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Bárbaros Hung por Adrian Smith

A menudo se considera a los Kurgan como los servidores más significativos del Caos, pues son los más numerosos y dispuestos a entregar sus cuerpos y almas a los dioses oscuros. La exposición regular a estos pueblos caóticos permite a los imperiales y a los kislevitas aprender más cosas sobre sus belicosos vecinos, y cuanto más aprenden los viejomundanos, más seguros están de que los kurgan no están solos. Al otro lado del mundo hay más humanos que sirven a los dioses oscuros. Lejos del Viejo Mundo, aún mas allá de las llanuras de los Kurgan, se encuentran las tierras de los Hung, un pueblo de cazadores y saqueadores tan numeroso que se extiende a través de los continentes del mundo, y tan temible que tienen dominios enteros de hombres y otras razas en una situación de terror.

El Gran Desierto los separa de los kurgan, y a menudo permanecen confinados en las tierras del norte de Catai, o al otro lado del tramo de tierra que conecta con los confines septentrionales del Nuevo Mundo. Al igual que los kurgan de las Estepas Orientales, los Hung saquean a sus vecinos, lanzando ataques contra las fabulosas ciudades de Catai o las siniestras urbes de los Elfos Oscuros. Están en un estado de guerra casi constante. La razón es sencilla; creen que el propósito de su existencia es luchar, matar y masacrar. Luchando entre ellos, contra los kurgan y contra todos los demás, se honran a sí mismos y a sus dioses.

DescripciónEditar

El pueblo de los Hung, que vive en las lejanas llanuras más allá de las Montañas del Fin del Mundo, es conocido por ser anormalmente salvaje. Desde el momento del nacimiento hacen profundas heridas en las mejillas de sus hijos, para que cuando aparezca el pelo, su crecimiento sea controlado por las arrugadas cicatrices, dándoles la apariencia desagradable de eunucos imberbes. Tienen cuerpos achaparrados, miembros fuertes y cuellos gruesos, y son tan prodigiosamente feos que podrían pasar por animales de dos patas, o por las gárgolas toscamente talladas en los templos.

Los hung consideran iguales a todos los miembros de su tribu y no hacen distinciones entre hombres y mujeres. Existen muchas tribus menores, aunque todas ellas forman parte de los hung. Aunque se interesan más por su tribu que por sus parientes itinerantes, estas tribus no tienen ningún reparo en fusionarse con otras para formar grandes alianzas, o en separarse y reformarse a medida que cambian los vientos de las circunstancias. Esta lealtad siempre cambiante los lleva a considerar intrascendentes los vínculos y tratos hechos con otros pueblos y razas.

Aunque profesan lealtad a la tribu superior, los Hung no cumplen promesas ni respetan pactos. Son célebres por su perfidia y por su disposición a matarse tanto entre sí como a todos los que se crucen en su camino. Son un pueblo taimado, que negocia con astucia y no sienten duda ni vergüenza por romper estos pactos, o incluso de matar a la otra parte, por lo que se han ganado una reputación de ladinos, deshonestos y traicioneros. Por ejemplo, podrían rodear un pueblo y prometer marcharse sin atacar si sus habitantes les entregan a sus hijas. Una vez que el pueblo acceda a sus deseos, los Hung masacran a los lugareños y queman todos los edificios, sencillamente porque pueden hacerlo. Por esta razón, los Catayanos usan la expresión “Palabra de Hung” para denotar que una promesa carece de toda validez.

Recientemente, muchos Hung han sido sometidos bajo el control de Morathi, la Reina Bruja de los Elfos Oscuros y madre de Malekith el Rey Brujo. Para revigorizar el culto a Slaanesh entre su pueblo, Morathi y un aquelarre de sectarios viajaron al norte para dominar a los hung y emplearlos para sus siniestros propósitos. Numerosas tribus se unieron a ella y la siguieron al sur hasta Lustria, aunque nadie sabe con qué fin.

