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"No sé si el lugar en el que nací sigue siendo mi hogar, o un campo de pastoreo para las bestias de la oscuridad"

Abu de Ma’arra, el Poeta Ciego.

Antigua y célebre era la belleza que envolvía a la ciudad árabe de Ma’arra, pues sus habitantes eran conocidos por su jovialidad y sus alegres fiestas. El vino y la Tialva corrían entre las mesas, y la música llenaba las calles. En la actualidad, tan solo aullidos de terror se escuchan entre sus muros, pues las sombras han conquistado la ciudad de Ma’arra.

Descripción Editar

Esta ciudad era antiguamente conocida como Ma’arra, la Ciudad de la Poesía. Era un centro de arte y creatividad, donde sus habitantes eran dados al conocimiento, a la pintura, la poesía y la música. Todo aquel que deseaba despertar su artista interior viajaba hasta esta célebre ciudad. Sus gentes vivían del pastoreo de ovejas y cabras, y de sabrosos arboles frutales. Pero todo ello cambió con la llegada de los cruzados. Durante las Cruzadas, Ma’arra estaba regida por el Príncipe Jikshirmish, un ferviente amante de la poesía, quien promovió este arte entre sus gentes. En aquella época surgieron multitud de poetas de renombre, y el más famoso de todos fue Abu, el Poeta Ciego.

Jaffar había sido derrotado, y sus huestes dispersadas por todo Arabia. Los viejomundanos les perseguían por cada rincón, mientras los saqueadores y los bandidos aprovechaban la confusión para aumentar su botín. Y Ma’arra cayó en las garras del mas infame de todos ellos, el Príncipe Arnyld. La ciudad se defendió con uñas y dientes, pero solo estaba custodiada por una milicia ciudadana, pues el ejercito de la ciudad había marchado a la llamada del Gran Sultán Daryus. Los cruzados rodearon las murallas, y su feroz ataque no tardó en surtir efecto. Los ciudadanos se encerraron en sus hogares, con la promesa de no resultar dañados si no se oponían la invasor. Pero poco a poco, la desesperación cayó sobre los viejomundanos. Las tormentas de arena les impedían abandonar la ciudad, y las reservas de comida comenzaron a agotarse. Poco a poco, los viejomundanos comenzaron a matar a todos los animales. Primero los caballos, luego los gatos, y cuando ya nada poblaba las calles, comenzaron a cazar a los ciudadanos. Los ancianos y los niños fueron los primeros en ser devorados en grandes festines celebrados por los cruzados. Muy pocos lograron escapar de aquel infierno, pues sus cazadores estaban cada día mas hambrientos. Arnyld partió de la ciudad tan solo con la mitad de sus huestes, pues muchos quisieron seguir en su vorágine de masacre y libertinaje. Cadáveres a medio devorar lucían empalados sobre las murallas y cabezas de niños y mujeres decoraban los caminos cuando las huestes del Sultán Nur-Salih llegaron para ejecutar a los cruzados. La ciudad fue abandonada, y jamás se ha vuelto a repoblar, pues su recuerdo es demasiado aterrador como para que alguien desee vivir entre sus muros.

A día de hoy, los únicos que habitan la ciudad son los Necrófagos. En su hambre eterna, atacan a cualquiera que se acerque a los muros, en busca de una pizca de carne humana. Muchos Nigromantes se reúnen en estas ruinas, y desde aquí planean las invasiones a ciudades cernadas, o realizan sus rituales impíos. Y muchos otros engendros rondan por las derruidas murallas. Tribus de caníbales, criminales repudiados, horribles torturadores, y cualquiera demasiado temible como para vivir entre la gente común. Los gritos y alaridos provenientes de su interior alertan a cualquier viajero, así como los Sgulls, las horrendas criaturas que sobrevuelan la ciudad, pues este no es un lugar apropiado para ningún mortal. Los árabes envían una hueste regular para arrasar la ciudad cada cierto tiempo, evitando así que el mal se propague libremente por sus tierras.

Fuente Editar

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