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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Glottkin by faroldjo-d860slo

Hermanos Contaminados de Nurgle

La historia de los Glottkin comenzó en el Imperio, en la costa del Mar de las Garras. El padre de los trillizos fue Ollos Glott, un humilde agricultor de Nordland, y su madre era Ethra Sangreverde, una hechicera instruida en el Saber de la Vida. Habiendo sido testigos de una sangrienta invasión de Norsca, Ollos y Ethra se metieron de polizones con los ejércitos que navegaban por el Mar de las Garras en busca de venganza. Sin embargo, donde sus compañeros llevaron sangrienta venganza a sus enemigos nórdicos, ellos encontraron en su lugar la iluminación. Mediante la enseñanza de la artesanía del agricultor y la sanación a los salvajes de Norsca, esperaban no sólo no prolongar el ciclo de violencia, sino romperlo.

Después de desertar de los ejércitos del Imperio al amparo de la oscuridad, los dos emisarios se forjaron lentamente una nueva vida. Ollos levantó una humilde casa para su esposa y labró la obstinada tierra alrededor de ella; Ethra actuó como una mujer sabia que influyó en muchos de los clanes de los fiordos. En el transcurso del invierno, el vientre de Ethra se hinchó con un tamaño prodigioso - ese año su vientre alimentaba no sólo un niño, sino tres. Una celosa bruja norsca cortó el dedo de Ethra con un cuchillo oxidado, y la herida poco profunda se infectó gravemente. Incapaz de curarse a sí misma de la maldición gangrenosa que fluía por su sangre, la hechicera gritó a la noche, rogando a los dioses para salvar a sus hijos de la infección letal. Padre Nurgle estaba escuchando, y envió una mosca demoníaca a posarse sobre el vientre de la embarazada Ethra. Al instante el agarre mortal de la infección disminuyó, y menos de una semana después Ollos asistió al nacimiento de tres fuertes trillizos cerca de los acantilados de la Tribu de los Fiordos. Cada uno portaba una marca de nacimiento de tres lóbulos, el sello del Señor de la Decadencia, pero su encantado padre no estaba al tanto de su significado. Llamó a sus hijos Otto, Ethrac y Ghurek, y se consideraba uno de los hombres más afortunados del mundo.

Los trillizos que llegaron a conocerse como los Glottkin crecieron altos y fuertes, y con el tiempo cada uno mostró ser una gran promesa. Ethrac en particular era un rápido estudioso, bebiendo en la tradición oculta que su madre había dominado. Mientras tanto Otto y Ghurek luchaban entre sí, trepando a través de los traicioneros acantilados de los fiordos, e incluso entrenaban a puñetazos con los jóvenes locales de la Tribu de los Fiordos. Durante un tiempo, todo parecía ir bien, y los Glotts trajeron el arte de los reinos civilizados a su adoptada gente. Otto ayudaba a cosechar los cultivos de su padre con una gran guadaña de su propia creación, Ethrac ayudaba a su madre en los rituales de fecundidad que mimaban la vida vegetal de los campos de hielo de Norsca. Sólo Ghurek demostró ser díscolo, más interesado en pelearse y perseguir mujeres que en ayudar a su familia en actividades más saludables.

Aunque los padres de los Glottkin trabajaron duro para promover la paz, no pudieron disuadir a los nórdicos de las incursiones marítimas que estaban tan profundamente arraigadas dentro de su cultura. En otoño de 2506, las fuerzas de Nordland llegaron en busca de venganza una vez más. Más de un millar de tropas estatales llegaron a tierra para llevar la guerra a las Tribus de los Fiordos que habían acogido a los Glotts en su cultura.

Esta vez los trillizos estaban a la vanguardia de la lucha. Otto cortaba en pedazos con la misma guadaña que había utilizado para cultivar la cosecha de su padre, Ethrac utilizaba sus más oscuras magias de crecimiento para convertir a sus enemigos en obesas bolas de carne, y el camorrista Ghurek tumbaba tanto soldados como campeones con los puños. Aún así no fue suficiente, porque las armas de pólvora negra de los habitantes de Nordland podían matar a cincuenta pasos, y los grandes cañones que erizaban lo alto de las cubiertas de sus galeones tomaron un peaje espantoso. Los Glottkin lucharon duro mientras su gente moría a su alrededor, con la sangre goteando sobre los bordes de los acantilados y en las olas que rompían por debajo.

Los trillizos pronto se vieron rodeados por la sangrienta confusión del cuerpo a cuerpo. Cuando vieron a su madre y su padre abatidos por los alabarderos de Nordland, los tres Glottkin clamaron venganza como uno sólo. Las semillas del Caos que habían sido emplazadas dentro de sus almas, regadas por la sangre de la batalla, finalmente comenzaron a dar sus frutos. Otto cortaba hombres como el maíz otoñal mientras su guadaña giraba de izquierda a derecha. Proyectiles de arcabuz se le clavaron en el pecho e incluso su rostro, pero no rompieron la piel. La magia de Ethrac se hizo cada vez más destructiva, reduciendo a los hombres a piscinas de lodo negro y haciendo que gusanos de energía oscura se comieran a sus enemigos de adentro hacia afuera. Ghurek se llenó de una demoníaca fuerza, con el guerrero perforando limpiamente a través de torsos y tripas antes de recoger un gran cañón por su morro y moverlo como un garrote gigante para barrer a sus enemigos por el acantilado. El ejército del Imperio se rompió bajo la furia del ataque de los Glottkin, y su leyenda comenzó.

