salieron unos enormes tentáculos que se retorcían intentando agarrar a los aterrorizados invitados. El conde se arrastró hasta ellos y los devoró a todos.

Mientras continuaba la lluvia de brillantes fragmentos verdes, una nube de polvo y escombros comenzó a cubrir el cielo de todo el barrio noroeste y, a través de ella, empezaron a hacerse patentes otros extraños y mortales efectos mutantes de la piedra bruja. Una gran cantidad de habitantes codiciosos pensó que estas piedras eran gemas preciosas y empezaron a acumular piedra bruja en cantidades enormes. Y de esta forma se llevó a cabo el gran plan del temido Señor Oscuro. La corrupción del Caos que había irradiado la piedra bruja era muy pura y los habitantes que las habían guardado siguieron el mismo camino que los invitados a la fiesta del conde. Las calles se llenaron de horribles criaturas mutantes hambrientas de la carne de los mortales.

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En los famosos jardines conmemorativos del conde empezaron a ocurrir efectos aún más extraños que los que había producido la piedra bruja. Las plantas mutaron horriblemente, desarrollando vida propia y atacando los infortunados que se acercaban demasiado. Un Gran Roble cercano se desarraigó y comenzó a destruirlo todo a su paso hasta a la Puerta Oeste.

No pasó mucho tiempo antes de que los aterrorizados habitantes de la ciudad, convencidos de que el conde y sus nobles habían traído la maldición, recorrieran el barrio rico saqueando y robando todo lo que encontraban. Atacaron el palacio, pero, cuando los habitantes de Mordheim vieron las terribles bestias que aparecieron en la sala, le prendieron fuego. Las llamas se extendieron con rapidez y pronto todo el barrio ardió pasto de las llamas. Los archivos relatan que una luz infernal de color naranja era visible desde Bechafen.

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Puesto que el fuego se propagó, la gente intentó abandonar la ciudad en masa. Los pocos guardias que permanecían en el Acuartelamiento del Cuervo trataron de restaurar el orden en la Puerta Oeste, pero la multitud los arrolló. Cientos de ellos fueron aplastados debido al pánico de la muchedumbre. De ponto llegó el Roble Bestia, matando a decenas antes de plantar de nuevo sus raíces, atacando a todos aquellos que atravesaban la entrada.

En la actualidad, toda esta zona es una parodia horrible de su pasada elegancia. Los majestuosos edificios de antaño ahora son tan solo unas ruinas. La mayoría de los objetos de valor que no habían sucumbido al fuego hace ya mucho que desaparecieron, robados con el paso del tiempo por carroñeros desesperados. A menudo una banda suele volver del barrio con tesoros encontrados en el interior de los sótanos de una vieja casa. Y basta esto solamente para atraer el interés de los aventureros. La estructura del palacio carbonizado del conde resulta una visión espeluznante y corren historias de que el conde y muchos de sus invitados han sobrevivido a las llamas. Los rumores sugieren que el conde aún sigue allí, en el interior de aquellos muros lujosos, y, como es incapaz de moverse debido a su volumen, envía a sus servidores a la calle en busca de víctimas de las que alimentarse. Algunos dicen que en mitad de la noche todavía puede oírse el sonido distorsionado y deformado de los violines y los cuernos de los músicos que antaño fueron elegantes melodías.

Resulta notable el hecho de que la estatua del Conde Gotthard aún se mantiene en pie sobre los restos de la que una vez fuera una espléndida ciudad, que ahora son un vestigio del paisaje del pasado. Sus habitantes dicen que por las mejillas de la estatua se deslizan lágrimas de sangre como si el conde llorase por su orgullosa ciudad, conocida ahora como la Ciudad de los Condenados.

Localizaciones[]

El Barrio de los Mercaderes[]

"Has sobrevivido a tus excursiones por el Barrio de los Templos y por el Barrio Rico, ¿verdad, chico? ¿Estás seguro de que estás preparado para los horrores del viejo Barrio de los Mercaderes? Antaño fue el centro cosmopolita de la antigua Mordheim, un lugar repleto de concurridos mercados y bulliciosos muelles. Se decía que no había nada que no pudieras comprar en Mordheim por el precio adecuado. Hoy en día, el precio a pagar por explorar las ruinas del Barrio del Nordeste es la muerte o algo peor a manos de cosas más terribles que los antiguos cobradores de impuestos…".

