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Vigilante desde las Montañas Atalanas, la rica ciudad árabe de Martek se alza con un soberano poder sobre las arenas del desierto. Es antiquísima, como antigua es Arabia, y el poder de su Sultán es tan absoluto que pocos pueden llegar a oponerse a su voluntad.

Descripción Editar

Martek se alza entre los riscos y mesetas de las Montañas Atalanas, protegida de los terribles vientos del desierto. Si por algo destaca sobre el resto de ciudades árabes es por el origen de su riqueza. La minería es su industria principal, extrayendo inmensas cantidades de piedras preciosas de las canteras. La minas de sal y de otros materiales, como el oro, también producen riqueza a raudales, impulsados por mano de obra esclava. Es por ello que Martek mantiene una incalculable horda de esclavos, listos para reponer a sus desfallecidos compañeros, sufriendo muchos de ellos un destino aciago.

Su localización provoca que Martek esté rodeada por las bestias de las montañas, lo cual puede llegar a ser tanto su bendición como su maldición. Sufrir los ataques de estas fieras es una constante preocupación, pero muchos nobles invierten gran cantidad de recursos para capturarlas. Aquellos capaces de amaestrar a un Buitre Gigante, un Pegaso Radiante o una manada de Panteras obtendrá fieras y exóticas bestias, temibles en el campo de batalla, y muy cotizadas en los mercados. Escorpiones, serpientes y escarabajos venenosos son en exceso comunes en Martek, lo cual atrae a alquimistas y a envenenadores de todas partes del mundo. La fauna es muy variopinta en la ciudad, y el Sultán se ha encargado de recopilar a cuantas especies a podido para sus zoos privados.

La ciudad de Martek fue tomada por los leales a Jaffar, uniéndose a su pequeño imperio, financiando así sus campañas militares. Tras la caída del tirano, los cruzados decidieron sitiar Martek, para acabar así con el poder del malvado sultán. Pero nunca fueron capaces de tomar Martek por la fuerza, ya que al estar rodeada de montañas y escarpados salientes, solo una entrada conduce a la ciudad, trasformándola en un bastión inexpugnable. Tan solo la rendición pudo abrir las puertas de Martek. Tras las cruzadas, la ciudad volvió a la normalidad, aunque con ciertos problemas económicos, pues muchos esclavos, mayormente viejomundanos, fueron liberados por los cruzados. Siglos mas tarde, Scurio, un sacerdote de Morr proveniente de Remas, fue capturado por unos corsarios y llevado a Martek, donde fue sometido a torturas constantes durante meses. Su mente finalmente se quebró, y, desesperado, rindió su voluntad a Khorne. Logró escapar, transformándose en un asesino de renombre. Pero su experiencia en Arabia fue tan cruda que matará a cualquiera que ose preguntarle.

Poderes oscuros se alzan sobre Martek, y cualquier extranjero que llegue a sus fronteras lo sentirá al instante. La ciudad se construyó sobre el lago Fazoth-Ar, del cual obtiene gran parte de su agua. Se dice que es un lago sin fondo, y que en él se ocultan fuerzas oscuras y siniestras. Los nigromantes son una plaga en la ciudad, y sus oscuros artes son practicados impunemente en barrios tan peligrosos que ni la guardia de la ciudad se atreve a patrullar. Es por ello que el Califa de Martek lucha activamente contra estos adoradores de la oscuridad. En las calles de Martek, encarnizadas luchas entre los Derviches y los Nigromantes mancillan la ciudad con ríos de sangre, en una guerra sin fin entre el bien y el mal. Las montañas cercanas también están repletas de estos oscuros acólitos, preparando sus huestes para abalanzarse sobre la poderosa Martek. Entre el pueblo llano, existe un oscura leyenda que narra como, en las oscuras noches sin luna, peludos humanoides con rostros de rata brotan de la tierra, y se llevan a los transeúntes borrachos y perdidos, para volver a desaparecer entre las tinieblas. Desde luego, las fuerzas oscuras planean sobre esta ciudad, que tan celosamente guarda sus secretos.

Fuentes Editar

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