Desde esa fatídica batalla, Nurgle otorgó dones a los trillizos con cada año que pasaba, echándolos a perder de la misma manera que un abuelo generoso trata a sus nietos. Poco a poco, los Glott se convirtieron en hombres muy diferentes. Ghurek se hizo más grande y de mayor tamaño mientras su apetito voraz por la vida se convertía en una gula desesperada. Con el tiempo el hombre se convirtió en monstruo mientras Ghurek ganaba una fuerza terrible, pero perdía la capacidad de razonar. Conocido por gruñir una versión corrupta de su propio nombre, "Ghurk" fue cambiado por su abuelo adoptivo a un obeso engendro-cosa tan grande que sus hermanos lo cabalgaban a la guerra. Grandes cuernos brotaron de sus hombros, haciendo estallar los forúnculos que cubrían su espalda y sus brazos mutaron horriblemente, uno en una boca de lamprea y el otro en un tentáculo muscular, el mejor para recoger víctimas para saciar su terrible hambre. Ghurk podría matar gigantes y dragones de hielo por igual, devorando sus cadáveres y defecando después montículos que se agitaban desde los que extrañas nuevas formas de vida surgían a la luz.

Amargado por la pérdida de su madre y su padre, a Ethrac se le oscureció el corazón. Sus hechizos se volvieron cada vez más malignos, y el tipo de vida que propagaban era vil y corrompida. El hechicero quemó los cuerpos de sus padres en un brasero que ha llevado desde entonces, con el olor pestilente de despojos quemados arrastrando nubes de moscas donde quiera que deambulara. Los restos de sus padres todavía arden allí hasta el día de hoy, un recordatorio incinerado de la venganza que su hijo hechicero aún tiene que sembrar.

De los trillizos, Otto abrazó su nuevo destino con más fervor que los demás. Se convirtió en un verdadero devoto de Nurgle, con la intención de sembrar la desenfrenada vida en todo el mundo en cada manera y forma, no importaba cuanto se le revolviera el estómago. Su escabroso cuerpo se hinchó y pasó a ser tan duro como la corteza. A pesar de que las heridas que sufría en su subida constante hacia la gloria a menudo no se curaban completamente, los contagios que rociaban sus entrañas abiertas crecían tan virulentos que eran armas por propio derecho. Otto recubría la hoja de su guadaña con sus propios jugos venenosos cada vez que iba a la batalla, consolidando su reputación como heraldo de la plaga. Entre todos los hermanos, era Otto el que más dirigía. Su gusto por la carnicería había visto el triunfo de los itinerantes Glottkin contra partidas de guerra que adoraban Slaanesh, Tzeentch, e incluso al poderoso Khorne. Sin embargo, a pesar de su creciente favor a ojos de su patrón, sólo cuando Archaón se acercó a ellos para que lideraran su vanguardia fue cuando los trillizos comenzaron su viaje mortal en serio...

Batallas Editar

Hermanos glottkin

La Batalla de Marienburgo Editar

Los trillizos que lideraron la invasión de Norsca al Imperio eran una visión verdaderamente horrible. A pesar de que siempre lucharon como una sola fuerza, con los dos hermanos más inteligentes transportados a la batalla sobre la espalda del idiota de su hermano mutado, cada uno era un poderoso campeón de los Dioses del Caos por derecho propio. Cuando la habilidad guerrera de Otto se fusionaba con el poder arcano de Ethrac y la fuerza bruta de Ghurk, los Glottkin se convertían en una fuerza de la naturaleza que se ganó sin dudas una posición de favor ante Nurgle.

La Caída de Altdorf Editar

Hinchados con el favor del Padre Nurgle, los trillizos que lideraron la carga desde el oeste habían programado su invasión a la perfección. Guiados por la luz de Morrslieb y no poca ayuda de su divino maestro, los tres ejércitos de la plaga habían llegado a la hora señalada. Por ambicioso que fuera, el plan de los Glottkin había destruido cualquier posibilidad que los defensores de Altdorf podían haber tenido de retener a los invasores por partes. Ahora lo único que faltaba era que los trillizos matasen a los líderes del Imperio y dirigieran sus destrozados ejércitos al desierto.

Dioses y Monstruos Editar

Con las energías de Nurgle floreciendo por toda la ciudad, los Glottkin, ya habiendo ganado gran favor a los ojos de su fétido amo, prácticamente brillaban con puro poder demoníaco. Juntos no había nada que no pudieran alcanzar - incluso el acto de forzar la puerta entre los dos mundos para dejarla abierta para siempre...

MiniaturasEditar

ImagenesEditar

FuenteEditar

  • The End Times II - Glottkin.
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