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Fatandira

Durante generaciones, los nómadas de Arabia han deambulado por los Reinos Fronterizos, incluso desde los tiempos del Imperio Nehekhariano. De ellos viene Fatandira. Nacida de una familia de vendedores ambulantes y artistas, ella y su hermano gemelo Parandir viajaron con sus padres en su juventud, yendo de un lado a otro en el carro comunitario de su amplia familia. Paraban en cada pueblo, acampaban, actuaban, ganaban algunas monedas, compraban suministros y luego continuaban antes de que los habitantes inevitablemente se volvieran suspicaces. Fatandira se esforzó por aprender el oficio de su madre pero carecía de la gracia necesaria para ser bailarina y la sutileza para ser adivina. Finalmente sus padres se dieron por vencidos y la pusieron a atender los caballos y el ganado - probablemente la única razón por la que sobrevivió.

Todo cambió después de que una aldea sin nombre acusara a su familia de robar. Ya había ocurrido antes, y ella y su familia sabían que ocurriría de nuevo. Esto simplemente indicaba que era el momento de continuar. Mientras su familia se preparaba para salir, Fatandira atendió a los caballos, colocándolos de vuelta a la parte delantera del carro, pero saliendo de la nada, los aldeanos atacaron. Superaron a su familia a pesar del valiente intento de rechazarlos. Fatandira tuvo la claridad mental para saltar sobre uno de los caballos y huir más allá de los enloquecidos aldeanos, aunque no sin antes recibir graves heridas. Cabalgó hasta que se derrumbó por la pérdida de sangre, la fatiga y el dolor.

Dos días después, un familiar la encontró delirando en el desierto. La noticia del ataque se había extendido y se supo que los aldeanos torturaron a la madre y el hermano de Fatandira, obligándoles a confesar por brujería y quemándoles en la hoguera por ello. Fatandira juró vengarse, y cuando pudo, se fue en busca de un mentor que la entrenara. Le llevó meses, pero finalmente encontró un hombre que lo haría.

Durante los siguientes tres años trabajó incansablemente. Cuando estuvo preparada, salió y se dirigió a la aldea que arruinó su vida. Acechó entre los edificios en la oscuridad de la noche, moviéndose silenciosamente de casa en casa. Cuando salió el sol, solo quedaban cadáveres, ya que había sido tan silenciosa que nadie había tenido oportunidad de dar la alarma.

Tomada la venganza, estaba vacía, sin propósito. No había disfrutado matando, aunque tampoco se arrepentía de ello. Su antigua vida era ceniza: nunca podría regresar. Pero tampoco quería ser una guerrera, a pesar de su gran habilidad. Tras pensarlo mucho, decidió que era su deber, su destino, sacar a la gente de su ignorancia, para evitarles que se volvieran tan paranoicos y despiadados como los aldeanos que mataron a su familia. Para hacerlo, tendría que gobernarles. En el año que siguió, Fatandira sirvió como soldado y mercenaria, siempre vigilante, siempre buscando soldados con sentido común y talento. Invitaría a unirse a ella a los que satisficieran sus normas. Lo que empezó como un goteo se convirtió en un diluvio, y finalmente amasó un pequeño ejército de leales y peligrosos guerreros.

Para completar su misión se dispuso a conquistar la tierra. Seleccionó un territorio a lo largo de las Montañas del Fin del Mundo, suponiendo que ahí al menos solo podía ser atacada por tres lados. Se asentó en un espacio entre las secciones del Río Aullante, un trozo de tierra que conducía directamente al Paso del Perro Loco. Era un lugar conveniente, particularmente protegido por ríos y montañas y con una valiosa ruta comercial. Condujo a sus hombres en asaltos sobre cada aldea conquistándolas una por una hasta que finalmente todas se rindieron. Se auto nombró príncipe y ha gobernado desde entonces. Aunque muchos han tratado de aplastar su pequeño principado, su coraje y determinación junto con las espadas de sus seguidores han rechazado todos los intentos. Sus leyenda ha llegado hasta Arabia, donde el mismo Gran Sultán se ha interesado por enviarle ayuda para asegurar una importante posición en los Reinos Fronterizos. Fatandira cuenta con multitud de caballería, y su ejército se caracteriza por una excelente velocidad y capacidad de maniobra.

Objetivos Editar

Fatandira se ve como una monarca ilustrada. Aunque forja sus tierras a sangre y fuego, busca crear una tierra libre de la intolerancia y odio que aprisiona las mentes de los Fronterizos. Como árabe, Fatandira reclama las tierras de los Reinos Fronterizos y más allá, pues en los albores de la civilización, cuando el Imperio no eran más que tribus bárbaras, los árabes gobernaban estas tierras y muchas otras. Gracias al apoyo de los Tronos Dorados de Al-Haikk, y a la promesa de recursos de Padishah el Grande, Fatandira utilizará sus fuerzas para aumentar su poder y territorio a lo largo de los Reinos Fronterizos, siendo una verdadera amenaza para el resto de gobernantes.

A Fatandira no le gusta Levrellian, él cual se burla de ella por ser mujer, ni Haflok, porque la mira con aires de superioridad tanto por su sexo como por herencia, y hace comentarios velados sobre que los nómadas son poco más que animales. Le encantaría ver muertos a ambos pero sabe que no es lo suficientemente fuerte para enfrentarse a ambos aún. También reconoce que Haflok es escudo excelente contra los Orcos de la Garra de Hierro del sur, mientras que Levrellian obstruye la invasión de otros aspirantes a gobernantes desde el norte o el este. Puede negociar con ambos hombres, y ninguno ha hecho todavía una jugada por sus tierras. Por ahora está contenta, pues cada vez más pueblos y aldeas caen bajo su control, y pronto sus fuerzas no tendrán rival en estas tierras. Si sus victorias continuasen, quizás incluso Padishah acabase por concederle el título de Sultana.

Personalidad Editar

Fatandira es una mujer astuta, con buen ojo y voluntad de hierro. Puede ser tímida y sutil si es necesario pero prefiere la franqueza. No aprueba mentir, engañar, robar o cualquier otra falta que a menudo se supone de su pueblo. No tiene reparos en luchar por el control pero también acepta tratos y otros acuerdos. Sin embargo, si alguien rompe un juramento con ella una vez, nunca confiará de nuevo en esa persona. Se enfada mucho cuando alguien la infravalora, especialmente uno de sus compañeros príncipes. Su habilidad como general es indiscutible, especialmente en el uso de caballería ligera.

Apariencia Editar

Fatandira es una mujer de baja estatura, de piel oscura, pelo negro, grandes ojos oscuros, busto generoso y cara hermosa, con facciones y rasgos fuertes. Está muy en forma y no tiene ni una pizca de grasa, lo que disminuye aún más cualquier curva que de otra forma podría tener. Fatandira viste ropa sencilla y práctica, y prefiere pantalones a vestidos, pero luce un porte elegante y orgulloso. Siempre porta una cimitarra en su costado, y su apariencia denota su larga experiencia en combate. Tiene unos reflejos realmente temibles, y no se esfuerza en ocultarlo.

Para ocasiones más formales, Fatandira porta un largo vestido rojo, típico de su tierra natal, y lleva su larga melena suelta, pues normalmente se la recoge en un tocado. Tanto en sus estancias como en sus complementos se puede deducir su origen árabe, pues la efusiva decoración, los dulces aromas y las obras de arte recuerdan a su lejano hogar. Sus costumbres árabes trascienden lo estético, y condicionan su visión religiosa, pues Fatandira no tolera el Culto a Sigmar en sus tierras.

Fuentes Editar

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