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Emblema Guerreros del Caos

"¡Desesperad! La era de los mortales está a punto de terminar. El tiempo llega a su fin y las estrellas desaparecen del cielo. Los siniestros hijos de la oscuridad surgen ya de las tinieblas para esclavizar al mundo. Los insensatos se refugiarán en la fe o en la locura, ya que no hay otros lugares en los que ocultarse. El Reino del Caos ya ha empezado."

Anónimo

A lo largo y ancho de todo el mundo, los mortales se refugian tras los altos muros de sus ciudades en busca de protección. Fuera de estos asentamientos fortificados, bandas de seres malignos acechan en un extenso territorio de profundos bosques, altas montañas, y tierras salvajes. En el interior de las ciudades, la gente sobrevive gracias a la relativa seguridad y comodidad de la civilización. En el exterior, sólo acechan peligros, las siniestras e inhóspitas tierras salvajes y la inevitable amenaza del Caos.

En el Norte del Viejo Mundo, el poder del Caos es muy fuerte; la influencia del hombre es por su parte prácticamente inexistente. Más allá del reino humano de Kislev se extiende el Territorio Troll, una tierra árida y siniestra sobre la cual ningún hombre puede ser soberano. En ella, las criaturas del Caos luchan abiertamente entre sí por la supremacía. Gigantescos monstruos se enfrentan a muerte con sus rivales para establecer sus territorios. Las bandas de Guerreros del Caos se enfrentan entre sí sin piedad para determinar cuál es la más fuerte. Innombrables monstruosidades reinan sobre este desértico territorio. Los Dioses del Caos eligen a sus Paladines de entre los mutantes, las abominaciones y los renegados humanos que luchan sin tregua en este territorio.

Partida de guerra guerreros del caos por Adrian Smith

Los humanos aborrecen y temen el creciente poder del Caos, y tienen razones sobradas para hacerlo. La permanente amenaza de los invasores del Caos les hace recordar lo sucedido hace mucho tiempo, cuando los ejércitos del Caos avanzaron hacia el Sur saqueando y destruyendo todo lo que hallaron a su paso. Las hordas del Caos han marchado más de una vez sobre las tierras de Kislev, dispersando a los ejércitos humanos enviados a detenerles hasta estar a punto de destruir las tierras del Imperio. Detrás de los ejércitos del Caos, cabalgando sobre los vientos de la destrucción, acuden siempre los Demonios del Caos para alimentarse de los despojos. Pero las fuerzas del Caos han sido siempre vencidas hasta el momento: sus Paladines siempre han sido derrotados, y los Demonios han sido obligados a retroceder de nuevo hacia el Norte.

Pese a lo terribles que han sido estas guerras, todas las incursiones del Caos acontecidas hasta la fecha no han sido más que ensayos, simples fases en la preparación de la gran guerra que algún día tendrá lugar. Cada batalla no ha sido más que una cuidadosa puesta a prueba de las defensas humanas que un día tendrán que romperse. Según las profecías, un gran Paladín del Caos agrupará a todas las hordas del Caos y se pondrá a su cabeza en la batalla definitiva que destruirá el mundo mortal de una vez por todas. Ese momento de siniestra y fulminante gloria se acerca rápidamente. Cuando llegue, el mundo se vera consumido por el Caos, y entonces sus Paladines obtendrán su justa recompensa.

Los adoradores mortales del CaosEditar

Portada Reino del Caos (4ª Edición) por Geoff Taylor Guerreros del Caos

Los dioses no sólo libran sus batallas en el universo inmortal del Reino del Caos; sus fuerzas también luchan entre sí en el universo mortal. En innumerables mundos dispersos en el tiempo y el espacio, los Dioses del Caos luchan constantemente por la supremacía. Cada dios está decidido a conquistar todos los mundos para sí. El Viejo Mundo es uno de los campos de batalla más ferozmente disputado de todos. En él, los Dioses del Caos compiten entre ellos para conseguir la lealtad de las criaturas del Caos y las almas de los hombres.

Cada dios dirige a sus propios adoradores, aliándose a veces con los adoradores de otros dioses, y a veces enfrentándose a ellos. A medida que el mundo va sumergiéndose en la anarquía, las fuerzas del Caos van expandiéndose, y el fin del mundo se acerca.

Los Dioses del Caos cuentan con numerosos adoradores y también con muchos aliados inconscientes. Algunos están deformados por el poder del Caos; son monstruosidades con asquerosos cuerpos y peligrosos poderes mutantes. Estas criaturas son creaciones del Caos y sus lealtades están fuera de toda duda. También son los menos numerosos de entre los adoradores del Caos, ya que sus almas están esclavizadas para toda la eternidad. Los más valiosos son aquellos que ofrecen voluntariamente sus almas y aceptan libremente su condenación.

Los Dioses del Caos desean poseer seguidores mortales por encima de todo, ya que cada alma humana consagrada al Caos aumenta el poder de los Dioses y acelera la destrucción del mundo. Podría ser una sorpresa descubrir que los Dioses del Caos valoran a sus seguidores humanos mucho más que a sus propias creaciones, los Demonios que los sirven y las criaturas del Caos cuyos antecesores fueron creados por ellos. Sin embargo, esto es así porque los Demonios y los monstruos tienen poca elección sobre su naturaleza, y la única forma en que los Dioses del Caos pueden aumentar su poder es reclutando para su causa hombres y otras criaturas con libre albedrío.

Los elegidos del CaosEditar

Guerrero del Caos 8ª

Los hombres del Norte son grandes guerreros e incluso algunas de las mujeres de estas tierras demuestran tener también más fuerza y ferocidad de lo normal, superando en este sentido a las razas más débiles del Sur. Sus vidas son una lucha constante contra otras tribus y contra la naturaleza, ya que en las tierras del Norte habitan muchas criaturas víctimas de numerosas mutaciones y con una fiereza irracionalmente violenta. Además. la mayoría de estas tierras son frías y yermas, así que los alimentos son principalmente fruto de la caza. La supervivencia de una tribu depende de la fuerza y el coraje de sus guerreros. Por ello, en tiempos de escasez, la batalla por la supervivencia adquiere todo su sentido más literal.

La ambición de cualquier joven de estas tierras es convenirse en un poderoso guerrero y, en última instancia, someterse al juicio de los dioses en una ceremonia de invocación o mediante una peregrinación a las tierras más lejanas del Norte. Si el guerrero sobrevive a esta prueba, se le considerará digno de prestar servicio a los dioses y merecedor del respeto del resto de guerreros de la tribu. A estos guerreros consagrados, que han conseguido llegar al escalafón más alto de su tribu, se les denomina “los elegidos de los dioses”. A menudo, suelen presentar las marcas de sus dioses protectores, como un gran tatuaje, la marca de un hierro candente o una cicatriz marcada en la propia piel.

