FANDOM


Ealith es una antigua fortaleza ubicada al sur de Anlec, en la parte oriental del reino. Se trata de una de las puertas erigidas por Aenarion para proteger el camino que recorre Nagarythe desde el Naganath, avanzando hacia el nordeste hasta llegar a Anlec.

Descripción Editar

Se llega a la fortaleza atravesando el Naganath en la frontera sureste de Nagarythe con Tiranoc y avanzando hacia el nordeste. Tras pasar un pueblo, se accede a un tramo hacia las montañas, avanzando cuesta arriba ininterrumpidamente durante varios kilómetros, hasta alcanzar una densa arboleda llamada Athel Sarui. Más adelante la carretera gira y abandona el bosque, hasta llegar en unas horas a un profundo barranco, desde donde se divisan los dominios septentrionales de Nagarythe, conocidos como Urithelth Orir. Desde aqui el camino gira hacia el norte como una flecha atravesando suaves repechos y declives, numerosos arroyos y puentes anchos.

Al oeste de este punto a dos días de marcha se erige Enith Atruth (que también dista a dos días de marcha de Ealith al norte), mientras Ealith solo está a una jornada a caballo de distancia hacia el norte. La marcha continua por el camino principal aunque también es posible avanzar por un camino más discreto que serpentea hacia el norte desde la cresta de una colina. El sendero en cuestión se trata de un camino de cabras lleno de maleza que cruza una serie de pequeñas colinas bañadas por la sombra agigantada de las montañas mientras varios riachuelos y arroyos atraviesan el camino, permitiendo que crezcan matojos de arbustos bajos y macizos espesos de hierbas resistentes en el ligeramente fértil suelo. La peligrosidad del terreno imposibilita una marcha rápida por esta zona, siendo a veces necesario marchar en fila de uno. La marcha conduce hasta los alrededores del cerro de Elthuir Tarai, donde se levantaba la antigua Tir Anfiroc, y más adelante el paisaje se vuelve mucho más agradable. Cubierto por una alfombra de hierba amarilla que sobrepasa la altura de las rodillas, el terreno se extiende a lo largo de una monótoma pradera que contrasta con los tenebrosos páramos anteriores. Tras pasar este terreno se llega en unas horas a la fortaleza al norte.

Ealith se levanta sobre un espolón rocoso solo accesible por un paso elevado dominado por torres y murallas. La fortaleza ha permanecido abandonada durante siglos y sus secretos cayeron en el olvido salvo para unos pocos entre ellos Malekith y los Heraldos Negros. El hecho es que Ealith tiene otra entrada consistente en un pasadizo excavado en la roca que comunica la ciudadela con el exterior. Excavado con la intención de que las tropas defensoras pudieran salir y atacar a las fuerza sitiadoras por la retaguardia, tiene la entrada de una cueva a casi un kilómetro de las murallas.

La fortaleza está erigida sobre un enorme montículo que se eleva varias decenas de metros sobres los pastos que lo rodean. En la penumbra puede distinguirse en lontananza la figura de la ciudadela, iluminada por las hogueras que arden en el interior y confieren a las murallas un resplandor amarillo y rojo. En la torre se divisan sombras danzarinas. Una torre delgada se estira por encima del pináculo más alto, hasta alcanzar las estrellas, sus estrechas ventanas arrojan una extraña luz verde que ocasionalmente parpadea fugazmente.

Hay una pequeña y densa arboleda cercana a Ealith. En el centro de la arboleda se levanta un enorme roble, tan imponente como una torre de vigilancia. En el espacio que media entre dos raíces, donde solo parece haber tierra y árbol se ubica una cavidad de la anchura y la altura de una puerta de entrada a una ciudad. La raíces del árbol se convan para formar un dintel a modo de arco, y al otro lado se extiende un pasadizo, con la paredes cubiertas por paneles de piedra gris y de una altura suficiente para que unos jinetes montados lo atraviesen en columna de tres en fondo. Mientras se avanza en el sinuoso pasadizo hacia las entrañas de la tierra, los paneles de piedra no tardan en dar paso a la roca desnuda tallada con esmero pero con sencillez por manos desconocidas. La galería empieza a ascender y gira a la derecha para iniciar una espiral cerradísima, que va estrechándose, hasta que se hace necesario avanzar en fila de uno durante un pequeño tramo. Cuando el pasadizo se nivela de nuevo, a la altura de los muros interiores de Ealith, vuelve a ensancharse y permite el paso simultáneo de cinco caballos. Enfrente no tarda en alzarse un muro de roca desnuda en el que no se distingue ninguna puerta ni abertura. Para salir del pasadizo es necesario hacer uso de un conjuro y conocer las runas mágicas que hacen que la sólida roca desnuda de paso a una abertura, del tamaño suficiente para permitir que un jinete montado pase sin dificultad hasta el patio de armas de Ealith.

En el patio de la fortaleza es de altos muros y está pavimentado con baldosas blancas, una docena de fuegos arden en braseros de bronce y despiden un humo acre. Cuando la ciudad estuvo ocupada por los sectarios de los Cultos del Placer, los muros blancos exhibían repulsivas runas pintarrajeados con sangre y los prisioneros sollozaban encadenados unos a otros en pequeños grupos, mientras los cultistas los torturaban o se dedicaban a atender los braseros. La torre central se eleva sesenta metros desde la superficie del patio. Unas gruesas puertas llevan a un vestíbulo, desde el cual unas escaleras de caracol ascienden hacia los pisos superiores, y parten en todas direcciones varios pasillos abovedados que conducen a otras cámaras. La escalera de caracol asciende varios pisos hasta llegar a la cámara superior. La escalera desemboca en el centro de una amplia cámara circular de mármol sin paredes interiores, iluminada por faroles de luz verde. Bajo la extraña e inquietante luz de los faroles está la principal sala de ceremonias de la fortaleza. Durante una de las depravadas y repugnantes ceremonias que se realizan en la sala pueden observarse los cuerpos desnudos de docenas de elfos cometiendo actos atroces de tortura y libertinaje, su lado más salvaje estimulado por unos braseros que emiten un acre humo repleto de gases narcóticos. Mientras una Suma Sacerdotisa preside la despreciable ceremonia desde una tarima cubierta de cadáveres y sangre.

