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Lagrimas de Isha portada

Esta campaña fue publicada por Games Workshop en 1998 en donde se enfrentan los ejércitos del Altos Elfos y Elfos Oscuros. Toda la campaña, incluidos los personajes, es de Games Workshop. La campaña es obra de Tuomas Pirinen.

Historia Editar

Las Lágrimas de Isha Editar

Una de las leyendas más antiguas de los reinos Élficos es la historia de las Lágrimas de Isha. Se dice que al principio de los tiempos, cuando los primeros Elfos nacieron de Isha, la Madre Tierra, y Kurnous, el Señor de la Bestias; Asuryan, el Señor de los dioses Élficos, los juzgó. Decretó que los Elfos tendrían vidas prodigiosamente largas, pero terminarían cansándose de la vida y morirían. "De lo contrario, -dijo Asuryan sabiamente, - podrían empezar a desear los tronos de los propios dioses". Pero la diosa Isha, que amaba a sus hijos por encima de todas las cosas, lloró amargamente por su destino.

Vaul el Artesano, el dios Élfico de los herreros, sintió pena de Isha y sus hijos, y tomando sus lágrimas las llevó a su forja, donde las convirtió en brillantes joyas. Después, gracias a la bendición de Lileath, la diosa de la magia, transformó dichas joyas de forma que Isha pudiera ver y comunicarse con sus hijos cuando las miraran.

El poder de la diosa Isha queda reflejado en las Lágrimas. Algunas de ellas pueden utilizarse para curar, mientras que otras pueden utilizarse para lanzar poderosos hechizos que confieren a sus portadores gran sabiduría y conocimientos. Las leyendas Élficas cuentan que existían doce de esas joyas, llamadas Quyl-Isha, o las Lágrimas de Isha, aunque algunos dicen que sólo había siete. Otros dicen que son veinticuatro.

Se rumorea que una de las Lágrimas es guardada por los Maestros de la Espada en la Torre de Hoeth. Se dice que allí el Gran Señor del Conocimiento la utiliza para comunicarse con la diosa.

Se cree que una de ellas está escondida en el valle de Gaen, vigilada por los oráculos de la Reina Eterna. También se cree que los Elfos Silvanos de Loren guardan una de las Lágrimas, que está escondida en el interior del Roble Eterno, y dos de las joyas están en posesión de la Casa Coraith, incrustadas en las espadas rúnicas gemelas fabricadas por Vaul. Otras Lágrimas de Isha tienen poderes curativos y de protección, pero estas dos fueron marcadas con las runas del poder. Quienquiera que las empuñe inspirará lealtad en todos los que le rodean. Estas espadas fueron utilizadas en guerras olvidadas cuando los mismos dioses lucharon entre sí. Estos guerreros lucharon junto con los dioses y realizaron grandes hazañas gracias a las Lágrimas de Isha.

Las espadas que utilizaron los Altos Elfos en la campaña para recobrar las Tierras Sombrías fueron forjadas para dos guerreros Élficos que fueron los paladines de Isha en épocas remotas. Los dos Elfos recibieron los nombres de Asurcain y Caradan en las leyendas Élficas, y los señores de la Casa Coriath son los descendientes de estos poderosos héroes. Sus herederos siempre han llevado las espadas decoradas con las Lágrimas de Isha como símbolo de su linaje y herencia.

Se dice que las espadas quemarán la mano de cualquiera que las empuñe y no sea descendiente de Asurcain y Caradan, y que en las manos del auténtico heredero de la Casa Coraith las espadas son las armas más letales del mundo, exceptuando la espada de Khaela-Mensha-Khaine.

Las Lágrimas de Isha tienen una tremenda importancia espiritual para todos los Elfos, incluida la siniestra rama de Naggaroth, puesto que los Elfos Oscuros buscan el modo de comunicarse con Khaine, el Dios de la Mano Ensangrentada, y sienten celos de los Altos Elfos, ya que ellos no poseen ninguna de esas joyas. Los vasallos del Rey Brujo han intentado capturar alguna una y otra vez, pero los Altos Elfos siempre han logrado salvar sus tesoros.

Los ejércitos del Rey Brujo han permanecido hasta hoy en día vigilantes, esperando una oportunidad para capturar cualquiera de las Lágrimas de Isha y llevársela a su señor, Malekith. Se dice que si el Rey Brujo lograra poseer todas las Lágrimas, sería por fin lo bastante poderoso para convertirse en el amo del mundo.

Por eso las Lágrimas se mantienen ocultas en lugares secretos, a salvo de las negras garras del Rey Brujo. De todas estas piedras sagradas, sólo las dos que posee la Casa Coraith no se hallan escondidas. Estas espadas, que reciben los nombres de Elthraician, o "la que augura el destino" y Cynatcian o "la que augura la muerte", llevan cada una incrustada una Lágrima de Isha. Y no importa cuánto las deseen los Elfos Oscuros, ya que nunca podrán empuñarlas. Sólo el auténtico heredero de la Casa Coraith puede hacerlo.

La reconquista de las Tierras Sombrías Editar

En el año 250 del reinado de Finubar el Navegante, los príncipes de Ulthuan se reunieron en Lothern para decidir el destino de las Tierras Sombrías. Después de acalorados debates se decidió que debía intentarse recuperar el control de Nagarythe, por lo que se envió a uno de los nobles de más confianza a reconquistar las Tierras Sombrías. El Elfo encargado de esta misión fue Melenar de la Casa Coraith, de quien se decía que era tan sabio como el mismo Hoeth, un gran dirigente y un poderoso mago. Se había distinguido anteriormente sirviendo a Finubar, y era uno de los que había mandado a los ciudadanos-soldados de Eataine durante el asedio de Lothern.

