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Colegio Amatista por JG O'Donoghue

De todas las corrientes de la magia, la Amatista es la más difícil de detectar y de utilizar. Entra y sale del flujo temporal, y ronda lo que está muerto y podrido. Su presencia se nota con fuerza en cementerios, campos de batalla y lugares de ejecución. Tiene que ver con los efectos físicos directos sobre los cuerpos vivos y con la muerte y la perdición. La Orden Amatista es la sede de aquellos magister que estudian el Saber de la Muerte, y viste el cargo a la perfección. El Colegio Amatista es oscuro y sepulcral, apartado de la luz y escasamente iluminado, incluso al caer la noche. Sus enrevesadas torres son guarida de multitud de murciélagos y sus sótanos están llenos de alimañas. Aunque los ciudadanos de Altdorf saben dónde está el edificio, nadie molesta a los hechiceros de la Orden Amatista.

Aunque los Hechiceros de Amatista rechazan la ornamentación trivial, hay ciertos símbolos recurrentes que se asocian a la orden, entre los que se incluyen la guadaña, la calavera y los huesos, un reloj de arena y una rosa con espinas. Estos símbolos también son frecuentes en las lápidas del Imperio y datan de mucho tiempo antes de que el colegio se fundase.

Edificio[]

El Colegio Amatista es el corazón de la orden, aunque los lugareños a veces se preguntan si ese corazón late.

Localización[]

El Colegio Amatista es un lugar sombrío, situado contra las murallas de Altdorf en el distrito Hexxerbezrik, alzándose sobre el extenso y supuestamente encantado cementerio de la Ciudad Vieja, donde miles de personas fueron precipitadamente enterradas con más prisas que ceremonia tras la devastación provocada por la Peste Roja. El colegio está construido con paredes curvas de piedra oscura, lo que genera una atmósfera monolítica e imponente que domina las calles circundantes. Con sus escasas torres y aún menos ventanas, ofrece una fachada impenetrable y poco atractiva.

Tras sus muros silenciosos, el polvo se amontona dondequiera que ha sido esparcido por los Vientos de Shyish durante décadas, dándole un aspecto de eterna decadencia, ya que los vientos de esta magia se llevan el polvo de años y el hedor de la muerte. El colegio se alza en silencio, excepto por el chirrido de la madera y el suspiro de los vientos en los conductos.

Es con mucho un lugar menos acogedor que el templo principal de Morr en Altdorf está tan sólo a unas calles de distancia (para disgusto de ambas comunidades), y la zona que separa ambas instituciones está llena de establecimientos de naturaleza solemne, como enterradores, constructores y abogados. Hay muy pocos hogares, y casi nadie está dispuesto a vivir en una zona tan deprimente y agorera; ni siquiera los pobres e indigentes. Los que viven en ella suelen ser algo excéntricos, pero viven tranquilos a sabiendas de que ningún practicante de nigromancia sería lo bastante estúpido como para vivir tan cerca de dos concentraciones de sus más implacables y peligrosos enemigos.

Exterior[]

Edificio Colegio Amatista altdorf por Tony Parker

Una enorme estructura de piedra oscura, más parecida a un mausoleo un elaborado estilo gótico que refleja una era pasada que a un lugar de aprendizaje. Las ventanas y puertas están coronadas por arcos apuntados, muchas ventanas son altas y estrechas, y hay nichos con estatuas por toda la superficie del edifico, así como ceñudas gárgolas en los aleros de los puntiagudos tejados. Numerosas torres delgadas y buhardillas con estrechas ventanas se alzan del cuerpo del edificio, cada una de las cuales acaba en una afilada aguja, hogar de centenares o miles de murciélagos. Todos los días, al ponerse el sol, estas criaturas manan del colegio como si fueran una columna de humo vivo dispuesta con el sol poniente.

Los murciélagos son la única señal de vida. Apenas si se ve gente entrando o saliendo del edificio del colegio, y algunos de los habitantes de Altdorf aseguran que han llegado a pasar un día entero observándolo sin haber visto ni un alma. Incluso de noche es poco probable ver luces dentro del edificio aunque abundan los avistamientos de resplandores pálidos y fantasmales que se desplazan de unas torres a otras sin bajar las escaleras. Los cazadores de ratas de la ciudad saben que ratas y otras alimañas surgen a menudo de los sótanos del edificio, pero también saben mejor que algo las persigue allá abajo.