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Antaño, cuando Mordheim todavía era una ciudad activa, el concurrido laberinto de calles y plazas de mercados situado al nordeste de la ciudad formaba el Barrio de los Mercaderes, más conocido como el Distrito del Caballo Volador. Se trataba de un lugar lleno de movimiento y animación, cuyas calles se llenaban día y noche con miles de visitantes de toda la provincia. Se decía que aquella parte de la ciudad nunca dormía y que muchos de los puestos de los mercados seguían abiertos hasta altas horas de la noche. Aquel distrito tan bullicioso se enorgullecía de contar con más tabernas en una zona de pocos kilómetros cuadrados que cualquier otra ciudad del Viejo Mundo y, en la mayoría de los casos, ni siquiera los más sucios tugurios de mala muerte llegaban alguna vez a estar vacíos. Las calles de este barrio solían estar repletas de color y de celebraciones y sus habitantes eran famosos por su abierta hospitalidad.

Hoy en día, muchos estudiosos del tema aseguran que el verdadero centro de poder de Mordheim yacía entre las familias de los mercaderes adinerados. A pesar de que, oficialmente, el conde gobernaba la ciudad y la provincia que la rodeaba, ni a él ni a sus representantes oficiales les interesaban demasiado los asuntos del gobierno. La aristocracia de Mordheim era hedonista y demasiado estrecha de miras, así que dejaba la gestión diaria del comercio de la ciudad en manos de las docenas de gremios que actuaban en el Distrito del Caballo Volador y de los altos jueces que nombraban. Estos gremios ejercían su poder con mano de hierro y se esforzaban por conocer los asuntos cotidianos, es decir, los asuntos de la gente que vivía en la ciudad. Mientras recibiera sus lucrativos diezmos en todas las transacciones comerciales, el conde dejaba a los gremios gestionar el comercio y gobernar la ciudad como ellos consideraran más adecuado.

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La situación de Mordheim junto al río Stir la convirtió en el lugar ideal para comerciar. Fue gracias al comercio que la ciudad empezó a florecer y a crecer. Barcazas enormes cargadas hasta los topes con mercancías de Altdorf, Marienburgo y del otro lado de los océanos bajaban por el río para descargar su género en la opulenta ciudad, de modo que el muelle pronto se convirtió en una próspera comunidad. La situación ideal de la ciudad en el Este facilitaba que los mercaderes de tierras lejanas pudieran acudir en gran número a la ciudad para intercambiar mercancías y realizar trueques en nombre del beneficio económico.

Mordheim consiguió ser conocida como la mejor ciudad mercantil de todo el Imperio y llegó incluso a rivalizar con los puertos más activos, como el de Marienburgo. Había muchos comerciantes que afirmaban que, por el precio adecuado, podían localizar cualquier objeto que quisieran en el plazo de un solo día. Visitar la plaza del mercado era una experiencia realmente increíble que superaba con mucho los sueños de la mayoría de los mortales. Allí podían encontrarse todo tipo de mercancías extrañas y exóticas procedentes de los lugares más recónditos del mundo. Desde raras sedas y especias de oriente hasta bellos metales y gemas extraídas de las Montañas del Fin del Mundo, cada puesto era un espectáculo para la vista. Ricos terratenientes y mercaderes de lejanos lugares acudían para contemplar, llenos de asombro, los fantásticos objetos que se mostraban en los puestos.

Los vendedores de los mercados no tardaron en percatarse de que las bestias exóticas constituían uno de los bienes más preciados entre los clientes acaudalados, por lo que cazadores y tramperos de todo el Viejo Mundo empezaron a importar criaturas extrañas para venderlas a los ricos por precios exorbitantes. Así es como el Barrio de los Mercaderes obtuvo su nombre: el Distrito del Caballo Volador. Un pudiente comerciante bretoniano llegó a Mordheim a finales del año 1818 trayendo consigo una cimarronada de pegasos grises y los jefes de los gremios quedaron tan impresionados con aquellas bestias que bautizaron al Barrio de los Mercaderes con su nuevo nombre poco después.

Siempre que aparece algo nuevo y, sobre todo, lucrativo, suele haber una sórdida capa de la sociedad interesada en ello y la verdad es que en Mordheim la avaricia y la corrupción eran especialmente abundantes. A cambio de pequeñas "donaciones", los líderes de las bandas callejeras hicieron tratos para proporcionar protección personal a determinados comerciantes del mercado y derechos exclusivos para poder vender sus mercancías. Los que se negaban a pagar se encontraban con que sus puestos eran acosados por los ladrones y carteristas y, si aquello no bastaba para convencerlos, al acabar la jornada de comercio les tendían emboscadas y los atracaban o, aún peor, los asesinaban.