Guerreros del caos batalla

Cuando un guerrero ha sido elegido, se dice que su dios protector lo observa y juzga todas sus acciones. A veces, si el guerrero es especialmente poderoso, también atrae la atención de los demás dioses. El guerrero empieza a sufrir transformaciones; normalmente, dichas mutaciones lo hacen más grande y más fuerte, por lo que su piel se deteriora, se vuelve quitinosa y se convierte en una armadura natural. Todos estos cambios se consideran favorables y se aceptan como recompensas de los dioses, pues las habilidades de un guerrero se vuelven formidables a la vez que lo señalan como destinado para un futuro lleno de proezas. Aquellos especialmente favorecidos puede que regresen más veces al Reino del Caos o a ciertos lugares sagrados a lo largo de las tierras fronterizas, donde entran en contacto con sus dioses y reciben dones mayores.

A los ojos de los hombres del Norte, existe una distinción progresiva y natural entre la masa de guerreros errantes elegidos de los dioses, veteranos que forman la élite de sus ejércitos, y la minoría de guerreros cuyas recompensas extraordinarias los señalan como los líderes y guerreros más poderosos de su tribu. Pero, en realidad, son sus enemigos, mas que los propios hombres de las tierras del Norte, los que distinguen entre tres categorías: los guerreros más jóvenes que no han recibido todavía ninguna recompensa de sus dioses y a quienes denominan Bárbaros del Caos (por sus incursiones y su estilo de vida errante); los Guerreros del Caos, cuyas armaduras pesadas y su estatus dentro de su tribu los hacen fácilmente reconocibles; y los Paladines del Caos, que son líderes absolutos y los guerreros más experimentados de todos.

Cuando uno de los elegidos continúa sobresaliendo entre los demás, se convierte en Señor del Caos. Los Señores del Caos son los guerreros más poderosos del mundo y sus nombres plagan la historia. Afortunadamente para el mundo civilizado, de todos los que siguen su camino hacia el Caos, sólo uno alcanza su pináculo de perfección marcial.

Esclavos de la oscuridadEditar

Jinetes Bárbaros por Tyler James

"Son una relación de los adoradores mortales del Caos, las cuatro grandes tribus del Norte, los guerreros del Caos, y los engañados adoradores de los Dioses Oscuros que permanecen ocultos entre la sociedad humana. Son en parte también una explicación de los distintos procesos por los que los temerarios mortales que sirven a los Dioses Oscuros reciben su justa recompensa, incluyendo una discusión sobre los destinos de tales mortales a manos de los Poderes del Caos."

Anónimo
Los hombres que habitan en las tierras del Norte son en su mayor parte bárbaros y salvajes comparados con los que viven en las tierras y asentamientos del Sur. Físicamente, aunque son más robustos, no son de apariencia distinta a la del resto de los humanos y, en tiempos de paz, pueden encontrarse mercaderes del Norte vendiendo su mercancía en los mercados de ciudades tan cosmopolitas como Marienburgo, en el Oeste, y Weijin, en el Este. No obstante, en otros aspectos no se parecen en nada a los demás humanos, ya que adoran a dioses ultraterrenales y su forma de vida es mucho más brutal y primitiva. Sin embargo, lo más importante de todo es el hecho de que viven bajo la sombra del Reino del Caos y debido a eso no pueden escapar del todo de su influencia.
Horda de Bárbaros de Melkior por Chris Trevas Caballeros del Caos
Incluso en las tierras civilizadas del Sur, la mutación y la desfiguración resultan cotidianas. Por ejemplo, en el Imperio, los recién nacidos que sufren algún tipo de mutación son abandonados y aquellos que demuestran poseer una deformación, por pequeña que sea, son perseguidos y quemados en la hoguera por los temidos cazadores de brujas. En el lejano Norte, este tipo de mutaciones son tan comunes que podrían tildarse de ser casi generalizadas. Aunque a veces puede no resultar evidente, la mayoría de los habitantes del Norte presentan en su cuerpo alguna marca del Caos. Sin embargo, ellos no las consideran maldiciones o desfiguraciones, sino bendiciones concedidas por los dioses. Incluso las mutaciones más terroríficas se sienten como una señal irrefutable de que un individuo posee la marca de un dios, aunque resulta imposible juzgar si dicha marca lo señala como un elegido para la inmortalidad o bien para el olvido eterno. Los hombres del Norte suelen llevar el pelo largo y tener mucho pelo en la cara. Su piel es dura como una roca y está quemada por las grandes y fieras ventiscas. Se protegen a sí mismos de la furia de los elementos con el pelaje de los lobos, osos o bestias sin nombre que deambulan por el desierto. En sus brazos musculosos portan toscas joyas y ostentan infinitas y retorcidas cicatrices. Muchos hombres del Norte tienen horripilantes marcas y tatuajes que creen que los mantendrán a salvo del daño y atraerán la mirada de los dioses. Sobre todo aquellos que viven en el umbral del Reino del Caos tienen razones para ser supersticiosos.
Cabezas bárbaros del Caos
Las tribus del Norte son generalmente bárbaras, fieras y están sedientas de sangre. Son pueblos guerreros que suelen luchar constantemente entre ellos, contra los humanos más civilizados y más débiles del Sur, y también contra las antiguas razas que han construido sus imperios por todo el mundo. La guerra es su estado natural, por lo que libran batallas sin ningún tipo de remordimiento o prejuicio, disfrutando con la lucha y con la fuerza de sus armas, y rinden honores a los que han combatido con valentía (sean del bando que sean), mientras que desprecian a los cobardes.

Cuando el Caos está en alza, los hombres del norte se muestran muy dispuestos a dejar sus rivalidades y disputas a un lado, y son capaces de olvidar las rencillas. A medida que se extiende la noticia sobre una campaña en ciernes, las tribus de los Desiertos del Caos se unen en grandes hordas saqueadoras bajo las órdenes de un terrible Paladín del Caos, a quien seguirán hasta los confines del mundo en el nombre de la conquista. Para los hombres del Norte no hay mayor honor que combatir y perecer en los ejércitos del Caos, bajo el escrutinio de los dioses.

Bárbaros del CaosEditar

Bárbaros del Caos por Adrian Smith

En el lejano Norte se encuentra la tierra de los hielos eternos. Allí, entre los picos montañosos y las hostiles colinas, el Caos reina con poder absoluto. Es una tierra en la que pocos de los débiles habitantes del Imperio o Bretonia podrían sobrevivir. En invierno el frío es tan intenso que podría congelar a un hombre en cuestión de segundos. La tierra se encuentra bajo la sombra del Caos, y el sol rara vez es visto. Su superficie está plagada de trampas y abismos, y la tierra tiembla con frecuencia, creando nuevos peligros y enterrando a los desprevenidos. El polvo de piedra de disformidad procedente del Reino del Caos muta a las bestias que allí viven, transformándolas en nuevas y horribles formas.

Sin embargo, incluso allí, en la tierra más hostil, viven tribus de hombres. Tribus de humanos, si es que pueden ser considerados humanos, que pueblan los valles y montañas. Una tierra tan peligrosa sólo puede producir hombres peligrosos. En ella sólo los más fuertes logran sobrevivir, y ganan el derecho a la vida combatiendo contra las monstruosas criaturas de esa tierra. Sólo hay lugar para los fuertes, mientras que los débiles están condenados a desaparecer. Son hombres altos, de complexión fuerte, con una gran masa muscular y de largas extremidades. Nadie sabe cuánto tiempo llevan allí, pero son un pueblo antiguo. Algunos de los monolitos erigidos para glorificar las hazañas de los paladines de sus dioses son extremadamente antiguos, anteriores incluso a la era de Sigmar.

