Wiki La Biblioteca del Viejo Mundo
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Markus Kruber.

"He luchado bastantes batallas contra los Hombres Bestia en los bosques, pero estos Hombres Rata son distintos. Los rebaños de guerra siempre son empujados por su naturaleza bestial. Luchan duro, pero son directos. Los Hombres Rata son astutos, inteligentes."

Markus Kruber

Un veterano de los campos de batalla de Ostland, Markus Kruber es un soldado imperial habilidoso pero cansado de la guerra. Al ser el único superviviente de su regimiento, que cayó presa de la macabra magia de un Nigromante, Kruber está marcado emocionalmente, pero mantiene las apariencias aferrándose a su antiguo ser, el afable soldado que trata de hacer lo correcto en un mundo lleno de entuertos.

Historia[]

Tras huir de la vida de granjero en Übersreik, el entonces joven Markus Kruber acabó reclutado por la milicia local de Grünburgo y ascendió rápidamente. Una disputa con un superior inepto se salió fuera de control y resultó en su traslado a Ostland. Ser enviado desde la provincia más rica del Imperio a una de las más pobres y castigadas por la guerra era claramente un castigo, pero Kruber dio la bienvenida al cambio, esperando encontrar un liderazgo competente y una serie constante de acciones con propósito en su nuevo puesto.

Liderando al 8º de Espadachines de Ostland, Markus entrenó a sus tropas hasta que alcanzaron la perfección, sin sentirse satisfecho hasta que sus espadas y escudos les parecieran extensiones naturales de sus propios cuerpos. Su estilo de liderazgo era algo poco convencional, inspirando confianza y lealtad no solo mediante su habilidad, sino también con su carisma e inteligencia innatas, que le hicieron inmensamente popular entre sus hombres. Su unidad se distinguió en varias batallas, tanto atravesando las filas pieles verdes, como repeliendo Hombres Bestia o masacrando incursores del norte.

Arte conceptual

Sería un nigromante quien arruinaría la carrera de Kruber. Los No Muertos atacaron a las huestes imperiales. El regimiento de Kruber estaba en el flanco oriental, formando una barrera impenetrable contra los guerreros esqueléticos. Por un momento pareció que los Ostlanders podrían ganar, y lucharon con ferocidad adicional para lograrlo. Pero entonces el sargento vio a un viejo liderando una horda de zombis. En un extraño instante sus miradas se encontraron, el nigromante sonrió, y empezó a lanzar uno de sus hechizos. Momentos después, un colosal orbe de oscuridad envuelta en tintes purpúreos barrió a los espadachines, matando a todo lo que tocaba mientras absorbía las almas de los desventurados soldados. Uno de sus hombres empujó a Kruber fuera de su trayectoria, sacrificando altruistamente su alma.

Al final de la batalla, los No Muertos se habían disipado y el Imperio había ganado, pero para Markus fue una victoria pírrica. Su regimiento había sido destruido por completo, y él había quedado traumatizado. Abrumado por el shock, Markus intentó que lo licenciaran, deseando abandonar la vida militar y simplemente volver a casa, pero recibió un no por respuesta.

Sin embargo, algún tiempo después Victor Saltzpyre, un cazador de brujas que estaba operando en Ostland, se cruzó en el camino de Markus. El cazador de brujas estaba reclutando seguidores para una misión, y tras ver en acción a Kruber en una pelea contra unos asaltantes de caminos, convenció a sus superiores de dejarle ir. Kruber ayudó entonces al cazador de brujas a escoltar a una Maga Brillante prisionera, Sienna Fuegonasus, hasta Übersreik, donde tendría que someterse a juicio.

Equipo[]

Markus Kruber es un temible guerrero en el cuerpo a cuerpo, entrenado hasta la excelencia en numerosas técnicas de lucha. Cuando blande grandes armas a dos manos, como un gran martillo o espada, es capaz de segar a varios enemigos de un solo y pesado golpe, y de enfrentarse a una horda de Skavens en solitario. También es igual de habilidoso con las armas de mano (lleva una maza y una espada), bien solas o bien en combinación con un escudo, lo que le permite afrontar cualquier situación concebible en el campo de batalla. A distancia no va mal pertrechado tampoco: tiene un devastador trabuco de corto alcance, un penetrante arcabuz y un potente rifle de repetición.

Cuerpo a cuerpo[]

  • Espadón - Partiendo varios Skavens de un solo golpe, el espadón convierte a Markus en un siniestro segador de hombres rata.
  • Gran Martillo - Vadear por las filas de Skavens a golpes de gran martillo y mandar volando cuerpos y sangre es terapéutico para Kruber, ya que le concede una relajante calma interior.
  • Espada - Con la espada en mano, Kruber es más rápido y se mueve más velozmente por el campo de batalla. No hay que subestimar la ventaja táctica de poder trabarse y destrabarse a voluntad. Puede combinarla con un escudo para mantener la posición parando los golpes antes de contraatacar con furia.
  • Martillo de Guerra - Es un arma basta a una mano que puede aturdir y rechazar a los receptores de la salvaje pero controlada ira de Kruber.