Junto a él Melenar trajo dos de los mayores tesoros de su Casa, las espadas gemelas de Vaul. Cada empuñadura tenía incrustada una esplendida joya, una Lágrima de Isha. Ambas espadas habían pertenecido al heredero de la Casa Coraith durante generaciones.

Melenar reunió a sus seguidores y partió hacia el Norte. En los siguientes años logró establecer un dominio en las Tierras Sombrías. Las tropas de Melenar libraron numerosas batallas contra los Elfos Oscuros, y finalmente empezaron a empujar a sus malvados parientes hacia el Norte a medida que los Elfos Oscuros sufrían derrota tras derrota. La sabiduría y el hábil liderazgo de Melenar impresionaron tanto a los misteriosos Guerreros Sombríos que se aliaron con él y utilizando su conocimiento del terreno lograron la supremacía en su lucha contra los Elfos Oscuros.

Los hermanos Coraith Editar

Con el tiempo, Melenar y su esposa fueron bendecidos con el nacimiento de dos mellizos. Nacieron en la noche de Khaine, bajo la estrella del dios de la guerra, una señal de grandeza entre los Altos Elfos.

El primero en hacer fue Kaldor, que recibió ese nombre por la estrella de esa noche. Pero el segundo hijo de Melenar, Calaidan, recibió el nombre del antiguo Gran Dragón de las leyendas, el símbolo de auténtica sabiduría y poder.

Cuando consultaron a los oráculos del Valle de Gaen sobre el destino de los mellizos, como hacían habitualmente los nobles Altos Elfos, los oráculos hicieron una curiosa profecía. Los oráculos le dijeron al mensajero de la Casa Coraith que ninguno de los hermanos sufriría una muerte violenta a menos que murieran a manos uno del otro. Melenar quedó complacido, ya que estaba seguro de que sus hijos jamás serían rivales, por lo que ordenó que cuando fueran mayores de edad, ambos hermanos recibieran una de las espadas adornadas con las benditas Lágrimas de Isha.

Los hermanos tuvieron diferentes objetivos en su juventud. Kaldor se convirtió en un cazador y guerrero, un gran arquero y un magnífico jinete. Dirigió a las patrullas costeras de los Altos Elfos en numerosas escaramuzas, y siempre logró derrotar a sus enemigos. Algunos decían que era demasiado impetuoso e inmisericorde, pero era tal la necesidad de buenos guerreros en ese momento que en vez de criticar su deseo de victoria fue alabado por los suyos. Es posible que fuera durante estos largos años de peligros y combates cuando Kaldor se corrompió, ya que se volvió más violento y desdeñoso. Sin embargo, los nobles Elfos son famosos por su altanería y arrogancia, por lo que nadie se fijó demasiado en su comportamiento.

Mientras tanto, Calaidan estudió magia en la Torre de Hoeth bajo la atenta mirada de los adustos Señores del Saber. Mientras permaneció allí aprendió la disciplina y la habilidad con las armas de los Maestros de la Espada que custodiaban la Torre. Sus virtudes eran la serenidad, la sabiduría y el estudio, y con el tiempo Calaidan aprendió los secretos de la alquimia, la política y la astrología.

Los años pasaron rápidamente para los dos hermanos y pronto llegó el momento en que el Señor Melenar tenía que nombrar al heredero de su título. Puesto que Calaidan poseía mayores conocimientos (y muchos creían que era más sabio) que Kaldor, fue elegido el futuro Señor de la Casa Coraith. Los Altos Elfos de las Tierras Sombrías se alegraron y tuvo lugar un gran banquete en honor de Calaidan. Muchos creían que se aproximaba una época de esplendor. Con la fuerza de Kaldor protegiendo la tierra de invasores y la sabiduría de Calaidan guiando a los habitantes de las Tierras Sombrías, ¿no estaba la Casa Coraith destinada a una mayor grandeza? Pero Kaldor estaba enfurecido: ¿acaso no era el mejor guerrero de la Casa? ¿No había protegido sus dominios a lo largo de numerosos años mientras Calaidan se hallaba en Saphery desperdiciando el tiempo con estudios sin sentido?

Cada día que pasaba, la amargura y el odio de Kaldor aumentaban, y pronto empezó a despreciar a su hermano. Los jóvenes nobles Altos Elfos que le seguían pensaban lo mismo. Habían luchado junto a Kaldor y habían esperado que su lealtad fuera recompensada cuando éste fuera nombrado heredero de la Casa Coraith.

Pronto no pudo soportarlo por más tiempo, y una oscura y tormentosa noche Kaldor se embarcó en una pequeña nave con un grupo de sus seguidores. Dijo que había recibido noticias de que los Elfos Oscuros iban a intentar desembarcar esa noche, y a pesar del consejo de sus consejeros y de su hermano, partió. Pasó una semana y cuando Kaldor no regresó, se le dió por muerto. Nadie lloró más por él que su hermano, Calaidan, que quedó desconsolado por la muerte de su mellizo.

Pero la nave de Kaldor no había desaparecido en la tormenta. Se dirigió a las Tierras del Frío, el reino de los enemigos mortales de Ulthuan, los Elfos Oscuros. Su maltrecha nave arribó cerca de la ciudad de Karond Kar, y hacia allí se dirigieron él y su séquito. Por algún capricho del Destino, Malekith, el Rey Brujo, se hallaba visitando la ciudad, deseoso de saber por qué la guerra en las Tierras Sombrías iba tan mal.