Bárbaro del Caos por Adrian Smith

Estos bárbaros se visten con pieles y se tatúan sus cuerpos con símbolos malignos para atraer la atención de sus dioses. Las mutaciones son algo común entre ellos, y son consideradas como una señal del favor divino. Estas tribus colectivamente son conocidas como Bárbaros, o Bárbaros del Caos, aunque de hecho están divididos en muchas tribus.

Existen innumerables tribus de Bárbaros, pero la mayoría de ellas siguen a uno de los grandes dioses totémicos. Estos son Chron o Khorne, el Mastín de la Guerra, Tchar o Tzeentch, el Gran Águila, Nurgal o Nurgle, el Gran Cuervo Carroñero y Loesh o Slaanesh, la Poderosa Serpiente. Algunos Bárbaros adoran al Gran Dios Innombrable, el Caos Absoluto, pero son mucho más raros. Cuando los volcanes que se alzan entre las montañas vomitan fuego y rocas en llamas, se cree que es una señal de sus dioses, que, según sus creencias, habitan en el lejano Norte, más allá de las Montañas del Crepúsculo.

De todas las habilidades que los hombres asocian con la civilización, los Bárbaros sólo son admirables en la fabricación de armas, ya que las Montañas del Hielo y del Crepúsculo son ricas en depósitos minerales. Los Bárbaros representarían una grave amenaza para la civilización si no estuvieran tan divididos y guerrearan continuamente entre ellos. De hecho, es una suerte el que sus tierras se encuentren separadas del Viejo Mundo por las gigantescas Montañas del Hielo.

Monolitos del Caos

Los Bárbaros tallan grandes tótems de madera que representan a sus despiadados dioses, y combaten hasta el final en su honor. La sangre fluye bajo las frías estrellas, mientras las tribus combaten entre ellas y se enfrentan con las tribus de Orcos y Hombres Bestia que vagan por la tierra.

Más allá de las Montañas del Crepúsculo se encuentra el Reino del Caos, los dominios de sus dioses. Los Elegidos, los más poderosos de entre los Bárbaros, pueden atravesar las montañas y el Mar Envenenado cuando son llamados por los dioses para servirles como Guerreros del Caos, los vasallos de los Dioses del Caos. Todo Bárbaro aspira a unirse a ellos, y se esfuerza por distinguirse en el servicio de su dios.

Se dice que las tribus esperan la llegada de un Gran Elegido del Caos, un poderoso señor, bendito por los Dioses del Caos, que unificará a todas las tribus bajo su estandarte. Los Demonios y los Hijos del Caos le servirán, y borrará de la faz de la tierra las débiles naciones de los humanos, Enanos, Elfos y cualquier otra raza que se resista al Caos. Cada Bárbaro cree que este Paladín surgirá de su propia tribu, y destruirá a las odiadas tribus rivales al igual que a los débiles Enanos y los blandengues humanos de Kislev y el Imperio. Los Bárbaros rezan por un signo de sus dioses que les indique que ha llegado el momento de alzar de nuevo sus estandartes teñidos de sangre y atacar a los pueblos libres del mundo. Ese día no está muy lejos, ya que los chamanes Bárbaros han empezado a soñar con una terrible carnicería que está por llegar, y los guerreros de los cuatro dioses totémicos afilan sus hachas, esperando ansiosamente el momento en que sus dioses lleguen para reclamar el mundo.

Guerreros del CaosEditar

Imagen Guerreros del Caos por Adrian Smith

Los Guerreros del Caos son los guerreros mortales más poderosos al servicio de los Dioses del Caos. La mayor parte son guerreros procedentes de las tribus de Bárbaros del Caos, guerreros que han demostrado poseer una habilidad y fuerza excepcional. Estos hombres que han renegado y abandonado la sociedad humana, y han sido reconocidos por los Dioses del Caos.

Muchos Guerreros del Caos proceden de las Tribus de Bárbaros del Caos, pero los hay que no. Algunos son nobles de las clases guerreras del Imperio, Kislev, Bretonia e incluso de los Reinos Élficos, aburridos de su vida y que buscan nuevas emociones, aventuras y poder. Otros son proscritos de la sociedad: piratas, bandidos y guerreros empobrecidos que no tienen ningún otro lugar a donde ir. Para ellos existe el consuelo de pertenecer a algo, aunque para ello tengan que entregar su alma.

Guerrero del caos espada

Los Guerreros del Caos son guerreros con una habilidad sin igual. Imbuidos del poder del Caos y muchas veces equipados con la poderosa Armadura del Caos, rara vez tienen rival en el combate.

Para obtener el favor de su dios que han elegido han de unirse a alguna banda de Guerreros del Caos. Como Guerreros del Caos aceptan una vida de continuo derramamiento de sangre, masacres, bandidaje y pillaje a cambio de la oportunidad de lograr el favor de su amo. Estos favores, una vez concedidos, no siempre son bien recibidos, porque los Dioses del Caos son inconstantes e inhumanos, y sus regalos muchas veces toman forma de grandes y horrorosas deformaciones físicas.

Muchos adoradores del Caos tienen tentáculos, cuernos, escamas sobre su piel, o sufren mutaciones desfigurantes de cualquier otro tipo. Sus mentes también acostumbran a resultar afectadas, quedando sujetos a accesos de rabia, imbecilidad, histeria incontrolable, y otras aberraciones del espíritu. Pero no todas las recompensas del Caos representan una desventaja. A veces, los dioses transforman a sus adoradores potenciando sus poderes físicos y mentales, concediéndoles regalos mágicos, inmunidad a las heridas, una belleza increíble, o una fuerza inmensa.

Todo Guerrero del Caos reza para que un día su dios le elija para ser uno de sus Paladines. Como Paladín recibirá mayores recompensas, e incluso puede lograr la recompensa definitiva de la inmortalidad al convertirse en Príncipe Demonio, ya que no existe nada que un dios no pueda hacer, ni favor que no pueda conceder.

Paladines del CaosEditar

Reino del Caos por Martin Hanford Señor del Caos

"Deben adorar al dios de la sangre o al padre de las plagas, deben representar las mezquinas rivalidades de sus dioses protectores y luchar entre ellos por la supremacía, pero cuando marchan a la guerra deberán unirse por la voluntad del más poderoso de su clase, y lucharán y matarán como uno solo."

Sebastinte Letrange, Guardián de L'Anguille

Aquellos que habitan en el mundo mortal, lo hacen con un constante temor del Caos. Para ellos representa una amenaza doble: ejércitos de criaturas antinaturales que asolan las fronteras de las Tierras del Norte, mientras la corruptora influencia del Caos amenaza la sociedad desde su interior.

En diversas ocasiones a lo largo de la historia del Viejo Mundo los ejércitos del Caos han atravesado las Tierras del Norte y han arrasado todo lo que han encontrado en su camino, llevando cada vez el mundo hasta el límite de la destrucción. Sólo pagando un amargo coste en sangre se ha logrado derrotar a estos inmundos ejércitos y repeler a los aullantes Demonios de nuevo hacia el Norte.

