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Exorcista

"El paciente responde al símbolo sagrado de Ulric pero no al de Sigmar; lo tendré que estudiar para determinar el mejor curso de acción. Confío en que podamos identificar y expulsar al espíritu en mi próxima visita."

Exorcista anónimo

Los Exorcistas dedican sus vidas a la caza y la expulsión de los no-muertos, demonios, fantasmas y de aquellos que los invocan. No son iguales que los cazadores de brujas; aunque sus objetivos son similares, sus métodos son completamente distintos. Los exorcistas suelen ser miembros pertenecientes de las distintas religiones establecidas del Viejo Mundo (Ulric, Morr, Verena,… pero especialmente Sigmar), que emplean el poder de su dios para liberar a los mortales de las garras de los fantasmas,y demonios.

Los cazadores de brujas aborrecen la hechicería, mientras que los exorcistas aprenden aspectos de las artes de la nigromancia y la demonología para usarlas contra las fuerzas de la oscuridad. Están movidos por un ferviente deseo de erradicar todo rastro de estas perversas artes.

DescripciónEditar

Entre los muchos peligros (naturales y sobrenaturales) a los que se enfrentan los habitantes del Viejo Mundo se incluye la posesión por parte de entidades maléficas, tales como fantasmas o seres demoníacos entre otros. Ansiosos por causar daños en el mundo de los vivos, estas entidades ocupan el cuerpo de sus víctimas con el objetivo de sembrar tanto caos como les sea posible. Algunos carecen casi por completo de inteligencia y obligan a sus anfitriones a despliegues de violencia que casi siempre acaban con la muerte de todos los implicados. Otros actúan de manera más sutil y utilizan a los involuntarios amigos, familiares y asociados de la víctima para ayudarle a ejecutar actos horrendos. Entre las no muertos, la posesión suele reflejar un deseo de reanudar la vida que llevaba el espíritu en el pasado, volver cerca de alguien amado, o cobrarse venganza.

Para luchar contra esta vil amenaza y, en la medida de lo posible, salvar la vida y el alma de la víctima poseída, algunos cultos han designado a individuos concretos como especialistas en la expulsión de estos espíritus. Los exorcistas pasan innumerables horas inclinados sobre tomos de conocimientos arcanos. Son hombres y mujeres de gran dedicación y fuerte voluntad; han de serlo, pues cada exorcismo es una prueba de fe y de voluntad entre el exorcista y el espíritu. Sin embargo, algunos se vienen abajo por la presión, con lo cual pierden su licencia y su carrera. Otros se corrompen a causa de todo el saber que han estudiado tan asiduamente y pasan a servir a los poderes contra los que una vez lucharon.

La piedra angular de la expulsión de una entidad demoníaca es el ritual de exorcismo. Casi nadie ajeno al culto de Sigmar y a los cazadores de brujas que han sido formados como sacerdotes conocen este poderoso ritual. Aunque muchos pueden aprender el método y las palabras necesarias para el ritual, muy poco poseen la determinación que se requiere para enfrentarse al Caos en su forma más horrible. Para convertirse en exorcista sagrado, es preciso estar en perfecta forma física, no haber superado la mediana edad y estar especialmente entregado a la fe religiosa. El Caos emplea numerosas artimañas, y los demonios buscan cualquier debilidad que puedan explotar para derrotar a los hombres santos de Heldenhammer. Ha habido demasiados aspirantes a exorcistas que han resultado física o mentalmente destruidos por el poder de un demonio.

ClasesEditar

Exorcismo

Hay tres clases de exorcistas. La primera y más común es religiosa: iniciados al sacerdocio entrenados por cábalas secretas dentro de uno de los templos (a menudo los de Sigmar, pero no siempre) en las oscuras artes que les mandarían a la hoguera por adoradores del Caos si fueran descubiertos. Tienen simpatizantes dentro de algunos de los colegios de la magia que están dispuestos a concederles licencias para que así puedan practicar su arte más abiertamente; pero como la concesión de licencias está vigilada tan de cerca, cada año sólo se otorgan unas pocas de esta manera. Algunos cazadores de brujas son reclutados para la profesión de este modo.

La segunda clase de exorcista es la dinástica: el exorcismo está en su sangre y poseen un talento natural para él. Las habilidades de exorcismo y el conocimiento secreto de demonios, el mundo espiritual y la naturaleza de los No Muertos son transmitidos de generación en generación, de padre a hijo. Sólo hay unas pocas familias de éstas en el Viejo Mundo, y aunque sospechan que puede haber otras como ellas, no tienen contacto entre ellas.