Kaldor fue llevado ante la presencia del mismísimo Rey Brujo. Sin mostrar emoción alguna, el Malvado oyó su amargada historia. Pero en su fuero interno el Rey Brujo se regocijó. Malekith se dió cuenta del valor de un servidor así. Kaldor conocía los secretós de la Casa Coraith, sus planes y preparativos, sus contraseñas y el secreto de su magia de combate. Kaldor ofreció todos estos conocimientos a cambio del dominio de las Tierras Sombrías bajo el reinado del Rey Brujo. Kaldor estaba deseoso de conducir a los Elfos Oscuros a las Tierras Sombrías, pero el Rey Brujo sabía que aún no estaba preparado. Hizo que Kaldor fuera entrenado como uno de sus propios nobles y empezó a planear la conquista de las Tierras Sombrías. Sus consejeros le sugirieron que Kaldor debería ser torturado hasta que revelase sus secretos, pero al Rey Brujo le gustaba el joven noble Elfo. Su arrogancia y odio le recordaban su propia pérdida de gracia cuando todavía era Malekith, el heredero de Aenarion.

La guerra entre hermanos Editar

Después de cincuenta largos años, el Rey Brujo llamó de nuevo a Kaldor ante su presencia, y quedó impresionado con los progresos de su nuevo sirviente. Kaldor se había convertido en un poderoso espadachín gracias al entrenamiento con los Asesinos Elfos Oscuros, y su astuta y aguda mente se había desarrollado aún más con las enseñanzas de los retorcidos eruditos de Karond Kar. Pero sobre todo, en ese momento Kaldor era conocido por su crueldad y su total falta de misericordia. Se decía que sus esclavos no podían evitar echarse a temblar en su presencia. Malekith declaró que era hora de que Kaldor regresara a las Tierras Sombrías, ya que Melenar había muerto, envenenado por uno de los Maestros Asesinos de Naggaroth. Ahora, todo lo que se interponía entre Kaldor y el control de las Tierras Sombrías era su hermano.

En cuanto terminaron los preparativos, el Arca Negra Portadora de Dolor partió del puerto de Karond Kar llevando a Kaldor de Coraith de regreso a su tierra natal. Allí dirigiría a los guerreros sedientos de sangre del Arca contra la Casa que una vez había jurado proteger. Sabía que su nombre sería sinónimo de infamia para todos los cronistas Altos Elfos por siempre jamás, pero su orgullo le impulsaba, más allá de toda redención. Había entregado por completo su negra alma a Khaine, el Señor del Asesinato, el dios Élfico de la Guerra. Kaldor había hecho sus planes y estaba preparado. Nadie podría impedir que tomara lo que creía que por derecho era suyo.

RelatoEditar

Escenarios Editar

Escenario 1: Costas ensangrentadas Editar

Maniobras de diversión Editar

Kaldor conocía bien los planes y preparativos de su hermano, el número de patrullas y su composición, y cuán rápidamente podían los defensores de la Casa Coraith responder a cualquier amenaza contra su hogar.

Así pues, envió pequeñas fuerzas para que se enfrentaran a las patrullas de la costa en un intento de desviar la atención de su fuerza principal. Pero esos destacamentos tenían órdenes adicionales. Debían reagruparse y destruir el gran Faro de Athel Maranth para impedir que pudiera seguir guiando a las naves Élficas que recorrían los mares del Norte. Planes dentro de planes dentro de planes. Ésta era la lección que le habían enseñado a Kaldor los grandes conspiradores de Naggaroth.

Si el Faro era destruido, no podría guiar a los buques de guerra Élficos en ayuda de la Casa Coraith. Además, desviaría la atención de su ataque principal y propagaría la confusión entre los defensores Altos Elfos. Kaldor esperaba que los Altos Elfos que patrullaban la costa se dividiesen en pequeños grupos de exploración en un intento futil de atrapar a los invasores, dejando sin defensa al Faro.

Mortharor, el capitán del Arca Negra Portadora de Dolor, dirigió el ataque contra la torre con sus leales Corsarios. Montados en sus Dragones Infernales, atravesaron las traicioneras aguas costeras de Nagarythe, y llegaron cerca del Faro, desembarcando regimiento tras regimiento de guerreros Elfos Oscuros.

Pero las playas estaban defendidas por un fuerte contingente de experimentadas tropas de Altos Elfos, al mando de Kelendar, un veterano de cientos de batallas y escaramuzas contra los Elfos Oscuros. Mientras que un oficial más joven o inexperto podría haber sido engañado por el ingenioso plan de Kaldor, el astuto y viejo guerrero se dió cuenta inmediatamente de que las pequeñas patrullas que sus exploradores habían descubierto no eran más que una diversión para atraer toda la atención posible. La fuerza total de un Arca Negra era mucho mayor de lo descubierto hasta ahora. También sabía que el único objetivo de importancia para los Elfos Oscuros en esta región era el gran Faro.

Kelendar meditó largo tiempo la posibilidad de marchar inmediatamente en ayuda de Coraith o concentrar sus fuerzas en el Faro. Finalmente decidió aplastar en primer lugar a los Elfos Oscuros, y después reunir a todos los refuerzos disponibles y encender el Faro; para que así el máximo número de naves de Altos Elfos acudiera en su ayuda. Pero antes de que llegaran los refuerzos aparecieron los Elfos Oscuros al mando de Mortharor.

El faro Editar

Kelendar ha reunido todas las tropas de las que dispone alrededor del Faro. Había preparado una cuidadosa defensa, sabiendo que si podía conseguir la victoria, pronto llegarían tropas de Tiranoc y Lothern en su ayuda.