Señor del Caos por John Wigley

Estas guerras han sido las más terribles de todos los conflictos de la historia del mundo, y la destrucción provocada por ellas no tiene parangón. Pero cada guerra no ha sido sino una prueba, un ensayo, una preparación de una guerra todavía mayor que está por llegar. Cada batalla no ha sido sino un arañazo de la zarpa del Caos, probando las defensas humanas. Pronto llegará el día en que los Dioses del Caos reúnan su verdadera y horrible fuerza y ataquen el mundo. Entonces todo será consumido por el Caos y descenderá la oscuridad final para no desaparecer jamás.

Pero las monstruosidades del Caos necesitan comandantes en el campo de batalla, generales para sus ejércitos. Estos son los Paladines del Caos, los guerreros elegidos de los Dioses Oscuros.

Los Paladines del Caos más conocidos son los líderes de los Guerreros del Caos con pesadas armaduras, pero existen otros muchos grandes líderes que también adoran al Caos. Los caudillos de las tribus bárbaras reúnen bandas de guerreros para saquear el mundo civilizado. Los líderes de las sectas convocan sus seguidores a reuniones secretas en el corazón de la sociedad humana.

Señor Caos Adrian Smith c as 2114

Un hombre puede tomar el camino del Caos por muchas razones, pero muchos de ellos lo hacen porque buscan el poder supremo que sólo el Caos puede proporcionarles. Para adquirir este poder, un mortal debe atraer la atención de un Dios del Caos. No sólo debe consagrarse totalmente a ese Dios del Caos, pronunciando comprometidos juramentos de lealtad impía, sino que también debe distinguirse en su servicio al Caos si quiere atraer la atención de su Amo. Un Dios del Caos tiene muchos territorios y sirvientes a los que observar; su atención puede hallarse en cualquier otro lugar. Incluso si está observando el mundo mortal, los dioses son caprichosos en sus favores e impredecibles en la forma en que los conceden.

Khorne es quien más probablemente encuentre a sus Paladines en el fragor de la batalla, escogiendo a los Guerreros del Caos más valientes y fuertes para recompensarles posteriormente. En el caso de Tzeentch, suelen ser los multicolores vientos de los hechizos mágicos los que atraen su interés. Nurgle selecciona a los enfermos y desfigurados, aquellos marcados por la deformidad y las enfermedades. Slaanesh es el más débil de los dioses y está ansioso por seleccionar Paladines independientemente de su valor. Uno de sus trucos favoritos es el de robar los Paladines a los otros dioses, seduciendo a los mortales con su irresistible belleza.

Minios of Carnage por Brittain Scott Khorne Guerreros Caos

La historia de los Paladines del Caos, tal y como la conocen los pueblos libres del mundo, es una serie de atrocidades y amargas guerras de inigualable destrucción. La fama es fútil, y la mayor parte de los Paladines del Caos mueren antes de alcanzar sus ambiciones. Incluso si tienen éxito, lo más probable es que los inmisericordes Dioses del Caos acumulen mutación tras mutación sobre sus siervos hasta que sus cuerpos y mentes queden destruidos por la presión. Estos Engendros del Caos, como son conocidas estas mutaciones, se convierten en poco más que una temblorosa masa de tentáculos con órganos abotargados, que se arrastra por el suelo. No conservan ningún vestigio de su vida anterior, excepto un vago recuerdo de la humanidad con la que jugaron y perdieron.

Algunos Paladines del Caos se forjan su propia leyenda siniestra. Ardiendo con una llama de gloria, su infamia refulge más brillantemente que cualquier estrella, intentando capturar la atención de sus poderosos Señores. Tanto si se trata de Caudillos de los Hombres Bestia como de Señores del Caos, los seguidores de los Poderes del Caos compiten entre ellos por distinguirse ante sus Amos. Las recompensas para aquellos que encuentran el favor de los Dioses Oscuros son inmensas, pues no hay deseo que los omnipotentes Dioses del Caos no puedan conceder. La recompensa última para aquellos que alcancen mayor éxito es la concesión del don de la inmortalidad corno Príncipes Demonio de inconcebible poder.

Escudos HuestesEditar

  • Vasallos del Caos
  • Sirvientes del Caos
  • Seguidores del Caos
  • Rebeldes
  • Marionetas del Caos
  • Guerreros del Caos
  • Confluencia de Guerreros del Caos
  • Desafiadores del Sabueso
  • Desafiadores del Cuervo
  • Desafiadores del Águila
  • Desafiadores de la Serpiente
  • Partida de guerra Hung

Las tierras del norteEditar

Horda del Caos por Adrian Smith Guerreros del Caos

Alrededor del Reino del Caos, las fronteras del mundo real forman un anillo de sombras que rodea la esencia de la oscuridad que hay en su interior. Por esta razón, las tierras del Norte también son conocidas como las Tierras Sombrías, la Umbra Caótica o los Desiertos del Caos. Es en estas tierras en las que el combate entre aquellos que buscan el favor de los Dioses Oscuros es más violento. Esta extensa región forma parte del mundo material, aunque se encuentra inevitablemente corrompida por la proximidad del Reino del Caos, que irradia una intensa y peligrosa energía. Se trata de la energía de la disformidad, considerada por los hechiceros como la fuente de toda la magia. Al hallarse próximas a las fronteras del Caos, las tierras del Norte quedan inevitablemente saturadas de estas fuerzas maléficas. El poder del Caos sólo se debilita a medida que uno se distancia más del polo.

Las tierras del Norte son, en su mayor parte, desiertos helados repletos de todo tipo de horribles monstruos y locos errantes. Los cultivos no sobreviven en este lugar, puesto que la tierra es tan dura como una roca y el aullido del viento corta como una daga de puro frío. Una red de fiordos e islas cubiertas de niebla envuelve la costa, el lugar donde los norteños construyen y atan sus grandes naves con las que aterrorizan las costas del mundo conocido. En las tierras más al sur de monolitos levantados para vanagloriar a los Paladines del Caos salpican el desierto y sus superficies cuentan las leyendas de hazañas sangrientas. Enormes bastiones llenos de cráneos en la parte superior desgarran la corteza del mundo debido a las fuerzas del cambio puro, lanzan sombras a través de la nieve que danzan y parpadean cuando se cansan de las escenas de masacre y muerte. A través de este imposible paisaje de pesadilla acechan aquellos guerreros que se han pasado al Caos, deambulando por los desiertos en busca de la gloria y la guerra eterna.

Las tribus del CaosEditar

Torstein nordstrand-wolfkin skirmishers

Las tierras del norte son el hogar de muchas tribus humanas distintas. Todos son recios y duros, pues en el norte, cada día supone una lucha por sobrevivir. Los Norteños lucharán a muerte por los motivos más nimios, pero no reconocen más frontera que el horizonte ante ellos. Son nómadas por naturaleza, y tienen poca conciencia de nación o lealtad más allá de su tribu más cercana. No obstante, muchos clanes y grupos diferentes habitan las tierras del norte, y cada una tiene sus propias costumbres, creencias y rituales.