Disparo[]

  • Trabuco - El trabuco lanza una salva de metralla, que puede herir a varios enemigos a distancia o pulverizar a uno solo a bocajarro. Si algún Skaven sobreviviera al disparo, Kruber lo podría rematar con un golpe seco de culata.
  • Arcabuz - El arcabuz de gran calibre es una elección excelente para penetrar una gruesa coraza o para acabar de inmediato con un hombre rata distante.
  • Rifle de Repetición - Esta es una avanzada arma experimental que permite a Kruber hacer disparos sueltos de precisión o rociar a sus enemigos con balas.

Carreras []

Mercenario[]

Markus Kruber Mercenario.jpg

El Imperio está inundado de mercenarios, que van desde acérrimos acaparadores de monedas, hasta almas más nobles que se ganan la vida mientras equilibran las buenas y las malas acciones. Tal vida dista de ser gloriosa, ya que con demasiada frecuencia las únicas personas que pueden pagar por las espadas alquiladas son las mismas personas que no deben dar órdenes a un perro, y mucho menos a hombres armados. Pero las espadas de alquiler es una forma de vida - incluso aunque a menudo sea demasiado corta.

Kruber se metió en el negocio por casualidad cuando se unió al séquito de Saltzpyre. Basó esta decisión únicamente en el destino de la próxima misión de los Cazadores de Brujas. Juntos, con Sienna Fuegonasus como prisionera, viajarían a Übersreik.

Trabajar para Saltzpyre resultó ser una prueba por sí misma, pero en comparación con sus cobardes comandantes anteriores, Kruber en realidad prefería luchar junto al intrépido Cazador de Brujas. Durante y después de la campaña de Übersreik, Kruber continuó trabajando para Saltzpyre, quien a su vez confió en Franz Lohner para obtener información. Lohner, el Posadero, proporciona un suministro misterioso de monedas, trabajos y cerveza. Esto mantuvo satisfecho a Kruber la mayoría de los días - especialmente dado que Lohner parece tener en el corazón los intereses del Imperio. ¿Y los otros días? Bueno, para los otros días, hay cerveza de Bugman, y brandy de Estaliano, y ese extraño licor de ciruela que Olesya lleva en un matraz de estaño maltratado...

Como mercenario, Kruber es un luchador versátil, usando suficiente armadura para lograr un equilibrio entre la protección y la movilidad. Su entrenamiento se presta a una lucha cuerpo a cuerpo, pero su ojo de cazador está tan certero como siempre, si fuera necesario el combate a distancia.

Cazador[]

Markus Kruber cazador.jpg

No todas las batallas del Imperio se libran en un enfrentamiento de líneas de batalla, con los colores de los regimientos azotando y chasqueando en la brisa. En la enmarañada oscuridad del Reikwald y de un centenar de otros bosques, cazadores decididos rastrean partidas de guerra de asalto, matándolos con ráfagas de flechas y disparos de plomo. No es militar como se entiende en los barracones de Altdorf, pero sin embargo, es un trabajo vital.

Kruber siempre ha buscado una vida más simple. Llegó a la madurez a la vista de Taal, y la juventud que pasó en la granja de sus padres le dio un gusto por los trabajos de la tierra. Si no se hubiera alistado, Kruber aún se habría visto envuelto en una guerra, ya que en un Imperio asediado, ningún hombre conserva lo que no puede luchar: soldados y granjeros con demasiada facilidad se convierten en esclavos.

Después de Übersreik, Kruber se dio cuenta de que su desilusión por la vida militar no era temporal y, como los fantasmas de su pasado todavía arañaban su alma, buscó consuelo y la encontró al regresar a sus raíces. Al caminar por las tierras salvajes del Imperio y dedicarse a Taal y Rhya, los Dioses de la Naturaleza, a Kruber se le permitió respirar y concentrarse, al menos mientras tuviera a mano una bebida dura o dos.

Como Cazador, Kruber favorece las armas de las profundidades del bosque - la flecha y la bala. Es una figura muy diferente sin uniforme y armadura, pero es más rápido debido a eso, capaz de mantenerse un paso por delante del enemigo, y hacerle llover la muerte desde lejos.

Caballero a Pie[]

Markus Kruber Caballero a pie.jpg

El Imperio alberga muchas órdenes caballerescas, cada una con sus propias tradiciones, rituales y rivalidades. Muchas son organizaciones religiosas, dedicadas a deidades tan familiares como Sigmar y Ulric, o a divinidades extranjeras como Myrmidia, pero la mayoría reclama el honor del guerrero y el orgullo marcial como algo mucho más importante que cualquier bendición piadosa. Especialmente en estos días oscuros, cuando los dioses del Imperio parecen más distantes que nunca.

Después de luchar más o menos continuamente desde Übersreik, Kruber se encontró invitado a unirse a la Orden del Martillo del Reik. Cómo surgió esta invitación es el tema de algunas especulaciones. Kruber ciertamente no hizo nada para buscar tal honor, y sospecha que uno de sus compañeros le comunicó sus hazañas al Maestre de los Martillos del Reik. Cualquiera sea la causa, Kruber fue nombrado caballero, y ascendió en rango como la espuma hasta el borde de una jarra de cerveza, y se le otorgaron los derechos y responsabilidades - y lo que es más importante, las armas - de un caballero imperial.