Mortharor se dió cuenta de que en vez de una pequeña escaramuza iba tener lugar una feroz batalla. La de hoy no sería una victoria fácil. Mortharor sonrió: era justo lo que quería. Ahora sería el frío acero lo que determinaría el destino del Faro. Llenos de odio, los Elfos Oscuros iniciaron el avance.

Desenlace histórico Editar

Los Altos Elfos formaron un círculo defensivo alrededor de la torre para protegerla de cualquier ataque. Sin embargo, esto hizo que sus líneas se estrecharan alrededor del Faro, y para aprovechar esta ventaja Mortharor concentró todas sus tropas en el centro de la línea de los Altos Elfos. Si lograba atravesarla, tendría una buena oportunidad de destruir el Faro.

La batalla comenzó bien para los Altos Elfos. Sus tropas equipadas con armas de proyectiles y la caballería lograron aniquilar a uno de los regimientos de Ballesteros, y el propio Kelendar encabezó una amplia maniobra de flanqueo con los Yelmos Plateados.

Los Elfos Oscuros concentraron sus ataques contra el centro de la línea defensiva de los Altos Elfos, formada por los Lanceros, y retuvieron a las otras unidades con sus tropas auxiliares. El odio que los Elfos Oscuros sentían hacia sus parientes sin corromper les dio la ventaja en todos los frentes, desmoralizando un regimiento tras otro de Altos Elfos.

Sólo el numeroso regimiento de Lanceros se interponía entre los Elfos Oscuros y el Faro. Bajo la terrible presión, la muralla de escudos de los Altos Elfos cedió. Los Corsarios persiguieron a los Lanceros y los pisotearon. La Hidra les seguía de cerca.

El camino hasta el Faro ya estaba expedito. Todos los regimientos en los flancos estaban trabados en combate y no podían intervenir. Sonriendo de placer, Mortharor cargó contra el Faro. Los Corsarios golpearon el faro con una furia increíble, y momentos después se les unía la enorme Hidra. Las malignas llamas de la criatura destruyeron los cimientos del Faro, mientras sus enormes garras destruían los sillares como si fueran de cristal. Bajo el aplastante peso de la Hidra, la estructura del Faro de los Altos Elfos colapsó, y enormes bloques de piedra cayeron al suelo, aplastando a muchos de sus valientes defensores.

Ahora Calaidan ya no recibiría ayuda alguna de los otros reinos Élficos. La Casa Coraith se hallaba sola frente al ejército de Kaldor.

Comentario Histórico Editar

Los defensores Altos Elfos lucharon bien. Identificaron la principal amenaza de los Elfos Oscuros y la contrarrestaron inmediatamente.

Los Elfos Oscuros concentraron sus fuerzas en un frente muy estrecho, lo que les permitió atravesar las líneas de los Altos Elfos. Era una táctica muy arriesgada, ya que si hubieran sido detenidos, entonces la siniestra progenie de Naggaroth podría haber sido atacada por el flanco por la caballería de los Altos Elfos.

De entre todos los regimientos, fueron los Corsarios los más dañinos para los Altos Elfos. La Hidra era casi imparable, pero fueron los Corsarios los que realmente consiguieron la victoria.

Si los Altos Elfos hubieran concentrado su defensa en lugar de extenderla, podrían haber detenido el ataque de los Altos Elfos y volver el curso de la batalla a su favor. La realidad fue que su excesivamente extendida línea de batalla no podía detener un ataque así.

Escenario 2: Batalla entre las sombras Editar

El campamentos oculto Editar

Los planes del Rey Brujo habían sido desbaratados una y otra vez por los Guerreros Sombríos, quienes patrullaban sin descanso las llanuras y colinas de Nagarythe. Pero esta vez los Elfos Oscuros estaban al mando de un general que conocía todos sus secretos, incluso las localizaciones de sus campamentos ocultos. Kaldor sabía que tenía que arrasar el campamento principal de los Guerreros Sombríos, o sus líneas de abastecimiento se verían constantemente hostigadas y su ejército principal nunca estaría libre de caer en una emboscada. Además, estos problemáticos entrometidos podrían avisar a su maldito hermano del ataque demasiado pronto, negándole el elemento sorpresa.

Kaldor envió a Caldath el Negro, el Maestro Asesino de Karond Kar, para que se encargara de los Guerreros Sombríos. Ordenó al Maestro de la Espada Envenenada que se librara de todos los Guerreros Sombríos o muriera en el intento. Caldath accedió inmediatamente. Había esperado durante mucho tiempo poder probar su valía frente a las famosas habilidades de los Guerreros Sombríos. Ahora tenía la oportunidad. Caldath reunió a su banda de Asesinos, Exploradores y Jinetes Oscuros, y ocultándose bajo el manto de la noche marchó hacia las colinas de Adran.

El plan de Kaldor podía haber tenido éxito fácilmente si la fuerza de los Elfos Oscuros no hubiera sido detectada por las Águilas Gigantes que todavía sobrevolaban los cielos de las Tierras Sombrías en busca de intrusos. Una de ellas, Khaltar, el Señor del Viento, descubrió a los Elfos Oscuros envueltos en sus capas negras e inmediatamente voló a avisar al campamento de los Guerreros Sombríos.

El aviso llegó en el último momento. El campamento estaba prácticamente rodeado, y el enemigo se acercaba rápidamente. Pero los Guerreros Sombríos siempre dormían con la armadura puesta, utilizando sus escudos como almohada y con las armas a mano, a sabiendas de que un ataque por sorpresa siempre era posible, sin importar lo mucho que intentaran ocultar su campamento. Tan pronto como el grito de alarma de Khaltar les despertó, el campamento estaba en pie, listo para romper el cerco.

