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Templo de Vaul por Marco Caradonna

Al sur del reino de Caledor se encuentra la Forja de Vaul, el más fiero de todos los volcanes existentes. Situado en el extremo final de las Espinazo del Dragón, y separado del resto de las montañas por una vasto valle, este pico solitario proyecta su sombra sobre la costa, envuelto por nubes y gases.

Sobre esta isla negra centelleante se asienta el gran Templo de Vaul, el mayor santuario consagrado al tullido dios herrero de los elfos. Vaul es el Hacedor. Está lisiado y ciego, herido en las guerras ancestrales de los dioses cuando desafió el poder de Khaine, el Dios de la Guerra. Vaul está encadenado a su yunque para toda la eternidad, esclavizado a la voluntad de Khaine y obligado a forjar armas mágicas de un poder extraordinario para el Dios de la Guerra en una batalla interminable contra el gran enemigo.

En la ladera de roca negra de este volcán se había cavado un sendero de escalones que ascienden, serpenteando por la pronunciada pendiente, hasta la boca de un túnel flanqueada por dos gigantescos pilares. Sobre cada una de las columnas se alza una estatua de Vaul con las piernas flexionadas; en la de la izquierda, el dios de los artífices trabaja sobre un yunque, con un martillo de rayos en las manos; en la otra, aparece encadenado, sollozando sobre la Espada de Khaine que había forjado. En su interior, el estruendo de los, martillos resuenan por los austeros pasillos, y el olor a azufre está presente en cada bocanada de aire que se inspira. Las paredes de roca lisa del templo están cubiertas de gruesos tapices en los que se representa a Vaul y a sus sacerdotes forjando armas para Aenarion, al igual que también por más estatuas del dios de los herreros enarbolando el martillo de rayos. Un laberinto de túneles recorren el volcán en el que se había excavado el templo.

El templo principal descansa en una gran torre de adamantio negro que se eleva por encima de la humeante lava que sale del cráter del volcán. Para alcanzar el templo, hay que atravesar un estrecho puente levadizo de puroacero. Cuando se alcanza la parte más alta de la construcción en forma de arco, dos descomunales puertas de bronce se abren dejando salir las centelleantes luces de los hornos, al tiempo que se nota un flujo de magia deslizándose por las puertas abiertas. En el interior del templo, los sacerdotes ciegos de Vaul forjan armas de poder y artefactos de una astucia infinita para el uso de los señores élficos. El bullente mar de fuego es controlado por guardas mágicas que lo desvían hasta los hornos del templo-forja. Hay varios yunques y mesas de trabajo, pero en el centro de la estancia se levanta el altar-yunque principal.

Los sacerdotes de Vaul se quedan ciegos voluntariamente en un ritual para entrar en la Orden de Vaul. El acto tiene un significado que va más allá de que el sacerdote pierda la vista; pues, aunque pierden su visión terrena, ganan algo más a cambio. Por esta acción se les recompensa con la habilidad y perspicacia de su deidad patrón y también con la comprensión de la pena y el sufrimiento sufrido por Vaul para proteger a los Elfos. Este conocimiento y sabiduría les permite aprovechar los vientos de la magia y crear armas encantadas de una potencia increíble con las que los Altos Elfos luchan en las guerras para proteger Ulthuan.

Fuente Editar

  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (7ª Edición).
  • Novela: La trilogía de la Secesión, Caledor por Gav Thorpe.
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