Historia Editar

Desde que Malekith abandonó Tor Anroc para partir al frente de la primera expedición contra los Cultos del Exceso en Nagarythe tuvo conocimiento de que Ealith había sido ocupada. De forma ingeniosa urdió un plan para asaltar Ealith haciendo creer a sus defensores que desconocía que la fortaleza había sido ocupada y por ende no disponía del material de asedio para tomarla. Lo que haría que los adeptos creyeran que tenían todo el tiempo para apuntalarse y reunir fieles mientras las tropas de Malekith construían Torres y arietes y traían catapultas de flechas y refuerzos, mientras eran acosados por aquellares de sectarios en colinas y bosques. Por si este engaño, no fuera suficiente Malekith permitió que dos sectarios capturados en un pueblo antes de llegar a Ealith escaparan en sendos caballos para translado el mensaje oído a sus imprudentes guerreros de que Malekith marchaba a Enith Atruth, a dos días de marcha de dónde las tropas de Malekith acampaban para pasar la noche y también a dos días de marcha de Ealith, de tal forma que su ataque sobre la fortaleza fuese totalmente inesperado y Ealith cayera antes del anochecer del próximo día. Malekith solo confió su plan a los Heraldos Negros.

La jugada maestra de Malekith consistia en que una compañía de 100 guerreros; 40 de Nagarythe incluyendo a Carathrill y Malekith, 30 de Ellyrion, y 30 de Tiranoc, se introdujeran por un pasadizo secreto y entrasen inesperadamente cargando con sus caballos en el patio de armas de la ciudad, cogiendo desprevenidos a los adeptos, y matando o apresando a sus líderes para obligar al resto edonistas decadentes y cobardes a rendirse. Guiados por los Heraldos Negros la compañía partió antes del amanecer y llegó a Ealith al anochecer del día siguiente siendo capaces de introducirse en el pasadizo antes de que Sariour los bañara con su luz celestial.

El plan salió según lo esperado y las fuerzas de Malekith llegaron a la cámara superior de la torre central. Allí el príncipe descubrió una perversa ceremonia de adoración a los Cytharai encabezada por una sacerdotisa con un báculo arqueado de hierro y huesos, con una calavera con tres ojos y cuernos en su cima, y oculta tras una máscara demoníaca de bronce. La sacerdotisa derribó a Malekith dirigiendo su báculo contra el y lanzándole una flecha muy negra al corazón. El corazón le latía fuertemente y parecía como si le fuese explotar. Mientras se retorcía de dolor la sacerdotisa frente a él arrojó la daga curva de sacrificios y se quitó la máscara, los soldados de Malekith quedaron hechizados por la encarnación de la belleza en su rostro y Malekith reconoció a su madre Morathi. Morathi confrontó a su hijo por su debilidad y por servir a Bel-Shanar. Afirmando que su patria se abogaba a la ruina y la inmundicia mientras el levantaba ciudades al otro lado del mundo. No considerándolo un digno hijo de su padre y apto para gobernar ella había tomado su lugar. Malekith roto por el dolor ordenó a sus soldados matar a Morathi, quienes al momento quedaron libres de su embrujo y se lanzaron contra los adeptos quienes también se despertaban del trance en que se hallaban chillando y gritando espoleado por su entrega a Morathi y los gases narcóticos que impregnaba la sala. A final las tropas de Malekith se impusieron, y Morathi viendo su fin a manos de su hijo que avanzaba decididamente hacia ella despedazado con poderosos golpes de Avanuir a todo el que se hallaba en su camino decidió huir. Cuando Malekith puso un pie en la tarima Morathi alzó su báculo sobre su cabeza con ambas manos y apareció una sombra que la envolvió y fue propagándose hasta adquirir la forma de unas alas diáfanas a ambos lados de su cuerpo. Morathi se evaporó y se disipó y las alas batieron el aire tres veces y se elevaron. Terriblemente consternado por lo ocurrido y consumido por el odio y la ira Malekith permaneció en la tarima con la espada candente empuñada con ambas manos y los ojos resplandeciendo por un brillo de magia descontrolada, hasta que finalmente se desplomó con los ojos llenos de lágrimas afirmando que Nagarythe había sucumbido a las tinieblas.

La mañana siguiente Malekith examinó en retrospectiva lo ocurrido, hasta la llegada del Heraldo Negro Elthyrior que comunicó a Malekith que pese a la caída de Ealith Nagarythe se había alzado en armas a favor de Morathi. Afirmando que un ejercito de soldados y sectarios se dirigía a Ealith para sitiarla y destruirla. Elthyrior confesó que miembros de su compañía, considera incorruptible por Malekith, le habían traicionado, y los habían conducido a Ealith para arrojarlos a las garras de Morathi. Siendo lo más probable que la profetisa quisiera ganar a su hijo para su causa. Consciente de que no había refugio de aquellas tierras y ante la posibilidad de quedar acorralado, Malekith decidió retirarse hacia el oeste rumbo a Galthyr mientras los sectarios eran cada vez más numerosos. Mientras Elthyrior encabezaba otra partida de leales al príncipe rumbo a Tiranoc.

Fuente Editar

  • La Secesión: Malekith
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.