En la región del norte más próxima al Viejo Mundo viven las tribus Norses. Su región montañosa está infestada de toda suerte de bestias deformes. Son tan buenos guerreros en el mar como en la tierra, y viajan al lejano sur y al oeste en sus robustos navíos. Al este de Norsca se encuentra la manga sur del Mar Helado y, más al este, las grandes estepas que son el hogar de las tribus de los Hung, los mejores jinetes del norte, y los Kurgan. Cuando los ejércitos del Caos se reúnen para invadir el Viejo Mundo, los Kurgan forman el grueso del ejército puesto que son un pueblo numeroso y la guerra corre por sus venas. Los guerreros Kurgan son los más fieros de todos los Norteños, y los más proclives a llevar los regalos sobrenaturales de sus dioses.

La senda que conduce a la oscuridadEditar

"La Senda de la Condenación empieza en nuestra propia puerta y sólo es necesario dar la espalda al corazón y al hogar para que demos los primeros pasos por ella."

Volkmar, Gran Teogonista de Sigmar. Discurso a los Acólitos de la Orden Luminosa.
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Para los seguidores del Caos, no hay mayor gloria que el reconocimiento por parte de los Dioses Oscuros. Aunque los peligros son enormes, son compensados por la remota posibilidad de atraer la atención de los dioses, puesto que ese camino conduce a la inmortalidad. Seguirán voluntariamente un camino que solo puede conducir al poder definitivo o a la condenación, pero no hay manera de discernir el resultado hasta que es demasiado tarde.

El Camino a la GloriaEditar

El camino hacia el poder empieza al consagrarse en cuerpo y alma al Caos. Existen rituales arcanos y malditos para invocar la atención de los Poderes del Caos, diferenciándose según cuál sea el dios cuyo favor se suplica.

Matar guerreros en combate atraerá la atenta mirada del Khorne, el Dios de la Sangre; los malignos rituales mágicos agracian a Tzeentch; los ataúdes desbordantes de plaga y los más blasfemos actos de corrupción divierten a Nurgle; mientras que los excesos y las perversiones decadentes de todo tipo logran el favor de Slaanesh.

Cuando un mortal penetra en la senda del Caos no hay marcha atrás. Debe entregarse incondicionalmente al Caos. Tanto si le espera la gloria como la condenación, ha de aceptar su sino. Desde el momento en que un dios del Caos lo acepta ya no tiene escapatoria. Será esclavo de la oscuridad por toda la eternidad.

Barbaros del Caos Imagen 5ª

Los Poderes del Caos siempre están ansiosos por atraen a su causa mortales dotados de libre albedrío. Y no es, extraño que tantos se vean atraídos al servicio del Caos, puesto que los Dioses Oscuros ofrecen un camino rápido y fácil hacia el poder y el éxito. Si un Paladín se ve favorecido por su amo, podrá obtener cualquier cosa: poder, gloria, belleza divina, fuerza, inteligencia, y mucho más, ¡pero la recompensa final que todos los Paladines del Caos desean es la inmortalidad! Aquellos que estén verdaderamente consagrados al servicio de su amo serán promocionados a Demonios, conviniéndose de esta forma en un Príncipe Demonio inmortal. Entonces dejarán atrás el mundo mortal y penetrarán en el Reino del Caos para sentarse a los pies de su amo.

Incluso esto no es un final, pues siempre hay lugar para una gloria mayor. Si el Príncipe Demonio sirve bien a su amo en el campo de batalla, será recompensado. El Príncipe Demonio puede recibir mundos que gobernar en el interior del Reino del Caos, ejércitos de Demonios que mandar o naciones enteras como sus esclavos sobre uno de los incontables Mundos Infernales.

Pero sin embargo, la voluble naturaleza de sus amos no permite descanso alguno a los Paladines, que constantemente han de guerrear entre sí para lograr el favor a los ojos de sus amos. Estas luchas internas son alentadas por los propios Dioses del Caos, quienes disfrutan de diversión sin fin a través de las vicisitudes de sus siervos.

La marca del PaladínEditar

Paladin de Nurgle por Adrian Smith

Aunque los seguidores del Caos reconocen y adoran al panteón de los Dioses del Caos en pleno, la personalidad de cada uno y sus deseos acabarán por atraerles hasta el patrón cuyas tendencias y temperamento sean más similares al suyo propio. Cada Dios del Caos elige a sus Paladines con cuidado. Si los Paladines se distinguen a su servicio, el poder del dios en el mundo mortal aumenta y su influencia en el Reino del Caos es muy superior, pero si su Paladín es derrotado o, lo que es peor, asesinado por el Paladín de otro dios, su poder queda debilitado y su posición entre sus hermanos dioses disminuye. Por tanto, un dios sólo elegirá como representantes suyos a aquellos que muestren una gran determinación y lealtad.

Cuando un Dios del Caos elige a un Paladín mortal, le marca como propio. Esta marca es conocida como la Marca del Caos, y es una marca corporal con la forma de la runa del dios que indica su propiedad exclusiva sobre el Paladín. Esta runa no desfigurará necesariamente al Paladín, ya que raramente aparecerá en un lugar prominente de su cara o manos.

Desde ese momento, sus hazañas serán observadas por su patrón, y a veces también por los otros dioses. Aunque su rivalidad es encarnizada, los Dioses Oscuros sienten simpatía y antipatía hacia los Paladines de sus hermanos. Después de todo, hay alguna faceta de cada Dios del Caos en todas las almas. Si un Paladín también es considerado digno por los otros Dioses, será recompensado.

Linea de batalla del Caos Des Hanley Guerreros del Caos

Cuando un Paladín es aceptado al servicio de uno de los Dioses Oscuros, empieza a reunir seguidores. El poder y la decadencia moral siempre atraen a los débiles de voluntad, a los hambrientos de poder y a los temerarios. Esta es la razón por la que los Dioses del Caos observan a sus Paladines con tanto interés.

Cuantos más seguidores atraiga la gloria siniestra de su Paladín, mayor será el número de seguidores de su dios, y más aumentará su poder. Los Dioses del Caos dirigen a sus Paladines por medio de sueños, visiones, portentos y augurios. Esperan que sus órdenes sean obedecidas ciegamente, por muy temerarias o imposibles que parezcan. Los Dioses del Caos poseen muchos Paladines, y rara vez un sólo individuo logra divertirles por mucho tiempo. Por esto el Paladín ha de esforzarse constantemente en el servicio de su amo, para atraer su atención y sus favores.

Ejército de Slaanesh por Adrian Smith

Además de la runa física, el dios otorga a su Paladín un regalo especial, que también sirve para demostrar que el Paladín le pertenece exclusivamente a él. El primer regalo es diferente en el caso de cada uno de los dioses. Los Paladines de Khorne quedan cubiertos por una Armadura del Caos. Al Paladín le será imposible quitarse esta armadura, ya que está formada por un metal vivo que se funde con la carne del Paladín y pasa a formar parte de su cuerpo.

Las Paladines de Nurgle ven cómo sus enfermedades no siguen progresando o cómo desaparecen totalmente, ya que el regalo por la entrega de sus almas es que las enfermedades queden olvidadas mientras luchan en nombre de Nurgle. Los Paladines de Tzeentch reciben el poder de la protección mágica como recompensa por sus almas. Muchos de los elegidos por Tzeentch pasan a ser grandes Hechiceros del Caos. Los favores de Slaanesh son más sutiles. El regalo a sus Paladines es que estos no tendrán miedo a la muerte o al dolor, deleitándose en el regocijo de la batalla y riéndose de los terrores que harían enloquecer a los demás mortales.

