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Necrofago por Russ Nicholson

Imagen ilustrativa

Karl Avermans, fue un guerrero que vivió hasta los 28 años y murió en el séptimo año del reinado del Emperador Magnus el Piadoso, en el año 2311 de Sigmar. Los piadosos y agradecidos ciudadanos pagaron un monumento en honor a su memoria en el cementerio Deedesveld en Marienburgo, siendo su cuerpo guardado en el con su espada mágica.

La tumba es una cámara adornada con forma de un doselete de mármol sobre pilares dispuestos encima de la efigie esculpida de un caballero con armadura yaciendo sobre el féretro. Este conforma el techo de una cámara semisubterránea, cuyas puertas se encuentran al final de una pequeña serie de escalones que se encuentran en su cara sur, atascadas por el óxido y los escalones cubiertos por una capa de hojas secas y escombros, por lo que la tumba ha permanecido en paz durante largo tiempo.

Historia Editar

Karl Avermans fue un vagabundo que alcanzó algo de fama por primera vez durante la Incursión del Caos doscientos años atrás. Capitán de la Marina en una de las milicias mercantes por aquel entonces, combatió con valor durante la defensa de Marienburgo, y se convirtió en un héroe de buen número de canciones y romances. Murió poco después de que se ganara la batalla contra el Caos, aparentemente a causa de una herida en la cabeza. La herida fue atendida durante varios días y parecía haber evolucionado con total normalidad, pero un buen día se desplomó sin vida, sin más. En reconocimiento de su valor en la defensa de la ciudad, los ciudadanos de Marienburgo pagaron un monumento en una colecta pública. Fue enterrado con honores, junto con algunos de sus hombres caídos también en las guerras contra el Caos. La historia de El chico que robó el anillo a su padre para la tumba del Capitán Avermans aún puede encontrase en algunos libros infantiles de Marienburgo.

La auténtica historia Editar

Lo que nadie conoce es la auténtica tragedia de Karl Avermans: no murió a causa de su herida. El golpe en la cabeza le provocó un coágulo que con el tiempo cortó el riego sanguíneo que llegaba hasta su cerebro y lo sumió en un estado de coma. Fue enterrado vivo. Los ritos funerarios, destinados a evitar que se alce un no muerto del cuerpo de un difunto no surtieron nigún efecto sobre él puesto que seguía vivo en el momento en que se llevaron a cabo. Cuando despertó se encontró atrapado. Su sano juicio ya había quedado algo tocado a causa del coma, y desapareció del todo cuando se encontró encerrado en su propia tumba e incapaz de salir. Enfrentado a una lenta y agónica muerte por hambre, abrió los otros ataúdes y se comió los cuerpos. Cuando la muerte se lo llevó al fin, se convirtió en un Necrófago.

El necrófago aún es incapaz de escapar de su confinamiento, y está loco de hambre; devoró el último cadáver hace cincuenta años. Cualquier ruido que escuche en las proximidades de la tumba lo alertan y se abalanzará con todas sus fuerzas contra las puertas intentado salir.

Fuente Editar

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