Los Elfos Oscuros, al sentir que su presa estaba alertada de su presencia, se lanzaron a masacrar a los Altos Elfos mientras todavía se hallaban desorganizados. Eran superiores en número y habían rodeado casi por completo a los Guerreros Sombríos. Bajo la tenue luz de la mañana Caldath observó a los Elfos que se reagrupaban apresuradamente, deseoso de probar su valía frente al legendario Guerrero Sombrío Alatar. Caldath no tuvo que esperar demasiado. Un Elfo de elevada estatura se hallaba en el centro del campamento, impartiendo tranquilizadoras órdenes a sus tropas. Sobre su frente descansaba una corona de plata con una única piedra lunar engastada. Era Alatar, el Príncipe Sombrío.

Alatar y sus Guerreros Sombríos sentían un odio mortal hacia los Elfos Oscuros que rivalizaba con el suyo propio. Estos eran los Elfos de los reinos norteños de los Altos Elfos, gente que lo había perdido todo en las guerras contra los Naggarothi. A la fría luz de la mañana, el acero brilló cuando ambos grupos de guerreross desenfudaron sus espadas. Estaba a punto de iniciarse una feroz batalla.

Desenlace histórico Editar

Los Guerreros Sombríos escaparon hacia el Este, mientras el resto de los Altos Elfos se quedaban, dispuestos a sacrificar sus vidas para darles más tiempo a sus camaradas.

El Príncipe Sombrío dirigió personalmente a las tropas que quedaron atrás. Su arco acabó con la vida de numerosos Elfos Oscuros, y durante un tiempo pareció que estos sufrirían demasiadas bajas como para efectuar una persecución en toda regla. Pero entonces el regimiento de Elfas Brujas procedente del Norte aplastó a los arqueros que encontró en su camino, propagando el pánico y la muerte. En poco tiempo estalló el caos cuando los Elfos Oscuros atravesaron el campamento de los Guerreros Sombríos.

Un pequeño grupo de Guerreros Sombríos logró escapar de la batalla, y se dirigió hacia el Este, difundiendo la noticia de que se acercaban los Elfos Oscuros, y reunieron a sus compatriotas para la lucha que se avecinaba. Mientras tanto, los Elfos Oscuros acababan con los Altos Elfos en una serie de feroces combates cuerpo a cuerpo. Los Asesinos se abrían un sangriento camino a través de los regimientos de los Altos Elfos, y las cacareantes Elfas Brujas se bañaban en la sangre de los muertos. Matar, amenazando con el puño, abandonó la batalla perdida sin remedio. Jurando vengarse, desapareció entre las sombras de la noche

Así pues, la batalla terminó como una victoria para los Elfos Oscuros, pero los Guerreros Sombríos que escaparon se reorganizaron ese mismo día y empezaron a efectuar ataques relámpago contra las líneas de suministro y las columnas de avance de los Elfos Oscuros. No todo estaba perdido. Los planes de Kaldor no se habían cumplido totalmente, aunque la victoria fuera suya.

Comentario Histórico Editar

Los Asesinos de Caldath atacaron con una feroz determinación y sin misericordia. Eran ampliamente superiores en número y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para aniquilar a los Guerreros Sombríos.

Debido a que las tropas de los Altos Elfos estaban divididas en muchas unidades pequeñas, los Elfos Oscuros -que se habían organizado de forma mucho más convencional- tuvieron dificultades para aniquilar por completo a los Altos Elfos.

Teniendo en cuenta las ventajas de las que disfrutaban los Elfos Oscuros en esta batalla, es sorprendente que alguno de los Altos Elfos lograra escapar. Los Altos Elfos hicieron bien en no enzarzarse en combates innecesarios, y las Águilas Gigantes les apoyaron magníficamente. Con un poco más de suerte, habría existido la posibilidad de que los Altos Elfos, por puro heroísmo, hubieran derrotado a los Elfos Oscuros.

Escenario 3: La defensa del Paso del Águila Editar

La ruta secreta Editar

La fuerza principal de los Elfos Oscuros avanzó a marchas forzadas a través de las Llanuras del Crepúsculo, mientras sus Exploradores llevaban a cabo ataques de diversión para distraer la atención de las patrullas de los Altos Elfos. Kaldor marchó directamente hacia la antigua mansión de la Casa Coraith. Sabía que su odiado hermano estaría reuniendo sus tropas, preparándose para marchar contra él. Si podía atacar lo suficientemente rápido, cogería a los Altos Elfos por sorpresa, mientras se agrupaban en el valle secreto.

A Kaldor aún le quedaba un obstáculo por superar. La fortificada mansión de la Casa Coraith estaba escondida en lo alto de las Colinas de la Penumbra, y sólo existía un paso que atravesara estas rocosas colinas. El paso estaba oculto a la vista por poderosos hechizos y protegido por puertas mágicas que no podían abrirse por la fuerza.

Pero Kaldor conocía la contraseña secreta necesaria para abrir las puertas. Sus Exploradores eliminaron a los guardias de la entrada con virotes envenenados de sus ballestas, y Kaldor murmuró las tres palabras necesarias para abrir las puertas. Así quedó expedito el camino hasta el valle secreto donde se hallaba la Casa Coraith.

Kaldor sabía que el paso estaría fuertemente defendido, y podrían avisar a las fuerzas de la Casa Coraith del ataque que se avecinaba. Su traición cuidadosamente planeada podía quedar desbaratada. Los Altos Elfos todavía podían enterarse demasiado pronto de su presencia.

