FANDOM


Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Bloab Engendropodrido fin de los tiempos nurgle
Hechicero del Caos de Nurgle, Jinete Maggoth, Señor de los Ácaros Demonio

De hacia mucho tiempo, el brujo Bloab Engendropodrido parecía estar constantemente rodeado de un enjambre de insectos antinaturales. Sólo sus compañeros guerreros de la tribu Cuernohielo sabían que Bloab es, de hecho, el enjambre, y el enjambre es Bloab. Aunque hubo un tiempo en que era un guerrero alto y atlético, ahora ya no quedaba nada de su forma mortal, sino un saco de piel curtida lleno de serpenteantes gusanos demonio.

Incluso siendo un niño, Bloab tenía una fascinación malsana por las formas más pequeñas de vida en el mundo. Le encantaba tirar de las patas de las arañas de nieve y atrapar polillas de hielo en el interior de cráneos sellados con cera hasta que morían de hambre. Era un hábito que llevó con él a la adolescencia, y a la edad adulta después. Tal era su persecución de las criaturas más diminutas los Picos Cuernohielo que Bloab acabó llamando la atención del Abuelo Nurgle.

Nurgle valora todas las formas de vida, no importa cuán pequeñas sean. Le ofendía de alguna forma que un poderoso guerrero tan joven pasara el tiempo buscando y mutilando al menor de los enemigos en lugar de reclamar la gloria matando a los campeones de los rivales del Padre Nurgle. Cada invierno Bloab luchaba junto al resto de hombres de su tribu contra las tribus Kvellig y Tong, pero cuando se acercaba la primavera siempre volvía a su sádica guerra de un solo hombre contra el mundo de pequeñas criaturas que se ganaban la vida a partir de los desechos árticos.

Al igual que a la mayoría de los hombres de la tribu Cuernohielo, Nurgle había dado a Bloab el don de la resistencia. Aunque el Señor de la Decadencia generalmente endurecía las constituciones de sus devotos para que pudieran apreciar mejor las plagas que se derramaban hacia fuera de su jardín, la piel de Bloab se convirtió tan gruesa como un colmillo trueno por una razón muy diferente.

El Señor de la Decadencia decidió dar una lección a Bloab. En una de sus largas expediciones de caza, el joven guerrero comenzó a encontrar formas cada vez más grandes y más surrealistas de insectos. Uno por uno blandió su daga contra ellos, cortándolos en trozos y cocinando sus patas quitinosas sobre pequeños fuegos en cuevas para su sustento.

Una noche, cuando Morrslieb crecía completa, Bloab estaba tomando su descanso en una cueva cerca del Bosque de la Decadencia. Había disfrutado de un largo pero arduo día de torturar a grandes insectos y animales pequeños, y al caer la noche se sumió en un sueño profundo, y comenzó a roncar lo suficientemente fuerte como para asustar a un oso de las cavernas. A medida que sus sueños se perdían en el Jardín de Nurgle, un ácaro demonio con características humanas se abrió camino hacia abajo desde los cráteres de la superficie de Morrslieb y voló en perezosas espirales hacia la caverna del refugio de Bloab. Otro descendió de los cielos, y luego tres más.

Pronto la cueva resonó con el rugido de un grueso enjambre negro, pero aún así Bloab no se despertó. Formando un retorcido embudo como el de un tornado, los ácaros demonio se lanzaron hacia su bostezante boca y se hundieron a través de la garganta hacia su cuerpo. Allí pusieron huevos por millares, con las larvas anidadas en los pulmones, tripas y corazón. Una vez que llevaron a cabo su trabajo volaron una vez más hacia la noche, manchadas de sangre y sonriendo.

Bloab se despertó agonizando en sueños extraños y perturbadores, con sus entrañas ardiendo. En su interior las larvas de los ácaros demoníacos habían eclosionado, y las serpenteantes bestias se lo estaban comiendo vivo desde dentro hacia afuera. Del mismo modo que él se había tomado su tiempo para desmembrar y perseguir a las criaturas más pequeñas que él, las larvas demonio no tenían prisa, mascando con pereza a su aullante huésped con sus diminutas mandíbulas afiladas hasta que no quedó nada más que una bolsa de piel endurecida. Sin embargo, el abuelo Nurgle, en su beneficencia, no deseaba matar a Bloab, sino darle un nuevo uso. Con las energías de Nurgle sosteniéndolo, Bloab sobrevivió a su terrible experiencia, incluso con su interior ahuecado como una calabaza drenada. Una a una, las gordas crisálidas que se retorcían dentro de él maduraron y se dividieron. Nuevos ácaros demoníacos eclosionaron uno tras otro arrastrándose fuera de la boca y zumbando detrás de Bloab, con afecto por su anfitrión como el de hijos agradecidos.