La tercera clase de exorcista es la más rara: el nigromante o el demonologista que ha conseguido liberarse de su perversa profesión y que ha jurado destruir todo rastro de ella y de los que la siguen.

La vida de un ExorcistaEditar

"Jamas le he encontrado sentido a un exorcismo, Ni el peligro que se corre al ser exorcista ni el individuo al que salvas merecen la pena. Según mi experiencia, el fuego es la única solución a una posesión demoníaca."

Kleber Reinhard, Cazador de brujas

La vida del exorcista es solitaria. Al margen de su entrenamiento, la mayoría se pasan la vida viajando de un lugar a otro, ocupándose de apariciones, posesiones y otros fenómenos sobrenaturales allá donde ocurren. Debido a la naturaleza de su trabajo, el exorcista también será experto a la hora de detectar y desenmascarar engaños, situaciones donde las actividades sobrenaturales son falsas por una u otra razón.

No son pocos los que se ven obligados a trabajar en secreto, como los magos tradicionales, y tienen contra ellos a la comunidad mágica oficial y a la sobrenatural. La mayoría nunca se reúne con otras personas en su misma línea de trabajo, salvo en el supuesto de que su templo o patrón convoque a un grupo para que se ocupe y exorcice a una fuerza o entidad sobrenatural especialmente poderosa.

La meta del exorcista es liberar al mundo de una vez por todas de todos los peligros sobrenaturales y de aquello que tiene que ver con cosas de las que es mejor no hablar. Algunos exorcistas se acaban convirtiendo en cazadores de brujas para lograrlo.

Existen exorcistas que hacen uso de una serie de habilidades y hechizos para ocuparse de lo sobrenatural. Para utilizar la magia abiertamente, el exorcista debe tener licencia, a menos que sea un sacerdote de una iglesia o templo. Ningún colegio estará dispuesto a conceder licencias a personas que admitan que han estudiado hechizos nigrománticos y demoníacos, no importa la buena voluntad que tengan, por lo que las licencias deben ser obtenidas en secreto, mediante falsificaciones o adoptando el papel de un hechicero legítimo. Algunos exorcistas llevan una doble vida y aparecen sólo cuando se les necesita, mientras que otros viajan constantemente, sin quedarse en un lugar durante más de unos pocos días. Pocos de estos exorcistas trabajan junto a los cazadores de brujas, a quienes temen: las leyes de Magnus y el fuero de 1913 dejan claro que cualquiera que practique la demonología o la nigromancia es un seguidor del Caos y debe ser quemado.

Un día en su vida Editar

Un día típico para un exorcista se divide entre dos deberes: oraciones y observación de los tomos mohosos buscando información sobre las mejores formas para rechazar espíritus poseedores.

La preparación es la clave para un exorcista, y el conocimiento de los tipos de demonios y no muertos, aunque peligroso y potencialmente corruptor, puede ser la diferencia entre el éxito y la muerte, o peor. Como miembro del clero, también deben dedicar una parte sustancial de su tiempo a ocupaciones eclesiásticas, realización de servicios, bendición de nuevas construcciones, matrimonios, funerales, etc., junto con cualquier tarea mundana asignada a ellos asociada con el día a día de las operaciones de su culto particular.

La mayoría de los miembros del clero son responsables también, de sus propias tareas personales, tales como el lavado y zurcido de su propia ropa. En casos importantes de alto perfil, los superiores del exorcista frecuentemente asignarán un hermano o hermana para ayudar al Exorcista realizando estas tareas en su favor para que él pueda concentrarse más en derrotar al sobrenatural ente que tiene entre manos.

Hechos poco conocidos Editar

Al pasar muchas horas examinando libros y rollos de sabiduría arcana y conocimiento prohibido, los exorcistas se enfrentan a mortales peligros cada vez que se dedican a la práctica de su predilecta vocación. Las amenazas existen no solo para la vida y los miembros, sino para la propia alma de los exorcistas; más de unos cuantos descubrieron demasiado tarde que el espíritu había sido expulsado del alma poseída que trataban de ayudar, y en su lugar acabó poseyendo el cuerpo del propio exorcista. Por su parte, el espíritu, generalmente trata de permanecer donde está todo el tiempo posible, pero cuando se enfrentan con el inevitable e incómodo proceso de expulsión, muchos espíritus buscan ambientes menos agotadores para habitar.

Fuentes Editar

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