Kaldor decidió organizar sus fuerzas en primer lugar, y envió a sus tropas más rápidas y poderosas para destruir las defensas de los Altos Elfos lo más rápidamente posible. Si podía eliminar a la guarnición del Paso del Águila en poco tiempo sorprendería por completo a las tropas que había reunido su odiado hermano y podría aplastarlas por completo, recuperando por fin su legítimo dominio.

La muralla de escudos Editar

Cuando Imrallion el Inmutable, Capitán de la guarnición del Paso del Águila, vió las tropas de los Elfos Oscuros descendiendo de las colinas, supo que él y sus hombres estaban condenados. Si se retiraba, la progenie de Naggaroth atacaría por sorpresa a su Señor y con toda seguridad aplastaría a sus tropas. Las familias de los guerreros también perecerían. Imrallion envió a sus soldados más veloces a avisar al Señor Calaidan, y preparó a sus hombres para una batalla que estaba perdida de antemano.

En poco tiempo, la muralla de escudos de los Altos Elfos se extendía a lo largo de todo el paso. Los Elfos habían grabado sus nombres con runas lunares en la pared del desfiladero para que, aunque perecieran, fueran recordados por sus conciudadanos. Después se encararon a sus enemigos, puesto que los Elfos Oscuros prácticamente estaban encima de ellos. Los Altos Elfos eran ampliamente superados en número, y no tenían ninguna esperanza de sobrevivir. Sólo la avanzada tenía el doble de tropas que todo el contingente de Altos Elfos en el Paso del Águila.

Cuando Imrallion se situó al frente de sus valientes tropas, los guerreros empezaron a golpear sus escudos con las armas. "¡Por la Casa Coraith y el Señor Calaidan!" -gritó Imrallion, hijo de Yercion, que se hallaba en la primera línea del regimiento más avanzado. El grito de guerra fue recogido por el resto de los otros guerreros. Pronto el aire resonó con el desafío de los Altos Elfos. Estaban condenados, pero resistirían tanto como pudieran ganando tiempo para que sus familias escaparan de las garras de los viles Elfos Oscuros, y que sus camaradas se prepararan para la batalla que se avecinaba.

Desenlace histórico Editar

La leyenda de la defensa del Paso del Águila ha perdurado, ya que uno de los defensores, Tiacan de Cothique, sobrevivió a la terrible batalla. Cayó inconsciente de un golpe y quedó enterrado bajo una montaña de cadáveres. Debido a su apresuramiento, los Elfos Oscuros no decapitaron a todos los cadáveres (como es su costumbre después de una batalla), si no que marcharon inmediatamente contra Calaidan. De este modo, la heróica hazaña de Imrallion y sus hombres permanece en la memoria de sus compatriotas.

Los Altos Elfos, bajo la tranquila mirada de Imrallion, formaron la clásica línea de batalla alternando unidades de Arqueros y Lanceros. Cuando los Elfos Oscuros entraron en el estrecho paso, los Altos Elfos dispararon sobre ellos una afilada lluvia de muerte y, concentrando los disparos sobre las escasamente protegidas Elfas Brujas, lograron causar bajas significativas. Pero la hueste de los Elfos Oscuros era demasiado numerosa para ser detenida sólo mediante los arcos. Los Elfos Oscuros avanzaron sin detenerse a responder disparando con sus ballestas.

Imrallion estaba en primera línea, junto a los guerreros que habían servido bajo su mando en la Guardia del Mar de Lothern. Sus filas de lanzas detuvieron el primer ataque de los Elfos Oscuros pero entonces su regimiento quedó trabado en combate con las Elfas Brujas. Tuvo lugar una batalla feroz y despiadada, mientras Malida desafiaba a Imrallion a un combate singular. Alrededor de ella las enloquecidas Elfas Brujas se lanzaban contra las disciplinadas filas de la Guardia del Mar. Aunque murieron muchas de las Elfas Brujas, pronto la superioridad numérica volvió la batalla en contra de los valientes Altos Elfos.

A ambos flancos de Imrallion los Elfos Oscuros redoblaron su ataque. Murieron muchos Altos Elfos, pero no antes de dar rienda suelta a su venganza matando docenas de Elfos Oscuros. Inevitablemente, los Elfos Oscuros se impusieron.

Finalmente, sólo quedó Imrallion frente a los siniestros guerreros de Naggaroth. Con un grito de desesperación, golpeó a Malida. La malvada Reina Bruja, enardecida por la batalla, no pensó en defenderse, y de repente se encontró de rodillas, herida de muerte, desangrándose rápidamente. Imrallion se giró para hacer frente al resto de las Elfas Brujas, y cuatro más murieron antes de que le abatieran por la espalda. Así terminó la batalla, ya que no quedaban Altos Elfos para enfrentarse a los Naggarothi.

Las Elfas Brujas se bañaron en la sangre de los muertos, pero su victoria les había costado cara. La muerte de tantos Altos Elfos le había proporcionado a Calaidan el tiempo suficiente para convocar a sus guerreros y prepararse para la batalla contra los Elfos Oscuros. Actualmente se erige una gran estatua de Imrallion en la Sala de los Héroes del Templo de Asuryan, para que las generaciones venideras de guerreros Altos Elfos recuerden su valor.

Comentario Histórico Editar

Fue una sabía decisión enviar el máximo número de refuerzos a esta batalla, ya que la estrechez del paso impidió a los Elfos Oscuros aprovechar por completo su superioridad numérica. Puede que las Elfas Brujas sean uno de los regimientos más poderoso del mundo conocido, pero carecían de la armadura necesaria para detener las lanzas y flechas de los Altos Elfos, y murieron a docenas. El coraje y determinación de Imrallion hicieron que la defensa se mantuviera incluso cuando fue evidente que todo estaba perdido.