La búsqueda del poderEditar

Portada Omens of War por Daarken Paladín del Caos

Los Paladines del Caos buscan constantemente más poder, y con él, la posibilidad de atraer la mirada de los dioses. Vagan por el Reino del Caos y más allá en busca de artefactos y monstruos que vincular a su voluntad. Estos Paladines andan a la caza permanente de rivales, con quienes libran feroces duelos, cuyo vencedor reclama los seguidores del vencido para sí. Según crecen la infamia y el poder de un Paladín, otros acuden bajo su estandarte, ya que le ven como un individuo que puede guiarles a mayores conquistas y la posibilidad de obtener más gloria individual. Del mismo modo que los hombres de las tribus del norte de poca voluntad se ven atraídos por la gloria que ofrecen los Paladines del Caos, éstos a su vez acuden tras los grandes Señores del Caos. De este modo las partidas de guerra del Caos crecen más y más hasta que las consume el fuego de la guerra, o las desbanda un conflicto interno.

Igual que los propios Dioses Oscuros, los seguidores mortales del Caos tienden a pelear entre ellos. Sin embargo, pueden apartar sus diferencias para unirse con, o manipular a los guerreros de otro dios si contribuye a alcanzar sus ambiciones y extender la guerra por el mundo. Con ese propósito, ningún pacto es imposible; un Paladín de Khorne llegará a un acuerdo con Hechiceros de Tzeentch si eso garantiza que se derrame la sangre de sus enemigos. La enemistad y egoísmo naturales de los Paladines del Caos significa que esas alianzas son frágiles, y se pueden deshacer en un abrir y cerrar de ojos, y mortales y dioses se volverán contra sus aliados sin previo aviso.

Las recompensas del PaladínEditar

Regalos del Caos por Des Hanley Paladín

Mientras las recompensas a sus otros adoradores son irregulares y ocasionales, los Paladines son frecuentemente recompensados por su Dios del Caos. Si son tenidos en gran estima por parte de su señor, los favores serán concedidos aún más rápidamente. El Paladín se ha adentrado en una senda que le llevará con gran rapidez al poder supremo, o a la perdición más inmunda. Es imposible predecir cuál será su destino final hasta que ya es demasiado tarde.

Las recompensas de los Dioses del Caos pueden adoptar formas muy extrañas. Las mutaciones físicas son las más habituales. Un Paladín puede ser bendecido con gran fuerza y resistencia física, le pueden crecer cuernos en la frente, de sus manos pueden brotar largas garras afiladas, sus dientes pueden alargarse hasta convenirse en unos afilados colmillos y su piel puede volverse resistente y escamosa como la piel de un Dragón. Estos son tan sólo unos pocos ejemplos de los tipos más frecuentes de Regalos del Caos, como suelen denominarse estas deformidades.

Otros tipos de regalos pueden implicar el crecimiento de aguijones por todo el cuerpo del Paladín, que su piel desprenda fuego en grandes llamaradas, que sus miembros crezcan y desarrollen articulaciones adicionales, que sus cuerpos se transformen adoptando formas monstruosas, y que crezcan miembros o cabezas adicionales. Estas mutaciones físicas no son necesariamente contraproducentes; a menudo proporcionan habilidades útiles, especialmente en combate, donde los cuernos y las garras pueden utilizarse contra el enemigo.

Elegido de Caos por Karl Kopinski

No es raro que los dioses otorguen a sus elegidos una grotesca unión de cuerpo, armas y armadura. Sus espadas serán tan parte de su cuerpo como sus propias manos, y su armadura se fundirá con la carne, como una segunda piel que jamás podrán quitarse. Para quienes lo ven, se trata de un síntoma de gran favor, ya que el Paladín se transforma en un guerrero verdadero, una indomable fusión de garras mutantes, acero y tendones.

Existen otras recompensas que pueden afectar a la mente del Paladín. Puede convertirse en un imbécil balbuceante, o verse privado del habla o cualquier otro sentido. Puede conseguir un oído muy sensible, una vista muy aguda, o ser inmune al dolor. Puede conseguir poderes mágicos, especialmente si recibe los favores de Tzeentch, o hacerse resistente a sus efectos. Si el Paladín adora a Khorne, puede ser recompensado con una fuerza espectacular, habilidades marciales superiores a las de cualquier humano, o ser totalmente inmune al miedo.

Algunas recompensas pueden ser objetos o seguidores, como una espada mágica o un Familiar del Caos. Las armas mágicas más poderosas son las espadas demoníacas, armas que contienen Demonios atrapados en su interior, y que son capaces de comunicarse con su propietario en nombre de los Dioses del Caos. Los Familiares son frecuentemente regalos que reciben los Hechiceros del Caos, aunque los guerreros también son a veces recompensados con bestias demoníacas para que luchen junto a ellos. No hay ninguna transformación que los Dioses del Caos no puedan realizar, ni poder alguno que no puedan conceder.

Príncipe Demonio de Khorne

La mayor recompensa que puede recibir un Paladín del Caos es obtener el don de la inmortalidad, convirtiéndose así en una criatura demoníaca cuyo cuerpo esté henchido de energía arcana, y cuyos deseos pueden ser satisfechos en el Reino del Caos por toda la eternidad. De esta forma, los dioses convierten a sus Paladines favoritos en Príncipes Demonio, que recorren a su vez los reinos de los mortales en busca de Paladines que merezcan ser reclutados o recompensados por su Señor. Un Paladín solamente puede convertirse en Demonio si sobrevive a los regalos que ha recibido.

Para los aspirantes menos afortunados, la última recompensa por vender su alma será una sepultura sin señalizar sobre algún campo de batalla cubierto de cadáveres, después de que los cuervos hayan devorado su cuerpo. Sin embargo, una horripilante muerte no es el peor destino que pueda padecer quien ha seguido la senda del Caos, porque los dioses son inhumanos y caprichosos, por lo que no hacen distinciones entre los regalos que favorecen y los que representan una maldición. Incluso los Señores del Caos más aclamados pueden verse desfigurados y transformados en un instante, con el cuerpo arruinado por una multitud de mutaciones y destinados a una vida de absurda violencia con el único fin de entretener a los Dioses Oscuros.

La condenación eternaEditar

Maldito de Ryan Barger

La mayoría de Paladines del Caos reciben regalos tan desfigurantes y debilitantes que no son merecedores de la inmortalidad demoníaca. Cuando un Guerrero del Caos enfada a su dios protector, las mutaciones que sufre son tan crueles que deja el camino de grandeza para convertirse en poco más que un maníaco que sólo existe para aniquilar y aniquilar. Estos seres desafortunados se conocen como Malditos.

Además, cuando un Guerrero del Caos recibe muchas de estas dudosas recompensas de los Poderes Ruinosos, su estructura mortal es incapaz de contener las energías arcanas que hierven en su interior. Cuando alcanza este punto, la mente y cuerpo del guerrero correrán como si fueran cera, y se reorganizará mediante la cruel esencia del Caos hasta que se convierta en una monstruosa masa de carne y colmillos cuya forma desafía toda lógica y cuya mente es una tormenta de ira y dolor. Lo que a una vez se consideraba hombre, ahora se le conoce como Engendro del Caos.