Como caballero, Kruber se yergue en el grueso del combate, confiando en una armadura pesada y un escudo resistente para mantenerlo vivo, o una gran arma para aplastar a sus enemigos antes de que reconozcan el peligro.

Caballero del Grial[]

"So Kruber’s a Grail Knight, is he now? Can’t say I’m surprised. Well, a little bit surprised, but you don’t last long in my trade if you go around raising eyebrows at the slightest thing. Don’t worry. Let Uncle Franz set you straight..

. . . Not that our Kruber’s descended from peasantry, or even disgraced nobility. I’ve been asking around. . .

. . . ‘Grail Knight’ ain’t just a rank. It’s a holy station, earned in battle with some ghastly monstrosity, or a whole mess of ‘em . . ."

Franz Lohner

Truth is, there’s a lot more trading of bloodlines back and forth across the border than you might think. Sure, those frog-courtin’ fancypants might hold pretty strange notions about warfare and religion, but when it comes down to it we’re all human. When your back’s against the wall, it’s a lot easier to go looking for help from your own kind – even if they do talk funny – than the likes of elves. No offence, Kerillian.

…well, maybe a little offence. You’ve earned it…

Anyway, same’s true of what you might call ‘local trouble’. Plenty of our scoundrels slip through Axe Bite Pass and make a new life for ‘emselves in Bretonnia when the law comes a-knockin’. And there’s plenty come the other way, too. There was a village up by Eilhart where every other family had a Bretonnian name – better than average bone structure too, come to think of it – descendants of some outcast baron’s servants, or so I heard.

Not that our Kruber’s descended from peasantry, or even disgraced nobility. I’ve been asking around. I’ve got one or two mates across the border – never you mind who – and they reckon he’s the only living heir of one Foricarl de Mandelot.

Big old hero in his day, was old Foricarl. Saved Parravon from a dragon in righteous style. There were tapestries, and everything. Something of a hit with the damsels, so I hear. When he rode to tourney, you could barely see his lance for the weight of the ribbons of favour. Problem was, some of Foricarl’s knightly brethren didn’t hold quite the same esteem. Jealousy, you know.

Worst afflicted by the green-eyed daemon was the Duke of Parravon’s son, Willibald. He wasn’t exactly a coward… but who wants to cheer on a killer of beastmen when there’s a genuine dragon-slayer holding court in Parravon’s best tavern? There was even talk of the king insisting the duchy of Parravon pass not to Willibald, but to Foricarl. That king hated dragons something fierce, on account of having lost a daughter, an arm and a good mess of pride to one some years before.

And then the old duke ups and dies in mysterious circumstances, and all evidence points to Foricarl, doesn’t it? Poor sod’s forced to flee the city or lose ‘is head. Willibald was found out in the end – that Fay Enchantress of theirs got herself involved. Turned ‘im into a frog. She likes doing that.

…what do you mean, who’s the Fay Enchantress? I thought you’d travelled. I suppose you could say she’s the Lady of the Lake’s herald. Does all her dirty work. Bretonnians revere her, at least to her face. Don’t want to end up as frogs, I suppose…

Anyway… When the truth comes out, everyone’s looking for Foricarl, only he’s nowhere to be found. And now we know why, don’t we? Despairing of ever proving his innocence, he came tripping across the border and continued the monster slaying business as a hermit in the Ubersreik Hills… though I guess he must have come out of hiding occasionally, seeing as he’s got a descendent shacked up in the keep with the rest of us.

Time passes. Name dies out, and along comes our Markus.

See? Simple. But that’s only half the story.

‘Grail Knight’ ain’t just a rank. It’s a holy station, earned in battle with some ghastly monstrosity, or a whole mess of ‘em. Supposedly the Lady of the Lake – assuming she’s real, I ain’t exactly a believer – sends visions to worthy candidates, guiding them on a righteous path of carnage. If they survive, she lets ‘em sup from the grail and blesses them with holy strength.

That’s what happened to Kruber. He’s got the bloodline. He’s thrown down with plenty of ghastly monstrosities, sure as pumpkins is pumpkins. So more power to his elbow, says I. Especially if it gives us a bit more oomph when it comes to dealing with the Pactsworn. Like I said, when backs are against the wall, and all that.

So yeah, I reckon we keep an eye on Kruber and see what develops. That means no accusations of heresy and witchcraft, Victor. He’s still our Markus, even if he does keep attempting that dreadful accent. The Lady of the Lake might not be our goddess, but a goddess she remains… and she hates Chaos something rotten, so the stories go. We’d be mad to put her pretty nose out of joint, don’t you think?

Then again, if she’s putting the ‘fluence on old Kruber, then I’ll be looking to the rest of you to make sure it doesn’t lead him into harm’s way. Risking your lives is my job, and I won’t have any sodden spirit muscling in on my territory, d’you hear?

Good. Glad we had this chat. Best you keep it from Kruber. No sense ‘im getting upset, is there?

Imágenes[]

Fuentes[]

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