Desde esa experiencia grotesca, Bloab Engendropodrido se ha visto alto en el favor de Nurgle, el Señor de la Decadencia es tan clemente con sus adoradores como un padre indulgente lo es de sus hijos errantes. Cuando Bloab se enfurece, los contornos de su carne ondulan y vibran, con los hechizos de podredumbre y desmembración derramándose de sus labios mientras sus ácaros demonio silban alabanzas a Nurgle a su alrededor.

A Bloab incluso se le permitía caminar por los senderos del jardín de su maestro, escoltado a través de sus traicioneros alcances por una figura humanoide que formaba parte del enjambre que hacía del saco de su carne su casa. Allí estuvo en el umbral de una gran mansión en descomposición de Nurgle, maravillado por su esplendor entrópico. No tuvo el valor suficiente para molestar a su maestro en sus estudios del caldero, aunque cuando Bloab hizo sus reverencias y se fue, se encontró con que un par de campanas que el viento hacía sonar suavemente en el porche de Nurgle ahora colgaban de su guadaña. Todavía cuelgan en la actualidad, con su doloroso tañir minando la concentración de los magos enemigos y ayudando a Bloab a enfocar la suya propia.

Bloab realmente se ha arrepentido de sus pecados anteriores, ejerciendo un gran esfuerzo para superar la esterilidad donde quiera que se encuentre. Tan incansablemente estuvo Bloab propagando las enfermedades de su amo que, después de introducir la enfermedad conocida como las Flores Negras a la tribu Tong, se despertó una mañana para encontrar un pox maggoth gigante cerniéndose sobre él. La criatura de largos miembros lo había buscado no con la intención de mutilar y destruir, sino para ofrecer su amistad. Una vez que Bloab se recuperó de su sorpresa, sus ácaros demonio pulularon a su alrededor y lo levantaron por sus hombros.

La alegría de Bloab fue triplicada cuando una vengativa partida de guerra Tong lo buscó. Su pox maggoth exhaló grandes bolas chapoteantes de bilis ácida contra sus filas incluso mientras sus enjambres de ácaros demonio caían sobre ellos en un frenesí de diminutas mandíbulas. Sus mascotas atacaron con tal furia que destrozaron a las tribus antes de que Bloab hubiera murmurado un solo encantamiento. Desde ese día a Bloab se le ha conocido en el norte como el Señor de los Ácaros Demonio, un título que le cautiva.

No contento con dormirse en los laureles, Bloab Engendropodrido ha viajado al sur con la intención de llevar las alegrías de la plaga a los reinos civilizados. Ahora es su maggoth, Vomitabilis, el que descuartiza a sus víctimas, y sus ácaros demonio los que garantizan que disponga de espacio suficiente para trabajar. En los últimos meses su enjambre ha adelgazado su número, con sus miembros más viejos alejándose zumbando en largas migraciones para buscar nuevos campeones de Nurgle. Corre el rumor de que las personas afectadas por el enjambre del Señor de los Ácaros Demonio están destinadas a grandes cosas, aunque hay la misma cantidad de informes de que sus picaduras dolorosas han llevado una infección mortal tanto como rumores de semillas de grandeza.

El Fin de los TiemposEditar

La Batalla de TalabheimEditar

Bloab Engendropodrido
El hechicero Bloab llevaba tantos regalos de Nurgle que la única parte de su anatomía que compartía con su antiguo yo era su piel. Incluso esa cáscara era de cuero duro y cubierta de picaduras de insectos, ya que las moscas demonio que eclosionaban de su cuerpo agusanado le daban mordiscos cariñosos para mostrar su agradecimiento por haberlos traido al reino material. Estos mismos enjambres eran una potente arma en el campo de batalla.

MiniaturasEditar

FuenteEditar

  • The End Times II - Glottkin.
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.