La entrada a la Orden Amatista es un pórtico de piedra con una columna gris pálido y otra negra, y un dintel tallado con los símbolos del colegio y un reloj de arena en el centro, flanqueado por intensos cráneos de amatista y rosas espinosas entrelazadas por todo el diseño. En cada una de las columnas hay tallada una guadaña. Aunque la entrada no es una copia exacta de las puertas de las tumbas que hay alrededor de los templos de Morr, es lo bastante parecida como para recordar la muerte y la mortalidad a la mayoría de los viejomundanos.

Los habitantes de Altdorf que viven cerca dicen que rara vez ven a alguien entrar o salir del Colegio, aunque sus puertas principales están abiertas a todas horas. Estas son grandes paneles de bronce patinado, decorados con calaveras en relieve, figuras blandiendo guadañas de la Muerte y escenas de luto, todas entrelazadas con arbustos de rosas, la flor asociada al Shyish. Los visitantes se detienen a las puertas y tocan una antigua campana de bronce, ya que la entrada está prohibida a los no invitados. Un portero silencioso acude a recoger un mensaje o conducir al visitante al interior, si tiene cita.

La mayoría de la gente se mantiene alejada del colegio, pero sus puertas abiertas son una tentación irresistible para algunos, de modo que es posible encontrar a personas que afirmen haber estado en su interior, sobre todo entre los pilluelos callejeros más atrevidos que se cuelan por una apuesta. Todos los que relatan sus experiencias cuentan historias similares.

Hablan de pasillos vacíos cubiertos de telarañas, jirones de púrpura y negro, ventanas rotas llenas de suciedad y polvo por todas partes. El aire del interior del edificio del colegio es seco, polvoriento y silencioso, con un leve aroma a mirra. No huele a podredumbre, y el olor de la ciudad queda muy atrás en cuanto se atraviesa la puerta. Aparte de los restos ocasionales de una rata o un murciélago, no hay señales de vida. Los intrusos sienten una atmósfera opresiva, tanto una melancolía abrumadora como una sensación de estar vigilados. Inevitablemente se vuelve insoportable y quien haya entrado sigilosamente, podría salir corriendo.

Hay otros que cuentan una historia distinta. Tras vagar durante un rato, giran una esquina y se topan con un magister vestido con una túnica púrpura y esgrimiendo una guadaña. Los pocos que narran esta historia comenzaron su formación dentro de la Hermandad al día siguiente, y son ahora Hechiceros Amatista.

Las puertas del Colegio Amatista están siempre algo deterioradas, aunque pocos ladrones son lo bastante audaces como para atravesar la sombría entrada. Hay una historia de uno que lo hizo. Hace veinte años Cassio el Tileano robó cuarenta chelines de plata y un broche del Colegio Amatista. Se gastó el dinero pero fue incapaz de encontrar a alguien que quisiera comprarle el broche. Poco después su esposa murió en un accidente doméstico que a él le dejó ciego. Luego contrajo una repugnante enfermedad que le consumía. Expulsado por lo que le quedaba de familia, se dedicó a la mendicidad. Todos aquellos que le daban algo de dinero descubrían que después les venía la mala suerte y pronto dejaron de ayudarle. Finalmente llegó a la conclusión de que el broche estaba maldito y trató de devolverlo al Colegio Amatista. Pasó años vagando por las calles de Altdorf tratando de encontrar el camino que le llevara al lugar de donde lo había robado. Sus penosos gritos pidiendo orientación se hicieron bien famosos en la ciudad. Nunca lo consiguió.

Años después, en una persecución contra el Caos, su horrenda forma fue confundida con la de un mutante y fue apuñalado y arrojado al Talabec donde se ahogó. Desde entonces no se le ha vuelto a ver, pero algunos que cuentan la historia dicen que podría no haber muerto y que todavía lleva una miserable existencia en algún lugar de las tierras salvajes en las afueras de la ciudad. Desde entonces, nadie ha tratado de robar nada al Colegio Amatista. A cualquiera que tenga esa idea se le recordará el desgraciado destino de Cassio.