Los estafadores se dieron cuenta de las grandes posibilidades que ofrecía la ciudad para ganar dinero y no tardaron en unirse para ayudarse mutuamente. Una noche, los cabecillas de las bandas se reunieron en un oscuro sótano y se convencieron de que, si lograban acabar con sus rencillas y unirse entre sí, los beneficios que podrían conseguir serían impresionantes. A su vez, esto fomentó la formación de los gremios de comercio. Los líderes de las bandas acordaron compartir el poder y, en una valiente jugada, se unieron y se pusieron a regular y proteger el transporte de mercancías hacia fuera de la ciudad y hacia su interior. Ante una fuerza tan grande e incontrolable, la guardia de la ciudad, que estaba mal pagada y poco motivada, cayó fácilmente presa de los sobornos para trabajar con ellos. En poco tiempo engatusaron, asesinaron o sobornaron lo que les hizo falta para abrirse paso entre los gremios de mercaderes existentes. En cuestión de semanas, los nuevos cabecillas de estos gremios se encontraron en posiciones de gran poder y riqueza.

Determinados gremios como la casa de comercio, el gremio de los ladrones y el gremio de los herreros se hicieron muy poderosos y acabaron por ejercer una gran influencia en los asuntos cotidianos de Mordheim. Muchos otros gremios fueron adquiriendo cada vez más poder y, poco después, parecía que todo mercader o artesano de la ciudad tenía que pertenecer a un gremio para poderse ganar la vida. Los que se negaron a unirse a un gremio no tardaron en verse incapaces de encontrar trabajo y a menudo se vieron expulsados de la ciudad o encarcelados por delitos leves. Todavía peor, aquellos "criminales" desaparecían por completo y no se volvía a saber nunca más de ellos.

Poco antes de que tuviera lugar la gran catástrofe, los jefes de los gremios gobernaban toda la región (siempre en el nombre del Conde Steinhardt, claro…). A través de las redes de espías y de subordinados, los gremios estaban perfectamente enterados de todo lo que acontecía en Mordheim. No es ninguna coincidencia que el ayuntamiento estuviera situado junto a la plaza del mercado, pues era en aquel magnífico edificio donde se reunían los jefes de los gremios y los altos jueces. Su poder era tal que los criminales de la más baja estofa tenían que solicitar un permiso antes siquiera de intentar vaciar los bolsillos a alguien.

El gremio imponía fuertes impuestos en todas las mercancías que llegaban a Mordheim y se llevaba un porcentaje de los beneficios de cada transacción. Para ello tuvieron que controlar cuidadosamente las provisiones que llegaban a la ciudad. Fue con este fin que los gremios decidieron levantar una muralla alrededor de la ciudad, no para mantener alejados a los intrusos, sino para controlar las mercancías que entraban.

Cada una de las cuatro puertas estaba controlada por soldados que seguían órdenes estrictas de los oficiales corruptos de inspeccionar cuidadosamente todas las mercancías que entraban y salían de la ciudad. En la entrada del río Stir se construyó una gran puerta para impedir que los barcos y las barcazas pudieran entrar o salir de la ciudad sin ser antes inspeccionados. Todo el que trataba de luchar contra la corrupción y el poder de los gremios acababa en una situación muy peligrosa. El gremio de asesinos resultaba especialmente útil a la hora de tratar con estos individuos.

La gran catástrofe se produjo muy cerca del Barrio del Nordeste y como resultado toda la zona acabó arrasada. En un instante, siglos de sudor y duro trabajo para construir la gran biblioteca fueron aniquilados al producirse el cataclismo. Un inmenso infierno envolvió las ruinas del edificio y los cientos de miles de valiosos libros que contenía se vieron presos de las llamas. En muy poco tiempo, el fuego quedó fuera de control en todo el barrio. Los desorientados supervivientes, aturdidos, confusos y aterrorizados por el impacto del cometa, se vieron atrapados en un torbellino de llamas. De acuerdo con los versos de los Cantos de Macadamnus, la muerte y la destrucción provocados por el cometa liberaron a los demonios y a los espíritus malévolos contenidos en los misteriosos libros que ardían en las rugientes llamas de piedra bruja. Muy pocos llegaron a sobrevivir al fuego y a los deambulantes demonios del Barrio del Nordeste. Únicamente en el punto del impacto, donde hoy se encuentra el Pozo, la destrucción llegó a ser más completa.