Tribus HungEditar

Estas son algunas de las tribus que componen el pueblo Hung

  • Yin
  • Chi-an
  • Tu-ka
  • Mung
  • Aghols
  • Wei-tu
  • Man-chu
  • Wo
  • Kuj

Escudos de las tribusEditar

  • Aghol
  • Mung

DominiosEditar

Al igual que los Kurgan, los Hung también son un pueblo errante, y por lo tanto los limites territoriales de las tribus no pueden ser marcadas con una simple frontera en un mapa. Los Hung no tienen tierra, ni hogar, ni ley, ni estilo de vida establecido, sino que deambulan como vagabundos en los carromatos en los que viven. En estas, sus esposas tejen sus ropas inmundas, se aparean con sus maridos y dan a luz a sus desaprensivos descendientes. Ninguno de ellos, si se les llega a preguntar, puede decir de dónde viene, habiendo sido concebidos en un lugar, nacido en otro y criado aún más lejos.

Guerreros Elfos Oscuros contra Bárbaros del Caos

Los Hung se entremezclan con los del Kurgan en el oeste, y hacia el sur hay un extenso desierto que los separa de Catay, cubriendo gran parte de la frontera. Sin embargo, sus tribus se extienden a lo largo de la Humbra Sombría, cruzando el puente de tierra que conecta los reinos orientales con el Nuevo Mundo en el oeste, donde se extienden por las Tierras Quebradas, cruzando el páramo bordeado por las atalayas de los Elfos Oscuros, los renegados de Ulthuan, que protegen el reino de Naggaroth. Allí, las tribus Hung nuevamente se entremezclan con las de los Kurgan, por lo que se puede considerar que circunscriben la totalidad de las Puertas Infernales.

Los Hung viven prácticamente sobre la silla de montar, ya que se trata de un pueblo de jinetes; incluso hay quien dice que nacieron a lomos de sus monturas. Las únicas estructuras que habitan son las carpas de lana que llevan consigo para montar sus campamentos. Oscuras leyendas hablan de ciudades Hung, ocultas en algún lugar de las estepas o en las montañas del norte. Estos lugares son supuestamente grandes centros para sus cultos, y donde guardan los fabulosos tesoros que los Hung han saqueado y robado a lo largo de los siglos.

Más de un buscador de tesoros ha partido de Catay y el Imperio para encontrar estas ciudades ocultas, para nunca regresar. Lo más probable es que estas historias de las grandes ciudades son ridículas, ya que los Hung se enorgullecen de su estilo de vida independiente y errante que, en su opinión, los hace superiores a todas las razas sedentarias. Si tales historias tienen alguna base real, como bien podrían no serlo, entonces provienen de los lujosos campamentos de sus tribus más grandes. Allí, el botín de sus incursiones se exhibe con una ostentación y opulencia tan llamativa que podrían considerarse palacios itinerantes.

CulturaEditar

A los Hung les gustan las cosas refinadas, por lo que siempre saquean oro, sedas e incluso alfombras decorativas de colores chillones, y lo muestran todo con orgullo cada vez que acampan. A pesar de estas muestras de civilización saqueadas, no saben nada sobre las formas de vida más sofisticadas, siendo un hatajo de patanes burdos. Ni siquiera saben cómo construir un puente sobre un río, sino que prefieren apilar sus posesiones sobre sus monturas y nadar, aferrándose a sus colas.

En realidad no son más que simples cazadores-recolectores, y la parte de la caza supone una parte importante de la existencia de los Hung y un elemento básico de su cultura. Por un lado, consideran la caza como una forma de juego que les proporciona su alimento y sustento. Por otro, ven en cada caza una oportunidad para demostrar su fuerza y coraje, razón por la cual sus campeones y héroes vagan por los lugares más tenebrosos de los Desiertos del Caos, aventurándose en las montañas desoladas y las laderas de los páramos, en busca de algún mortífero engendro o una feroz criatura mutante a la que matar para demostrar su valor ante sus dioses y llevarlas como comida a sus campamentos.