Maldito del caos

Aunque un dios puede convertir a su Paladín en un Engendro del Caos si se disgusta realmente con él, es igual de probable que convierta al Paladín en un Engendro del Caos como consecuencia de acumular inadvertida y despreocupadamente en su persona más de un regalo que provoque una grave desfiguración y sea mentalmente muy destructivos, convirtiéndolo sin remedio en una criatura amorfa y estúpida.

Los Engendros del Caos son poco más que bestias impulsadas por un tenue vestigio de inteligencia. Algunos son totalmente estúpidos, mientras que otros están atormentados por fugaces recuerdos de su anterior gloria. Pocos Engendros del Caos parecen, ni tan sólo remotamente, humanos, pareciéndose a una gran cantidad de criaturas fundidas en una sola bestia de obscena anatomía. Algunos Engendros del Caos son realmente poderosos.

Los Paladínes que acaban convertidos en Engendros del Caos huyen a veces para ocultarse en la profundidad de los bosques, pero con mucha frecuencia, en vez de ser injuriados por los suyos, permanecen junto a su antigua banda de Guerreros del Caos, que les ofrecen protección y alimento para seguir luchando en las batallas ayudando a sus antiguos camaradas. Es más, en algunos casos, aunque sus formas sean repulsivas, estos farfullantes seres que fueron hombres son venerados por sus camaradas, puesto que los hombres del Norte creen que es mejor vivir aunque sea de un modo breve y con la más vil de las existencias a instancias de los dioses que llegar a envejecer sin atraer su atención.

Las incursiones del CaosEditar

Horda del Caos por Adrian Smith Guerreros

Cuando los Dioses del Caos llaman a sus fieles a la guerra, las tribus del Norte se reúnen. Son los elegidos y los paladines legendarios los que sienten el poder de la llamada con mayor intensidad, pero ni siquiera los guerreros más jóvenes pueden evitar acudir a esta llamada. El Reino del Caos se encuentra rebosante de poder y desde sus límites se extienden unos sinuosos tentáculos de energía en dirección al Sur. A medida que el espacio empieza a contorsionarse debido a la incursión del Reino del Caos en las tierras de las mortales, la zona de penumbra que rodea este reino también se irá extendiendo hacia el Sur. Los ejércitos del Caos avanzan bajo esa sombra (o, según dicen algunos, son impelidos por ella), dado que, a la vez que la oscuridad va engullendo sus tierras natales, las tribus se ven obligadas inevitablemente a avanzar hacia el Sur.

Mientras las fronteras del Reino del Caos se expanden y se extienden, los Vientos de la Magia soplan con fuerza y el poder de la magia en estado puro penetra en el mundo. Se dice que los elegidos son capaces de sentir este poder de igual manera que un hombre ordinario puede sentir el viento o ver las olas sobre el mar y hasta en las tierras más al Sur existe la extendida creencia de que los hechiceros pueden ver las emanaciones mágicas que resultan invisibles para los demás. A lomos de este viento cabalgan las criaturas del Reino del Caos (tales como Demonios y espíritus), los dioses menores de las tribus e incluso, según algunos, hasta los mismísimos Dioses del Caos, ya que los espíritus se nutren de esta fuerza del mismo modo que los hombres respiran el aire y los peces el agua. Solo los vendavales de energía más fuertes y duraderos hacen posible que las criaturas más poderosas y más grandes puedan existir en el mundo de los mortales.

Batalla Imperio contra Guerreros del Caos por Dave Gallagher

Afortunadamente para los mortales, el poder del Caos siempre ha ido creciendo y decreciendo a la par que sus zarcillos aumentan y disminuyen de tamaño y la mayoría del tiempo las sombras permanecen cerca del polo y a mucha distancia de las tierras del Sur. La cuestión de si el flujo y el reflujo del Caos es un fenómeno aleatorio y natural, suponiendo que un lugar tan antinatural se rija por leyes naturales, o si actúa siguiendo los propósitos de una inteligencia superior es algo que resulta imposible de averiguar. De todas formas, quizá haya que hacer caso de los hombres del Norte, que creen que los designios de los dioses no son asunto de los mortales.

Dioses y hombresEditar

WAR Monolito del Caos

Los humanos del Norte son fundamentalmente iguales que sus congéneres del Sur, excepto por sus costumbres y su apariencia. Las diferencias entre los hombres del Norte y los del Sur son comparables a las diferencias entre hombres y Enanos, o entre hombres y Elfos. Esta similitud, por supuesto, no impide la guerra y la disputa entre las diferentes civilizaciones. Después de todo, aunque todas las sociedades humanas comparten un mismo patrimonio y pertenecen a la misma raza, en el fondo de sus corazones albergan un deseo de conquista y control.

En el Norte, cada día supone una lucha por la supervivencia, puesto que los dioses se divierten con sus macabros juegos, usando a la humanidad como títere. La crueldad de los Desiertos del Norte no fomenta el lujo de la introspección y el estudio en los diferentes asuntos arcanos. Los dioses simplemente existen, como el viento y la noche, entidades poderosas que moldean la carne humana y las tierras heladas a su antojo formando nuevas y grotescas formas. Resentirse por estos asuntos sería tan inútil como resentirse de la puesta de sol, de la salida de la luna o de otras fuerzas de la naturaleza.

Monolito del Caos por Michael Phillippi

Debido a la omnipresencia de los Dioses Oscuros en el Norte, los hombres que allí forjan sus vidas son completamente devotos, realizando sacrificios humanos para ofrecerles los cadáveres de aquellos que han matado en el campo de batalla cada día. Para los hombres de las tierras del Norte, tener la bendición de sus dioses es una parte vital y gloriosa de sus vidas. Un hombre del Norte conversa con sus divinidades directamente, dedicando su cuerpo y alma a sus dioses, en vez de ofrecerles plegarias a instancias de sacerdotes beatos o de patriarcas estrechos de miras.

Los Dioses Oscuros son fuerzas poderosas que se mantienen tras las tribus del Caos, recompensando a los valientes, confundiendo a sus adversarios y destruyendo a los dioses más débiles de las tierras del Sur. Juegan con las vidas y sueños de los hombres como malvados niños jugando a tapar los nidos de hormigas, puesto que las vidas y ambiciones de los dioses mortales son tan cortas e insignificantes como la de los insectos. Son temidos por todas las razas de hombres, incluso por aquellos que susurran sus nombres en lo más profundo de la noche. Bárbaros y primitivos, los Dioses Oscuros son más crueles que los refinados, sofisticados y civilizados dioses del Sur. Se conocen varias guerras legendarias en los cielos entre los dioses de los hombres, de los Enanos y de los Elfos.

Los dioses cobran vida porque son creados inconscientemente en las mentes de los mortales. La idea de dioses da vida a estas entidades y los dota con el poder del bien y de la maldad. En las mentes de los hombres nacen espíritus de diferentes tipos, pero todos son creaciones del vicio y virtud mortal, de la fuerza y fragilidad mortal, desde el más grande al más ligero, y desde el más noble al más plebeyo. Este es el panteón del Caos, una oscura reflexión de la propia naturaleza humana.