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Hoy en día, el barrio es una parodia diabólica de todo lo que fue antaño. Las calles desiertas y destrozadas están repletas de los restos quemados de lo que anteriormente fueron espléndidos edificios. Los incendios sobrenaturales que envolvieron la zona siguen ardiendo en muchos lugares y de noche toda la zona brilla con un macabro candor anaranjado. Las ruinas de la gran biblioteca dominan el paisaje de restos carbonizados como si se tratara del ennegrecido esqueleto de alguna bestia gigantesca. Cuando el fuego alcanzó el centro de conocimiento, se liberaron gran cantidad de fuerzas arcanas alrededor del edificio y ahora en el interior de sus muros en ruinas habitan toda clase de malignos demonios. Solo los más valientes se atreven siquiera a acercarse a las ruinas. Con todo, la atracción que suponen los libros antiguos basta para convencer a los magos de todo el Imperio de que contraten bandas de mercenarios para tratar de recuperar todos los libros que puedan encontrar allí. Y, por un buen puñado de oro, hay necios que pueden reunir la valentía suficiente como para arriesgarse a penetrar en un lugar tan lleno de misterio como de peligros.

Quizá una prueba del poder de los gremios o de la avaricia humana es que estos siguen reteniendo un cierto grado de control sobre la ciudad y sobre los asentamientos de los alrededores. Muy pocos saben desde dónde operan los gremios, pero, aun así, siguen manteniendo el dominio completo de la región. Actualmente, los gremios tienen un recurso mucho más poderoso que controlar: la piedra bruja. Mucha gente cree (la verdad es que no hay demasiadas pruebas para apoyar la versión contraria) que lo que queda de los gremios está lleno de miembros del Culto de los Poseídos o directamente controlado por este.

Mientras todos los gremios luchaban por hacerse con el poder, una amenaza mucho más siniestra se introdujo en la ciudad pasando desapercibida. Antaño, la ciudad había tenido a su disposición a varios cazadores de ratas y luchadores de los túneles para mantener a raya el peligro de las alimañas. Al desaparecer estos, emergieron los hombres rata mutantes llamados Skavens. Durante muchísimos años, estas criaturas habían conseguido sobrevivir alimentándose de la descomposición y de la miseria de la opulenta ciudad, demasiado temerosas de dejarse ver por miedo a sucumbir a una muerte rápida. Sin embargo, ahora han salido en masa de sus guaridas para hacerse con el poder. La primera oleada masiva de hombres rata apareció procedente de las cloacas alrededor de la zona de los muelles. La plaga se extendió rápidamente por todo el barrio hasta las calles que lo rodeaban.

Durante muchos días, losSkavens lucharon contra los patéticos restos de la población de Mordheim y los esclavizaron. No obstante, a medida que iban pasando las semanas, los supervivientes se fueron transformando irreversiblemente debido al contacto con la piedra bruja que ahora abundaba en la ciudad. En muy poco tiempo, las presas fáciles que los Skavens se dedicaban a ir cazando se transformaron en bestias temibles y con horribles mutaciones. Al final, la multitud de voraces mutantes acabaron obligando a las ingentes hordas de Skavens portadores de la plaga a retirarse hacia los muelles, aunque en aquella zona los hombres rata eran demasiados para que pudieran ser expulsados del todo de Mordheim.

En la actualidad, esta batalla se encuentra en un incómodo punto muerto. Los Skavens han consolidado su control de los muelles. Ahí es donde son más poderosos y solo un necio trataría de aventurarse en las proximidades de esa zona. A pesar de que de vez en cuando hay algún barco pirata que busca un refugio tranquilo en los muelles abandonados de Mordheim (dado que en un puerto sin oficiales se pueden realizar multitud de transacciones ilícitas), nadie puede afirmar con seguridad quién se encuentra al mando de las inmensas hordas de alimañas. Lo que sí está claro es que la cantidad de hombres rata está aumentando y mucha gente teme que sea solo cuestión de tiempo que salgan en masa en un número tan grande que consigan hacerse con el control de todas las ruinas. Incluso ahora se esconden en los campamentos y las tabernas ocultando sus repugnantes rasgos bajo capuchas y túnicas. No hay prácticamente nada de lo que sus espías no puedan enterarse e informar más tarde a sus amos, por lo que estas criaturas son sin duda la mayor amenaza para la humanidad a la que se ha enfrentado nunca la ciudad.

Incluso ante el peligro que acecha entre las sombras, los gremios siguen luchando entre sí. Tal es su avaricia y ruindad que continúan tratando de ganar cada vez más poder para hacerse con el dominio total. Posiblemente sean los efectos mutantes de la piedra bruja en sus cerebros, pero los líderes de cada gremio pueden llegar a romper viejas alianzas si ello les conlleva algún beneficio.