Esta batalla sería recordada en las canciones de los trovadores Altos Elfos en tiempos venideros. Puede que los defensores hayan muerto, pero vivirán eternamente en la memoria de sus compatriotas

Escenario 4: Batalla entre Hermanos Editar

Llamada a las armas Editar

Un mensajero procedente del Paso del Águila bajó corriendo la última colina, con el corazón latiendo con fuerza por el miedo y el cansancio. Se había despojado valerosamente de su casco y su cota de Ithilmar, y el aligeramiento de peso le había ayudado a ganar velocidad. Cuando los guardias de la mansión de Casa Coraith salieron a recibirle, gritó: "¡Los Elfos Oscuros están a nuestras puertas! ¡Los Elfos Oscuros están a nuestras puertas!".

Rápidamente los cuernos de guerra de los Altos Elfos convocaron a la batalla a los Guerreros de Casa Coraith. En poco tiempo el valle secreto estaba lleno de Altos Elfos organizándose para atacar a los invasores. Los Yelmos Plateados montaron en sus nobles corceles y enarbolaron sus lanzas. Los arqueros y los lanceros formaron en líneas de batalla. Los lanzavirotes fueron rápidamente emplazados. Los Leones Blancos, cuyo servicio el Rey Finubar había puesto a disposición de Calaidan, afilaron sus hachas. La expectación por la batalla que se avecinaba se reflejaba en sus caras. Aunque habían sido tomados por sorpresa, las fuerzas de los Altos Elfos era algo a tener en cuenta. Estaban defendiendo sus hogares y familias, y no cejarían en el empeño.

El Señor Calaidan recorrió con la vista las filas enemigas, y reconoció con horror uno de los estandartes: el gran Dragón Marino de su hermano Kaldor. Al principio Calaidan creyó que era un truco de los Elfos Oscuros, pero pronto oyó la firme voz de su general, y reconoció al hermano que creyó perdido hacía tiempo.

Ahora todo estaba claro para Calaidan: cómo su enemigo había adivinado sus planes, cómo los Elfos Oscuros habían sabido dónde atacar y qué debilidades aprovechar, cómo habían podido encontrar tan rápidamente la Mansión a pesar de estar tan bien oculta y protegida tanto por hechizos como por guardias. Una fría rabia se apoderó de él, y lloró por la gente que había perecido por la traición de su hermano. Mientras la rabia crecía en su interior, juró a los dioses que devolvería el honor a su familia matando al malvado al que una vez había querido como hermano.

Al mismo tiempo, en el pueblo que rodeaba la mansión de la Casa Coraith, el resto de Altos Elfos llevaba a sus hijos a un lugar más seguro, ocultos en lo alto de las montañas, mientras sus compatriotas se preparaban para la batalla. Sabían que si los Elfos Oscuros vencían, sus familias sufrirían un destino peor que la muerte. Los guerreros de la Casa Coraith también lo sabían. Esta batalla no era una escaramuza fronteriza o una incursión: hoy se decidía el destino de las Tierras Sombrías.

Calaidan montó en su corcel y se puso al frente de sus tropas. A su derecha los Yelmos Plateados, los nobles de su Casa, tomaron posiciones. A su izquierda se hallaban las densas formaciones de lanceros. Si alguna vez había habido dos ejércitos igualados, hoy se enfrentaban en este valle. Kaldor le gritó las órdenes a sus tropas, y entonces se dió cuenta de que su hermano estaba mirándolo con una furia fría e inmisericorde. '

Así que ahora lo sabes, hermano, -se burló Kaldor.- ¡No deberías haberme robado nunca mi derecho como heredero!

La venganza de Kaldor Editar

Durante los últimos cincuenta años, Kaldor se había preparado para este momento. Había planeado hasta el más mínimo detalle, pensado contraataques para cada táctica que su hermano pudiera utilizar y desarrollando nuevas tácticas por su cuenta. Bajo su mando tenía una fuerza deseosa de derramar la sangre de sus enemigos ¡No podía perder esta batalla!

El ejército de Elfos Oscuros de Karond Kar se preparó para la matanza. Los Guardias de la Ciudad de la tenebrosa fortaleza formaron sus líneas. Los grandes Gélidos, retenidos por sus jinetes de oscuro corazón, bufaban a sus presas. Las Elfas Brujas desplegaron su rojo estandarte, empapado con la sangre de los inocentes masacrados en la batalla anterior. El cuerpo principal de Corsarios formó en el centro de la línea de batalla de los Elfos Oscuros. Los ballesteros mojaron la punta de sus virotes en poderosos venenos. Kaldor clavó la mirada en su hermano. La amargura de los largos años en el exilio afloraron en su retorcida mente. Desenfundó su espada rúnica, y dió la señal de iniciar el ataque. La hueste de Elfos Oscuros, cargó a hierro y fuego.

El escenario para una sangrienta batalla estaba dispuesto. No se daría ni se pediría cuartel. Y en el cielo Isha, la madre de todos los Elfos derramó una lágrima por la pérdida de sus hijos.

Desenlace histórico Editar

Debido a la denodada resistencia de los defensores del Paso del Águila, el ejército de los Altos Elfos estaba completamente preparado cuando apareció la negra hueste de Karond Kar en la llanura que rodeaba a la mansión de Casa Coraith. Los Altos Elfos habían formado una larga línea de batalla, con los Leones Blancos de Cracia y los Maestros de la Espada en el centro, apoyados por arqueros y caballería en el extremo de los flancos. Los Elfos Oscuros habían formado un fuerza concentrada preparada para destrozar cualquier núcleo de resistencia de los Altos Elfos.

