FANDOM


Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Enanos 8ª Karak

Tan cerca, por la barba de Grungni, ¡tan cerca! Thorek Cejohierro podía sentir en su rocoso corazón, que una llamada ancestral de gran poder, estaba cerca de su mano. Después de tantos siglos forjando objetos rúnicos y buscando runas perdidas, había desarrollado una curiosa intuición sobre su paradero aproximado. Thorek era conocido por profundizar entre las ruinas de las saqueadas fortalezas enanas y desenterrar raros y maravillosos objetos. Las runas le llamaban, y ahora podía decir que algo verdaderamente potente estaba cerca, ni siquiera las runas maestras le erizaban la barba de la forma en que estaba ahora. Sin embargo, algo le decía a Thorek que tenía que darse prisa pues el tiempo se le agotaba.

Siguiendo las talladas runas que se encontraban en la imantada piedra rúnica que había encontrado, Thorek Cejohierro había sido capaz de descubrir los pasadizos secretos en los Caminos Subterráneos. Condujo a su expedición, por fuera de Karak-Azul, por unos desconocidos pasajes a través de aquella gran carretera subterránea. Con cada paso, caía una creciente sensación de temor. A menudo viajaba a través de ramificaciones de los Caminos Subterráneos pero nunca había visto un tramo en tan buenas condiciones. Típico, las mejores secciones estaban desmoronadas pero útiles, con vastos tramos cerrados por hundimientos o inundaciones. Peor todavía, muchos de esos túneles habían sido convertidos en guaridas por monstruos o habían sido infestadas por los antiguos enemigos de los enanos, como los Goblins Nocturnos o los Skavens.

Ya sea por suerte o por la artesanía excepcional de sus creadores, esos túneles habían permanecido sin descubrir y sin ser comprometidos. Las arterias principales eran enormes, suficientemente anchas para que tres unidades caminaran a la par, con abovedados techos tan altos que dejaban suficiente espacio a un girocóptero para maniobrar y volar. Unos pocos lugares habían sufrido pequeños colapsos, pero considerando los largos siglos de terremotos e invasiones que los reinos enanos habían sufrido en los miles de años desde la creación de los Caminos Subterráneos, esto era poco menos que una maravilla. En muchos sitios las brillantes gemas todavía iluminaban débilmente los largos pasillos.

Nadie excepto Thorek Cejohierro pudo haber descifrado las sutiles indicaciones de la imantada piedra rúnica, ni detectar las despintadas marcas rúnicas que le permitían elegir correctamente entre los miles de caminos por los cuales debería seguir su expedición. Fue allí, en lo más profundo Camino Subterráneo, que Thorek empezó a sentir la creciente inquietud del mundo. Sintió un temblor en la tierra, mayor que el retumbar de la pisada de un gigante. Los Guerreros de Clan sintieron el cambio en la atmósfera, un viento escalofriante – un frió que no tenía nada que hacer con la temperatura – barrió el camino. Como Señor de las Runas, Thorek entendía mejor los vientos de la magia y sin embargo no podía poner un nombre a este creciente miedo, con rapidez Thorek dirigió a los enanos, con sus ojos abriéndose al contemplar las gloriosas maravillas de sus ancestros.

Había habido leyendas en lo profundo de su historia, de una sección secreta en los Caminos Subterráneos que fue tallada por el propio Grungni – una carretera oculta que como una herida se introducía por debajo de los picos de las Montañas del Fin del Mundo hasta el Paso Perdido. Las entradas fueron ideadas por un maestro artífice para parecer muro sólido, y sus runas de apertura eran invisibles salvo para aquellos con agudos sentidos que pudieran detectar la ligada magia. Supuestamente solo los familiares directos de Grungni sabían los secretos de la entrada de esa sección de los túneles subterráneos pero en algún momento en las profundidades del tiempo, la cadena de conocimiento se había roto. Ninguna pista de los tramos ocultos había sido encontrada hasta que la imantada piedra rúnica de Thorek reveló el camino.

¿Qué cúmulos de tesoros y reliquias de los dioses ancestrales podrían haber sido depositados detrás esas casi indetectables puertas de piedra?. ¿Acaso estaba allí el martillo y la forja de Grungni, esperando el regreso del maestro artesano?. ¿O había encontrado Thorek, la localización oculta de los Dólmenes de los dioses?. Todas esas preguntas y más, corrían a través de la mente del Señor de las Runas mientras seguían la carretera subterránea.

