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Magus Dorado Dreadfleet por John Blanche

El Magus Dorado es un excéntrico Mago árabe de gustos exóticos y modales refinados, con una fortuna que va más allá de la imaginación de un príncipe mercader. Pero bajo su sofisticado exterior, es un elementalista con un poder increíble.

La Cimitarra Llameante, la nave del Sultán de los Mares, parece una barcaza del placer, repleta de bibliotecas y un enorme harén, pero esto en realidad oculta su verdadera naturaleza de nave de gran potencia. El Magus Dorado está unido a muchos espíritus elementales a los que dirige en batalla, abrasando a sus enemigos con Ifrits de Fuego o llenando sus velas con el rugido del aliento de los Djinns de las Tempestades.

Al tratarse del barco de un hechicero de las tierras lejanas al sur del Imperio, la Cimitarra Llameante hace gala de un diseño único y original. La naturaleza exótica de sus minaretes ayuda a diferenciarlo fácilmente de otras naves de la flota, ya que cada una de esas torres alberga a un gran elemental, Ifrit de Fuego o Djinn de la Tempestad, por los que el Magus Dorado es famoso. El diseño de las velas del barco recuerda a los elementales.

DescripciónEditar

El misterioso hechicero sureño conocido únicamente por el sobrenombre de "Magus Dorado" ha sido siempre una figura que ha fascinado a los habitantes de Sartosa. Rico más allá de toda mesura y extremadamente excéntrico, el autoproclamado "Sultán de los Mares" ha declarado ser según el día, un príncipe mercante, un patriarca exiliado de los Colegios de la Magia, e incluso, en una ocasión, la reencarnación del Rey Dorado de Copher. Sea cual sea la verdadera identidad del Magus Dorado, su naturaleza impredecible y artera lo han hecho famoso en todas las casas de juego y garitos de mala muerte de Sartosa.

El Magus Dorado se toma muchas molestias para aparecer con el aspecto de un hombre sabio, más que de un guerrero. Utiliza maquillaje para sombrear y perfilar su único ojo, sus ropajes están hechos de las más delicadas sedas, y su piel está bañada en una capa de oro en polvo. Para el observador casual, el Magus Dorado puede parecer simplemente un hombre de gustos exóticos y modales refinados. Sólo aquellos que le hayan visto alguna ve en acción podrán darse cuenta de que, bajo su sofisticada apariencia exterior, es un personaje letal. Es capaz de moverse con una velocidad que pone en duda su avanzada edad, y su cimitarra siempre llameante (de la que su barco saca su nombre) está encantada con un centenar de maldiciones. El verdadero poder del Magus está en sus capacidades para la magia, pues sabe cómo convocar espíritus del aire, del océano y de la llama.

Sus secretos mágicos se guardan bajo los minaretes de punta dorada de su barco del placer, la Cimitarra Llameante. Estos exóticos edificios alojan un laberinto de corredores concéntricos en los que hay docenas de cámaras secretas que almacenan barriles de tesoros robados, exóticas especias, inciensos narcóticos, estatuas del lejano oriente, esqueletos de horribles monstruos marinos incrustados de joyas, y un par de Colmillos de Trueno mecánicos que obedecen ciegamente las órdenes del Magus. Las más preciadas posesiones místicas del hechicero son aún más extrañas, y se guardan en la cámara central de cada uno de los minaretes, en interminables hileras de tarros mágicos.

Cada uno de estos tarros contiene algún elemento viviente, aprisionado en su interior y esclavizado para que lleve a cabo la voluntad del hechicero. Cuando uno de los tarros es hecho añicos los espíritus que hay en su interior se manifiestan, vertiéndose e hinchándose hasta cobrar la forma de un poderoso espíritu elemental de más de un centenar de metros de altura. Dicho espíritu obedecerá una única orden antes de disiparse en el éter; libre para dedicarse a sus cosas o para buscar su propia venganza, según prefiera. Mientras permanezca atado a la voluntad del Magus Dorado, el espíritu luchará por él con cada pizca de su ser.

Algunos de los tarros del Magus, que parecen estar llenos simplemente de agua de mar; contienen en realidad la esencia de Ninfas Marinas (o "Demonios de Sal", que es como las llaman los piratas de Sartosa), una raza de djinns capaces de congelarse a voluntad convirtiéndose literalmente en hielo viviente, ya sea para rodear y aprisionar a un enemigo o para taponar una vía de agua en el barco de guerra de su amo. Pese a tomar a menudo la forma de gráciles y bellas jóvenes, las Ninfas Marinas son posiblemente las más inhumanas de todos los tipos de djinns, y se deleitan en arrastrar a sus enemigos hasta aguas tan profundas que sus frágiles cuerpos humanos acaban por implosionar sobre sí mismos debido a la presión de los fondos abisales.

Otros tarros contienen una porción de cada uno de los cuatro vientos del mundo, y a una orden susurrada por el Magra Dorado liberarán a atronadores Djinns de la Tempestad, que soplarán su aliento huracanado sobre las velas de la Cimitarra Llameante. Estos espíritus nacidos de la tempestad tienen un temperamento tan caprichoso como los mismos vientos a los que representan, y son tan poderosos que pueden manipular y moldear a su voluntad incluso los más violentos tornados, hasta convertirlos en poco menos que una suave brisa, o viceversa.

Aquellos tarros que guardan azufre en polvo y nafta seca pueden ser inflamados con una chispa para que liberen a un gigantesco Ifrit de Fuego. El Ifrit de Fuego es una criatura de salvajes apetitos, cuyas socarronas risotadas pueden oírse mientras vuela por los cielos incendiando las cubiertas de los barcos enemigos, incinerando a sus tripulaciones y gritando maldiciones que resuenan como el crepitar de la carne cruda en una hoguera. Todos estos espíritus y muchos más están esclavizados por el Magus, cuyas hechicerías son capaces de convenir en sus siervos incluso a las criaturas del Otro Mundo.

En las escondidas salas bajo las cubiertas de la Cimitarra Llameante se encuentran tres Grandes Urnas doradas, incrustadas de piedras preciosas y bastante más grandes que los demás tarros. Cada una de ellas muestra una intrincada espiral de cráneos por toda su superficie exterior; crestada por uno de los tres símbolos que representan los elementos, ascendiendo sobre las fuerzas de la oscuridad.

Los guardaespaldas de mayor confianza del Magus, aquellos que saben de la existencia de estas urnas, susurran en ocasiones que antaño pertenecieron al mismísimo Gran Nigromante Nagash, y que cada una de ellas encierra a un Genio Real, lo bastante poderoso como para llegar a eclipsar el sol. El Magus Dorado nunca niega ni confirma nada al respecto de este asunto. Quizás incluso él, el temible Sultán de los Mares, tiene miedo de abrirlas.

Fuentes Editar

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