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Sin Rostro por Pat Loboyko

imagen ilustrativa

Todos los seguidores de Ranald creen que los ricos y orgullosos merecen una cura de humildad. Los Humildes opinan que esta cura debería ser a fuego, y que luego habría que echarlos a un montón de estiércol de granja.

Los Humildes suelen actuar en grupos pequeños de entre tres y seis miembros. Eligen a una figura destacada y adinerada del pueblo y conspiran para destruir su vida. Como seguidores de Ranald que son, jamás emplean la violencia directa; prefieren recurrir al robo, la calumnia, la estafa y las encerronas. En algunos casos, el objetivo acaba siendo ejecutado por crímenes que no ha cometido, pero el hacha de la justicia que siega su vida jamás es empuñada por un Humilde.

Normalmente no suelen conformarse con destruir la propiedad de sus víctimas, pues siempre les quedan amigos y contactos. Lo primero que hacen los Humildes es tratar de arruinar su reputación, fingiendo relaciones con prostitutas, tahúres y sectarios del Caos, o dando el cambiazo a cargamentos de mercancías para hacer ver que el sujeto intenta engañar a sus socios. A menudo se disfrazan como su objetivo para dejarse ver mientras se implican en negocios turbios. Los Humildes están dispuestos a adoptar la apariencia de casi cualquiera con tal de arruinar a su víctima.

El culto de Ranald no está lo bastante organizado como para condenarlos oficialmente, pero la mayoría de sus seguidores ven a los Humildes como fanáticos obsesivos que extraen demasiado placer de la miseria de los demás. Todo grupo que sobrepasase los límites delimitados por los preceptos de Ranald sería eliminado en el acto por los demás miembros del culto, pero la mayoría de los Humildes ponen mucho cuidado en respetar sus mandamientos. Después de todo, se ven a sí mismos como seguidores ortodoxos del Dios Embaucador.

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