Interior[]

En el interior, el edificio parece que ha estado abandonado durante años. Existen muchos pasillos oscuros, cubiertos por cortinajes negros y púrpura oscuro, donde el polvo forma una gruesa capa en el suelo y atraganta a los intrusos cuando sus pies lo levantan. Las capas de polvo que hay sobre el suelo parecen indicar que nadie ha pasado por allí en muchos años, aunque si los visitantes se dan media vuelta y miran detrás de ellos verán como las huellas de sus pisadas rápidamente se cubren de nuevo con este mismo polvo y desaparece cualquier rastro de su paso. Todo el lugar está cubierto por un silencio inquietante y sepulcral, e incluso aquellos exploradores lo bastante valientes como para gritar comprobarán que sus voces suenan apagadas, como si el edificio se las tragase.

Para los residentes y los invitados, el interior sigue siendo sombrío, pero claramente habitado. El mobiliario es de madera oscura de buena calidad, el mármol y el pórfido están bañados en una luz lavanda procedente de las vidrieras y las lámparas colgantes. Varios retratos de grandes magísteres y antiguos patriarcas se alinean en las paredes. Los visitantes han observado santuarios bien mantenidos dedicados a Morr, aunque nunca se ha visto a ningún magíster rezando en ellos. Uno puede incluso encontrarse con un magíster o un aprendiz en los pasillos, aunque rara vez hablan y todos prefieren comunicarse entre susurros.

Muchos especulan sobre la naturaleza del Colegio Amatista, pero los hechos constatados son pocos. Algunos descartan ciertas historias como cuentos para no dormir que se cuentan a los niños. Pero hay quienes sospechan algo más, como que el Shyish concentrado puede hacer que el edificio y sus habitantes ‘cambien’ de realidad con respecto al mundo material, dejando tras de sí una cáscara. La idea de que el propio Viento Púrpura podría ser sensible y conocer las intenciones de los demás es un pensamiento que a pocos les gusta considerar.

Hay muchas puertas que salen de los pasillos pero todas dan a habitaciones abovedadas y sombrías, pintadas de color morado o azul oscuro, con escasos elementos de mobiliario tallados en madera. La mayoría de las salas están vacías y en ellas retumban los sonidos, aunque algunas están decoradas con misteriosos sarcófagos, o llenas de oscuros y pesados muebles abandonados y cubiertos de telarañas. Los exploradores se toparán con algún que otro cadáver seco de arañas, ratas, murciélagos y demás alimañas, pero jamás verán nada vivo. En las paredes de la mayoría de las habitaciones se alzan pequeñas capillas y santuarios consagrados a Morr, en su aspecto de dios de la muerte, desconcertando a los visitantes más que otra cosa. Cuanto más tiempo pasa la gente dentro del colegio, mayor se hace su sensación de temor, hasta que finalmente se marchan (normalmente corriendo).

Puede transcurrir bastante tiempo antes de encontrarte con alguien y, cuando eso ocurra, la persona hablará mediante las misteriosas magias de comunicación del colegio. Los que son invitados al colegio o acuden a él para entregar mensajes saben que es mejor esperar fuera. Hay una gran campana de bronce deslustrado junto a ella, y si se tañe, aparece un mayordomo encapuchado de entre las sombras del interior. Los mensajeros deben entregar su recado al mayordomo, quien se encargará de transmitirlo. Quienes tengan negocios que tratar con un magister deberán esperar hasta que salga a recibirles. El mayordomo jamás da un paso fuera del umbral del colegio. Sí los visitantes se impacientan y lo empujan a un lado para pasar, se desvanecerá en cuanto entren dentro, y los intrusos se encontrarán en el edificio abandonado descrito anteriormente. Los que permanezcan fuera verán cómo sus compañeros desaparecen en las sombras, pero el mayordomo sigue siendo visible para ellos.