Los agrupados arqueros Altos Elfos dispararon una andanada tras otra de flechas contra los Elfos Oscuros, pero estos siniestros guerreros sólo sufrieron bajas muy leves. Las Arpías se lanzaron desde los cielos y aniquilaron a las dotaciones de las baterías de lanzavirotes. Los Maestros de la Espada avanzaron para enfrentarse a la amenaza de las Elfas Brujas, pero en el combate que tuvo lugar a continuación las Esposas de Khaine demostraron ser mejores tropas, eliminando a los discípulos de la Torre Blanca hasta el último Elfo.

La caballería de los Altos Elfos intentó una atrevida maniobra de flanqueo, pero fueron atrapados por los Caballeros Gélidos y ahuyentados en poco tiempo. Los Corsarios llegaron a la línea de batalla de los Altos Elfos y en poco tiempo habían aniquilado a la mayoría de los arqueros. Los Leones Blancos lucharon con valentía contra la Guardia Negra, pero sus flancos se vieron rápidamente amenazados por las Elfas Brujas.

Calaidan vio que su ejército se derrumbaba a su alrededor. Sus arqueros estaban muertos, los lanzavirotes de repetición destruidos y su caballería había huido. Sólo era cuestión de momentos que el centro se hundiera y los Elfos Oscuros pudieran reclamar una victoria indiscutible. Desesperado, Calaidan avanzó hacia el centro de la líneas enemigas y desafió en combate singular a su traidor hermano. Sonriendo cruelmente, Kaldor aceptó. Éste era el momento que había estado esperando.

Los dos hermanos combatieron durante una hora, pero Kaldor despreciaba a su hermano, considerándolo un débil, y lo subestimó. Cuando Calaidan fingió estar cansado, y bajó sus defensas, Kaldor atacó espada en alto, y murió por la mortífera estocada con la que le respondió su hermano.

Calaidan alzó ambas espadas por encima de su cabeza como signo de victoria. Al ver que su jefe había muerto, surgió un grito entre las filas de los Elfos Oscuros. "¡Estamos perdidos!". Una oleada de pánico recorrió el ejército de los Elfos Oscuros y muchos regimientos dieron la vuelta y huyeron. Calaidan se abrió paso entre los Elfos Oscuros que se atrevieron a enfrentarse a él. Contra la terrible furia de sus dos espadas gemelas no había defensa posible. Los Elfos Oscuros huyeron como pudieron ante el invencible guerrero, y escaparon hacia el Paso del Águila. Habiendo perdido su voluntad de combatir, se reagruparon y se dirigieron a la costa.

Perseguido por los Guerreros Sombríos, sólo un pequeño grupo de Elfos Oscuros regresó a la Portadora de Dolor, y embarcó de regreso a Naggaroth. Los supervivientes sabían que esto sólo era un respiro temporal, ya que ahora tendrían que enfrentarse a la ira de Malekith, el Rey Brujo. Temblaban de miedo, ya que el señor de las Tierras del Frío no era conocido precisamente por su compasión y misericordia.

Mientras tanto, Calaidan construyó una gran pira funeraria para su hemano, y sus cansados y heridos hombres se agruparon a su alrededor. Era una triste visión: más de las tres cuartas panes de los valientes guerreros de la Casa Coraith habían perecido, y sus cuerpos sembraban el campo de batalla. Durante muchos años la Casa Coraith había sido demasiado débil para consolidar su posición en las Tierras Sombrías, pero ahora habían conseguido la victoria. Pasaría mucho tiempo antes de que las velas de las Arcas Negras volvieran a verse en las costas de las Tierras Sombrías.

Años más tarde los trovadores de Lothern escribieron la Saga de Calaidan, también conocida como La Guerra entre los Hermanos, en la que se recordaba lo sucedido en esos aciagos días. En la canción se relata como Isha derramó nuevas lágrimas por la muerte de tantos de sus hijos, y la devastación de su tierra. Esas lágrimas se convirtieron en nuevas joyas, que serían el origen de nuevas leyendas.

Comentario Histórico Editar

Los Elfos Oscuros marcharon al combate equipados principalmente para el combate cuerpo a cuerpo, mientras que los Altos Elfos estaban preparados para librar una batalla con proyectiles.

Por desgracia para los Altos Elfos, sus arcos tuvieron poco efecto sobre los siniestros habitantes de Naggaroth, y muy pronto los Altos Elfos se vieron envueltos en una serie de combates cuerpo a cuerpo que no podían vencer. La habilidad de combate de los Elfos Oscuros pronto empezó a hacerse sentir y todo el ejército de los Altos Elfos se encontró al borde de la destrucción. Ésta es una buena lección para los aspirantes a general, no confiar demasiado en las tropas de proyectiles.

Las Arpías y los Exploradores de los Elfos Oscuros eliminaron pronto a los temibles lanzavirotes, y en cuanto los regimientos de los Elfos Oscuros se trabaron en combate cuerpo a cuerpo, poco pudieron hacer los arqueros. Fue el valor y la habilidad personales de Calaidan las que salvaron al ejército de lo que hubiera sido una derrota catastrófica. El combate entre Kaldor y Calaidan fue realmente legendario, y será recordado en las canciones de los bardos Élficos. También muestra que no importa cuán desesperada sea la situación, ¡siempre hay posibilidades de vencer!

Personajes Editar

Altos ElfosEditar

Elfos OscurosEditar

Fuente Editar

  • Campaña: Lagrimas de Isha
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