Por un extraño capricho del destino, el Barrio de los Mercaderes sigue siendo la zona más opulenta de toda la ciudad maldita. En caso de que algún alma aventurera le apetezca visitar la biblioteca en ruinas o probar suerte y darse un paseo por la plaza del mercado, es altamente probable que descubra alguna extraña mercancía que sobreviviera al desastre. Sin embargo, volver de ese barrio con vida ya es otra historia, pues el Distrito del Caballo Volador también es muy buen lugar para los que desean derramar la sangre ajena.

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El Barrio Pobre[]

"Hay muchos caminos que conducen a la muerte y a la condenación en la tres veces maldita Ciudad de los Condenados, pero ninguno de ellos es más peligroso que el sendero que lleva a la zona pobre del Barrio del Sudeste. Permanece alerta, chico, porque esto no es cosa de niños. Ahí es donde el Martillo de Sigmar golpeó contra Mordheim; ahí es donde dejó el cráter que todavía humea. Ese es el lugar que los temerosos llaman el Pozo Negro entre susurros, pues, ¿no es ahí también donde se dice que habita el temido señor de la noche, el Señor Oscuro?".

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Antaño, en una época que ya se ha ido, el Barrio del Sudeste de la ciudad de Mordheim fue famoso por ser uno de los lugares más divertidos y pintorescos al este del Imperio. Era una zona muy frecuentada en la que el dinero no era escaso y que atraía a artistas callejeros de todos los continentes, los cuales llegaban a aquella parte tan festiva y radiante de la ciudad en busca de fama y de fortuna. Desde artistas sobre zancos y malabaristas hasta actores y bardos, las calles de aquel barrio eran un verdadero espectáculo.

Durante el día, las calles eran como un mar reluciente de disfraces de mil colores, ya que los artistas callejeros trataban de superar a sus vecinos con trajes cada vez más exóticos y actuaciones cada vez más extravagantes. Por la noche, las calles principales se iluminaban con enormes braseros en los que ardían aceites perfumados de todo tipo de colores. Las calles estaban constantemente abarrotadas de gente y, por orden estricta de los jefes de los gremios, los molestos ladrones y carteristas tenían prohibido llevar a cabo sus despreciables actividades allí. Todos aquellos elementos se combinaban para convertir el Barrio del Sudeste de Mordheim en uno de los sitios más seguros y más populares de todo el Imperio.

En este barrio se hospedaban los acaudalados mercaderes y nobles que visitaban la ciudad. Mientras llevaban a cabo sus negocios en otras zonas de la urbe, sabían que sus familias estarían bien entretenidas por los bufones y los payasos disfrazados. El barrio fue floreciendo a la par que aumentaba la fama de la ciudad. La necesidad de ocuparse de los clientes adinerados hizo que la mayoría de los hostales y tabernas adquirieran una decoración lujosa y que el precio de una simple jarra de cerveza y una comida llegara a subir mucho más de lo que la mayoría de habitantes de la ciudad podía ganar en una semana. Los posaderos se fueron haciendo ricos y alquilaron los servicios de los mejores artistas callejeros para que actuaran en sus tabernas. Algunos de estos espectáculos llegaban a hacerse tan famosos que se mantenían durante meses y atraían a las multitudes sin parar. La actuación que más tiempo duró en cartel fue la de una pintoresca taberna conocida como el Nido del Hipogrifo. En ella, el espectáculo "El Chaleco de Mallas Deslustrado de Johann" se mantuvo durante tres décadas después de la muerte del autor, cuyo nombre hace ya años que se perdió en el olvido.

Tampoco el Barrio Pobre escapó a la casi total devastación de la ciudad, aunque lo que ocurrió allí tuvo un giro final morbosamente irónico. El polvo de piedra bruja pura que despidió el cometa tuvo un profundo efecto en los pobres, que por lo general estaban enfermos o desnutridos. En cuestión de minutos, todos los que habían sufrido duramente bajo el peso de las enfermedades vieron sus fuerzas renovadas. Su piel empezó a sufrir mutaciones y les salieron forúnculos y granos. De las heridas sin tratar emergieron larvas y moscas y los pobres se transformaron en portadores de las plagas más contagiosas conocidas por el hombre, aunque ellos mismos quedaron inmunes a ellas a pesar de su inmunda apariencia. Formando un mar de putrefacción y suciedad, los pobres infectados abandonaron la ciudad en ruinas en un éxodo masivo que los llevó hacia el Sur y fueron extendiendo las enfermedades allí por donde pasaron.

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Fuentes[]


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