Sólo los iniciados de la Orden Amatista pueden entrar en el auténtico colegio sin ayuda, pero pueden llevar invitados consigo. Para ello no hace falta ningún esfuerzo, aunque pueden decidir entrar en la versión abandonada del colegio si así lo desean. A simple vista, el auténtico colegio no parece muy distinto a la imitación vacía a la que accede la mayoría. Las salas son oscuras, los cortinajes son negros y púrpuras, y hay una fina capa de polvo en el suelo. Sin embargo, el centro de los pasillos está libre de polvo y telarañas debido al paso de numerosos pies y de vez en cuando pueden verse arañas vivas y algún bicho más grande escachado por los alrededores.

Por supuesto, la diferencia más importante es que los hechiceros amatistas están presentes. Aun así es raro toparse con uno en los pasillos, y las puertas de la mayoría de las habitaciones están cerradas, a menudo con llave. En las profundidades del edificio, tanto subiendo como bajando sinuosas escaleras, están las celdas privadas de los magister. Situadas en lo más profundo del edificio hay bibliotecas, estudios y salas de meditación. Aunque en el verdadero colegio reina la tranquilidad, no tiene el fantasmagórico silencio del colegio falso encantado, y las pequeñas capillas de Morr (que siguen existiendo) están obviamente atendidas, aunque los magister no muestran más indicios de venerar específicamente al dios, ni lo adoran abiertamente.

Cada hechicero decide cómo decorar su propia habitación en el colegio. Las elecciones más comunes son los colores oscuros que simbolizan su colegio, pero prácticamente todas las habitaciones tienen una planta o animal vivos de alguna clase. Aunque es más frecuente que sean plantas, también hay algunas ratas, cuervos, gatos e incluso conejos como mascotas. En general los hechiceros prefieren recordarse a sí mismos el vigor de la vida, para no olvidar por lo que luchan y caer en la senda de la nigromancia.

La principal razón para visitar el colegio es para hablar con uno de los magister residentes. La Orden Amatista es lo bastante grande como para proporcionar habitaciones a todos los adeptos, además de a los cargos superiores. Muchos magister de la orden escogen vivir en el colegio permanentemente, pues otros vecinos no suelen ser tan cordiales.

El colegio está provisto de muchas habitaciones pequeñas para el descanso y de amplias salas desnudas para el lanzamiento de hechizos. Hay una pequeña biblioteca que alberga vitrinas mágicamente cerradas y llenas de libros escritos en lenguajes secretos que tratan de oscuros aspectos de la magia de Amatista.

El colegio falso también suele usarse para reuniones clandestinas. La posibilidad de que algún otro que no sean los magister los escuche es insignificante, y los hechiceros raramente se preocupan por estas cosas. Sin embargo, si un grupo se acostumbra a reunirse aquí, los magister toman medidas para expulsados; pues desean que el colegio siga conservando su aura aterradora. La versión abandonada del colegio es oscura, con escalofriantes salas llenas de telarañas y dando la sensación constante de que algo poderoso, celebrando tu muerte, puede interrumpirte.

En general, los Hechiceros Amatistas ignoran los acontecimientos del colegio falso; después de todo, está ahí para asegurarse de que tales hechos no les molesten. Sin embargo, un gran daño a la estructura puede afectar a ambas versiones, por lo que se interviene en los combates particularmente violentos.

Ingreso[]

Los Hechiceros de Amatista aceptan a pocos acólitos, y aquellos que desean aprender la Magia Amatista deben pasar unas exigentes pruebas y realizar importantes juramentos. El más importante de todos ellos es que nunca se abusará de la Magia Amatista o se empleará para beneficio propio. El siguiente es nunca hablar de los secretos de la Hermandad Amatista. Para hacer valer este juramento, el candidato debe hacer un tercer voto en el que jura evitar hablar. Los Hechiceros de Amatista se comunican con una disciplina mágica desconocida para el resto del mundo, que se basa en la colocación de las palabras en las mentes de los demás. Nunca pronuncian palabra alguna. El colegio sólo aceptará a personas que aprendan a comunicarse sin la voz. La primera cosa que se enseña al candidato es el idioma secreto en el que se escriben los libros menos importantes y es el que suelen utilizar para comunicarse. Los libros en este idioma enseñan un idioma aún más secreto, y libros en ese segundo idioma enseñan el idioma más secreto de todos.