La imantada piedra rúnica dirigió a los enanos hacia una caverna inmensa – una fisura natural que se abría a un pasillo de enormes proporciones. En el lejano final de esta entrada, el Camino Subterráneo continuaba; sin embargo, el dispositivo rúnico había conducido a Thorek al centro de una de las largas paredes. Allí, el ejército había acampado durante tres días mientras Thorek Cejohierro instalaba su poderoso yunque. Usó sus formidables poderes para ayudarle en la búsqueda de las runas correctas o rituales que podrían abrir la puerta que él calculaba que estaba allí, pero que aún no podía ver. Ya que no podía sacudirse esos sentimientos de malestar, Thorek mantuvo la expedición en formación de batalla – estacionados a cada extremo de la gran caverna, de cara hacia fuera donde el Camino Subterráneo entraba en la caverna.

Cada hora incrementaba la ansiedad de Thorek. Los enanos no eran rivales en su habilidad para crear entradas ocultas para fortalezas y minas. El trabajo en esta cara de la roca, era superior a todo lo que el señor de las runas había visto a lo largo de sus años. Con suficiente tiempo, Thorek sentía en su conciencia que podía descifrar las runas correctamente y abrir lo que él estaba seguro de que era una puerta oculta hacia algún hallazgo valioso. Pero algo allí, le preocupaba. Había detectado una magia desconocida añadida a las runas maestras de su propia gente. Esta no era la fuerte y cincelada magia de los enanos, sino más bien capas cubriendo la superficie de los dispositivos originales. A pesar que no tenía mucha experiencia con ese tipo particular de escritura, Thorek juró que lo que estaba viendo como pictogramas, era algo usado en los reinos humanos de Nehekhara – la que era ahora la Tierra de los Muertos.

Seguro de que era algo de gran importancia, Thorek ordenó al solitario girocóptero de la expedición que volara de vuelta hacia Karak-Azul para entregar un mensaje al rey Kazador. Volviendo a la tarea entre manos, el señor de las runas empezó el arduo trabajo de romper lo que el consideró como extraños encantamientos. Con un golpe poderoso sobre su yunque de la perdición que hizo eco alrededor de la cueva, el señor de las runas resquebrajó el hechizo. Roto el hechizo de ocultación, podían verse las runas enanas grabadas a lo largo de un vasto conjunto de puertas. Thorek tembló cuando vió que habían perforado la runa maestra de Valaya. Lo que no había esperado ver era que la entrada principal estaba flanqueada en los lejanos lados de la caverna por el contorno de dos entradas en forma de arco fijas en la pared. Éstas, Thorek estaba seguro, eran entradas a ésta sección oculta de la carretera subterránea. Habría tiempo suficiente para estudiarlo después de que hubiera podido abrir las puertas.

Ahora, pensó Thorek, su tarea debería ser más fácil, ya que las restantes runas eran de los ancestros enanos. Aunque sus funciones no le eran familiares, nunca había existido una runa que no hubiera descifrado. Con su brusca voz, como un ladrido, ordenó a sus asistentes y aprendices alejarse rápidamente para que consultaran los tomos antiguos, y el señor de las runas empezó a recorrer con sus dedos por encima de las finamente cincelada puerta frontal maravillándose ante su artesanía. Pronto se abriría, y los secretos ocultos de la cámara, les serían revelados.

Justo cuando empezó con el cántico sobre las primeras runas, los símbolos grabados en ambas puertas laterales resplandecieron. Obviamente se habían activado las runas, y los enanos que estaban cerca se distanciaron con temor. Al principio, la forma de una puerta oculta fue revelada en la roca y después antiguas poleas y engranajes empezaron a trabajar. Habían pasado miles de años desde que fuera abierta por última vez, pero con un profundo retumbar de rocas deslizándose, las arcadas de piedra se abrieron deslizándose suavemente.

Maldiciones enanas y el sonido de pesadas pisadas le siguieron rápidamente. A cada lado de las entradas aún sin abrir, dos amplios túneles corrían hacia las profundas entrañas de la montaña. De la boca de cada entrada, surgieron fantasmagóricas figuras espectrales agitando antiguo polvo de tumba y andrajosas ropas.

El ejercito de los muertos había llegado.

La Batalla de la Puerta de Valaya
Prefacio | Contendientes | Batalla | La Amarga Victoria de Neferata

FuenteEditar

  • The End Times I - Nagash.
El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.