Hay algo que los hung valoran más que los tesoros, y son sus perros de caza. Crían una feroz raza canina, tan maltratada y desnutrida que apenas se reconocen como perros. Su crueldad insufla lealtad a estas estúpidas bestias, por lo que corren junto con sus amos en combate y despedazan salvajemente a sus enemigos. Algunas tribus también entrenan aves de guerra como águilas y halcones.

Los hung tratan de la misma forma a sus monturas. Los hung son nómadas al igual que los kurgan, pero en lugar de montar caballos utilizan recios ponis. Son corceles pequeños, criados para ser fuertes y robustos, con un pelaje denso que les permite sobrevivir en los inhóspitos climas de sus terrenos de caza. Todo miembro de la tribu lleva consigo a su robusta montura, una sucia tienda de lana y todo lo que necesita para subsistir.

AlimentaciónEditar

El territorio de los hung no produce mucha comida, por lo que su dieta puede resultar macabra y no se avergüenzan de lo que consumen. Cuando los tiempos son prósperos, engullen ávidamente la carne de las presas de caza y pescados, pero cuando son difíciles no tienen ningún reparo en buscar raíces en el suelo o en atrapar ratas, insectos e incluso de los piojos de sus cuerpos y otros roedores con los que alimentarse. Algunos testigos afirman que estos salvajes devoran las placentas de los potros de sus yeguas. Y si no hay nada de eso disponible, se beben la sangre de sus monturas e incluso recurren al canibalismo si es necesario.

Este aborrecible comportamiento se ve agravado por las sucias condiciones en las que viven, ya que se niegan a lavar sus cuerpos o sus ropas o a enterrar sus desechos, porque creen que eso enojará a sus dioses. Tanto hombres como mujeres se mutilan a sí mismos para que puedan presentar un rostro más temible (o encantador).

ReligiónEditar

Caudillo Bárbaro Hung por Adrian Smith
Las estepas apenas son más hospitalarias que el desierto que las bordea. En invierno es congelante y en verano hace demasiado calor, y no importa cual sea la estación, tanto la montaña como la estepa son barridas por vientos tan fuertes que se dice que casi pueden derribar a un jinete de su caballo. Las tormentas azotan la tierra pobre mientras los dioses desahogan su crueldad sobre el suelo condenado. Ciertamente, esta tierra y todo lo que proviene de ella están malditos.

Dadas las condiciones en las que viven, cabria esperar que los Hung abandonasen sus tierras; y lo hacen, pero sólo para saquear. Permanecen en sus terrenos de caza porque creen que los dioses moran en todo lo que hay en ellos. Como todas las otras tribus, el territorio que les rodea forma la percepción de los Hung de sus engañosos dioses. En lugar de atribuirles tótems de animales o personas corruptas, su tierra vacía les estampa el culto básico a los elementos.

De esta manera, alaban al Dios de la Sangre y la Guerra a través de los rayos e incendios devastadores, el Señor de la Decadencia es reverenciado a través de la tierra turbia, y en sus propios excrementos ven al Dios de la Descomposición. Por lo tanto, tienen poca necesidad de santuarios o templos, aunque todavía construyen monolitos como los kurgan para honrar a los muertos. Este perverso pueblo también rinde culto a sus dioses rezando a toscos ídolos que llevan con ellos. Mantienen estos íconos dentro de sus tiendas de campaña y rinden su austero culto durante las comidas, dando gracias por los alimentos restregando la carne y los caldos sobre sus bocas en un horrible ritual de alimentación

Los sacerdotes y los chamanes tienen posiciones de gran influencia entre ellos. Afirman poder comunicarse con los dioses y transmitir sus mensajes a sus líderes, así como ver el mundo de los muertos, donde según ellos las vidas de los Hung son muy similares a las de este mundo.

La última creencia de todos los Hung es que han sido enviados a conquistar el mundo para sus amos oscuros, y luchan como si la victoria y la dominación fueran su derecho de nacimiento.

FuentesEditar

  • Black Library: Liber Chaotica
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