Los candidatos pueden aprender el segundo idioma después de diez años de entrenamiento en el colegio, tras el cual habrán estudiado muchas técnicas de meditación y concentración. Durante este tiempo raramente salen del colegio, si es que alguna vez lo hacen. Cuando ya han dominado este idioma se les dará la guadaña que los identifica como maestros. Después de esto deberán pasar un tiempo en el ejército si es necesario, o saldrán al mundo exterior. Después de otros diez años pueden aprender la tercera lengua y los mayores secretos del colegio. No pueden abandonar el colegio. En el momento actual sólo existen cuatro maestros del tercer idioma. La mayor parte de la Magia de Amatista ha sido diseñada teniendo esto en cuenta y normalmente puede lanzarse en silencio sin penalizaciones, aunque si las gesticulaciones del lanzador se vieran impedidas los efectos serían más trascendentes de lo habitual.

El Colegio Amatista no cobra nada a aquellos que ingresan en él, aunque se pide a los acólitos que entreguen toda su fortuna terrenal en el momento de ingresar en el colegio. En algunas circunstancias se permitirá que un nuevo miembro guarde ciertas pertenencias, aunque el colegio trata de inculcar la idea a sus aprendices de que el ingreso en el Colegio Amatista es, como la misma muerte, un paso desde una vieja vida que debe ser olvidada y rechazada.

Sólo en muy raras excepciones un hechicero Amatista dejará de ser miembro del Colegio por un medio distinto al de su propia muerte. Aquellos que lo hagan se verán rechazados no sólo por sus propios colegas, sino también por los hechiceros de otros colegios y también por la gente corriente, ya que el estigma de la magia Amatista continuará pesando sobre ellos. Las únicas personas que se interesarán por un antiguo hechicero Amatista serán los cazadores de brujas y los exorcistas, siempre vigilantes para asegurarse de que no se dedican a la práctica de formas más oscuras de magia y dispuestos a ocuparse de ellos si lo hacen.

Historia[]

Todo este secreto que rodea al colegio y a su magia no es producto de la paranoia. Realmente el Colegio de Amatista tiene algo que esconder: su magia es posiblemente la más poderosa de los ocho Colores. Como actúa directamente sobre el mundo vivo, en manos equivocadas podría ser utilizada para infligir un daño inimaginable.

Teclis enseñó a los primeros Hechiceros de Amatista que debían ser cuidadosos con su poder. Literalmente tienen el poder de la vida y de la muerte en sus manos: un hechizo de Amatista puede estrujar el corazón de un mortal dentro de su pecho para que muera de causas aparentemente naturales. Teclis recalcó a los primeros hechiceros de Amatista el nivel de responsabilidad requerido para ser un Hechicero de Amatista: el conocimiento del equilibrio entre la vida y la muerte y la facultad de verlas como dos fuerzas, no como una finalidad en sí mismas para obtener poder o venganza. Esta tradición está fuertemente arraigada en los preceptos del colegio.

Es muy raro que un Hechicero de Amatista se convierta en renegado, pero tres veces en los últimos cien años los maestros del colegio se han tenido que unir para dar caza y acabar con la vida de uno de sus colegas. Cuando eso ocurre, las cazas de renegados se realizan en completo secreto. Algunos renegados se dedican a la nigromancia, la demonología o se unen a las fuerzas del Caos, o simplemente se vuelven locos. Si bien los hechiceros de muchos colegios tienen sus excentricidades, la locura de un Hechicero de Amatista es algo extremadamente peligroso.

Aunque todos los Hechiceros de Amatista despiertan recelo en exorcistas, Cazadores de Brujas y sacerdotes de los principales templos, su naturaleza reservada y la falta de habla hace que a la gente ajena al colegio le resulte difícil detectar a los renegados. Debido al empleo de magias de la mente, cualquier Hechicero de Amatista le es complicado ocultar pensamientos profundos a sus colegas. Los tres que lo hicieron eran realmente muy poderosos y cada vez que ocurrió se necesitó el poder combinado del resto del colegio para eliminarlos. También es un secreto de los maestros de Amatista que el hechizo fallido que destruyó la zona que rodea el Colegio Brillante fue obra de un Hechicero de Amatista renegado.

Fuentes[]