El Panteón del CaosEditar

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De todos estos dioses, los más poderosos son los cuatro denominados Dioses Oscuros. Estas inconscientes creaciones formadas a partir de las emociones más poderosas del subconsciente humano se pueden resumir (más o menos) en rabia, esperanza, desesperación y placer. Son: Khorne, el Dios de la Sangre, cuyos rugidos de rabia resuenan por todo el mundo; Tzeentch, El Que Cambia las Cosas y señor del devenir del tiempo; Nurgle, Señor de la Descomposición, que rezuma corrupción; y Slaanesh, el Príncipe Negro, macho o hembra, cuya belleza es tal que una sola mirada condena a un mortal a su servicio eterno.

La gran mayoría de los que viven bajo el umbral del Caos adoran a estos cuatro hermanos de la oscuridad. Un guerrero en una gran conquista realizará sacrificios para Khorne para que guíe su espada hacia los obstáculos con los que se encuentre, pedirá clemencia a Nurgle para que su expedición esté libre de cansancio o enfermedad, invocará a Tzeentch para que los océanos y vientos estén a su favor, e implorará a Slaanesh para que su victoria sea tanto gloriosa como depravada. Cada faceta de vida del Norte es la provincia de uno dé los cuatro Dioses y será la diferencia entre un hombre valiente y un inepto la que rechace uno en favor de otro.

Sin embargo, algunos adoptan a un solo Dios como patrón, reconociendo a las otras divinidades, pero ofreciéndose completamente al poder de uno por encima de los otros. Estos son los Guerreros del Caos más extravagantes y devotos, puesto que son los más favorecidos a cambio de su total dedicación. Aunque este tipo de mortales hacen un trato impío para aliarse permanentemente con un dios y aprovecharse del poder que esta relación les da, acaban delegando conforme progresa su oscuro camino. Finalmente, se convierten en poco más que una extensión de la voluntad de su dios inmortal.

Supersticiones tribalesEditar

Ojo de Morkar

Los Norteños son gente extremadamente supersticiosa. Creen en las profecías, presagios y augurios en los cielos. Incluso los guerreros de menor rango llevarán una baratija o dos para protegerse de la magia, o atraer el favor de los dioses. Estos amuletos van desde la tradicional pata de conejo amarrada con pelo de bruja, o picos de cuervos con runas grabadas hasta talismanes más esotéricos que no están al alcance de hombres normales.

Se cree que la lengua desecada de un Portador de Plaga otorga poder sobre las enfermedades, o que el colmillo de un Mastín de Khorne da valor para enfrentarse a cualquier enemigo, y que el ojo de una Cocatriz hará que encuentren piedras preciosas. Muchos hombres se tatúan símbolos de poder maligno o se marcan a fuego runas de abjuración para atraer aún más el favor de sus oscuros señores. Otros cortan su propia carne antes de la batalla y se embadurnan de sangre caliente, creyendo que esos símbolos de devoción les protegerán de las gélidas garras de la muerte. Es irrelevante si esas protecciones funcionan o no, los Norteños creen en ellas como en que saldrá el sol.

Tempestad de Eldritch por Clint Langley Hechicero del Caos

Dada la omnipresencia de los Dioses Oscuros en el norte, los hombres que viven allí son devotos adoradores del Caos, y ofrendan a diario las muertes de aquellos a quienes matan en la batalla. Las mutaciones son algo normal en las tierras del norte, pero a diferencia de las tierras del sur, donde tales deformaciones son aborrecidas, los pueblos del lejano norte las ven como una marca del favor divino. Para los norteños, las deidades oscuras son una parte fundamental y gloriosa de sus vidas. Un hombre del norte está en comunión directa con sus dioses y les consagra su cuerpo y alma, en lugar de ofrecerles plegarias a instancias de sacerdotes beatos o de patriarcas estrechos de miras.

La ambición de todo norteño es convertirse en un guerrero poderoso y, en última instancia, someterse al juicio de los dioses peregrinando al lejano norte. Aunque la gran mayoría morirá en el intento, ocasionalmente se alzará un guerrero lo bastante fuerte y decidido para que los dioses lo erijan en uno de sus Paladines. Estos guerreros elegidos poseen el rango más alto entre los mortales de su tribu, quienes seguirán al Paladín del Caos con una devoción fanática.

Las Hordas Malditas Editar

Guerreros del Caos por Adrian Smith

Los bárbaros del norte son brutales guerreros sedientos de sangre, salvajes y feroces. La guerra es su estado natural y la libran sin prejuicios, regocijándose en la batalla y en la fuerza en las armas. Cuando el Caos asciende, los hombres del norte están más dispuestos a dejar de lado sus rivalidades y disputas. A medida que se corre la voz de un conflicto venidero, las tribus se reúnen en grandes hordas, bajo el mando de un cruel Campeón del Caos, a quien seguirán hasta los confines de la tierra en nombre de la conquista. Para los hombres del norte, no hay mayor honor que pelear y perecer bajo la mirada de los dioses. Aunque los riesgos son grandes, incluso las posibilidades más pequeñas de obtener el último regalo de la inmortalidad son mayores. Sin pensarlo dos veces, se encaminan por un sendero que los llevará al poder supremo o la condena y la muerte.

Los ejércitos del Caos en su conjunto son muy diversos, y son extremadamente temidos y horriblemente poderosos. Una gran diversidad de tribus forman el grueso de muchos ejércitos del Caos, desde los guerreros de los Aesling hasta los fugaces arqueros a caballo de los Khazags. Todos y cada uno de los hombres del Norte, desde el saqueador más humilde hasta el Señor del Caos más célebre han nacido y han sido moldeados desde su nacimiento para ser el mejor de los guerreros. Como resultado, casi todos los hombres del norte son un rival mas que digno incluso para la élite de los reinos del sur. El conflicto y la conquista se consideran el alma de las tierras del norte.

Una infinidad de guerreros marchan para cumplir los designios de sus oscuros dioses. Los terribles Guerreros del Caos guardan las espaldas a los Campeones del Caos, mientras los demoníacos Malditos devastan las lineas enemigas. Todo tipo de bestias impías marchan junto a las hordas caóticas, corrompidas en cuerpo y alma por los terribles dioses del Caos. Y todos ellos son guiados a la batalla por los Señores del Caos, guerreros que se han ganado, a través de la sangre y la carnicería, el mayor favor entre las tribus de los hombres del norte, cuyas acciones han destruido ejércitos a su antojo y cuyas habilidades en el manejo de las armas han decapitado a los campeones rivales por docenas. Ser un Señor del Caos significa comandar el mayor poder entre las tribus del Norte, y con tal poder y favor a su alcance, estos Señores del Caos llevarán a los ejércitos de los Dioses Oscuros a sus horribles cruzadas contra los débiles reinos del sur. Contra tal enemigo, se dice que solo el más grande de los héroes tendrá la oportunidad de detener su reinado de terror antes de que se extienda por las tierras del Viejo Mundo.

Héroes Editar

Unidades Editar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: El Caos (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Reino del Caos (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Paladines del Caos (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Hordas del Caos (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (8ª Edición).
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