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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Portada libro de ejército Elfos Oscuros 6ª edición por Geoff Taylor Malekith

Malekith estaba disgustado, y Kouran Manoscura lo sabía. De hecho, todos dentro del ejército Naggarothi lo sabían, ya que los restos destripados de varios señores del terror habían sido colocados en lugares bien visibles precisamente para hacer saber su temperamento. El subidón del éxito que había crecido a partir del colapso de la Puerta del Águila había desaparecido como una llama rociada con agua de mar, y el avance de la hueste había disminuido casi a paso de tortuga.

Ystranna de Avelorn, la mejor de las doncellas de la Reina Eterna, había luchado contra el ejército de Malekith durante su asalto a la Puerta del Fénix. Dándose cuenta rápidamente que no podía contener las montañas, había retirado a sus ejércitos a los bosques de las laderas de las montañas. A partir de ahí, sus hermanas habían acosado a los elfos oscuros desde debajo de la cobertura de la devastada línea de árboles, desafiándolos a seguirlas por la maraña plagada de leones. Al principio, muchos regimientos Naggarothi habían mordido el anzuelo, pero no había regresado ninguno; las arboledas estaban plagadas de caminos secretos y fortalezas ocultas y vivas con hachas y lanzas. Los demonios podían haber reducido a Cracia a una tierra muerta, pero su gente la defendía tan bien como siempre.

Malekith finalmente trató de aplastar la resistencia de Ystranna en la Corriente del Crepúsculo. Miles de sombras inundaron el Bosque Blanco, con sus malvadas espadas reluciendo. Los dragones se habían abalanzado a baja altura sobre los doseles, liberando su fuego hasta que acres del Bosque Blanco no fueron más que cenizas, pero los únicos cadáveres que se encontraron entre la desolación eran de elfos oscuros. Y todavía las flechas llegaban desde lo más profundo del bosque, unidas ahora con andadas desde el lado occidental mientras los guerreros sombríos de Nagarythe entraban en la batalla.

Extrañamente, los refuerzos habían casi deshecho a los altos elfos. El aumento de efectivos había alimentado una arrogancia legendaria, y los guerreros al acecho en el Bosque Blanco habían llegado cantando a la lucha. Tan inesperado fue el asalto, que casi logró sus objetivos. Los regimientos Naggarothi, dispuestos para defenderse de un potencial ataque desde el oeste, de repente se encontraron asediados por dos lados. Durante unos peligrosos minutos, la hueste elfa oscura se había tambaleado al borde de un humillante colapso, pero después Malekith se había unido a la batalla. Lanzando a Seraphon hacia abajo por debajo de un cielo oscuro, el Rey Brujo había retorcido la magia del Bosque Blanco a su servicio, y abrió una profunda fisura en el antiguo lecho de roca. Aprovechando la energía en bruto que se derramaba libre de las raíces de las montañas, Malekith invocó nieblas congelantes y meteoros de fuego mágico. Los árboles del Bosque Blanco, aunque muertos durante muchos meses, volvieron a la vida hambrientos ante su orden, con sus ramas y raíces haciendo pedazos a los arqueros ocultos dentro.

La Batalla del Bosque Blanco debería haber terminado en desastre para los altos elfos, ya que ningún mago entre sus filas podía haber esperado igualar al Rey Brujo hechizo tras hechizo. Sin embargo, cuando la luna del terror se alzaba a baja altura sobre la ladera de la montaña sacudida de hechizos, los muertos se levantaron. Los no muertos carecían de guía, y atacaron a ambos bandos con el mismo vigor. Acosados por un tercer enemigo, el contraataque elfo oscuro fue interrumpido irremediablemente, y la carga que debería haber barrido los altos elfos de la ladera de la montaña se detuvo contra un muro de carne húmeda e insensible. Malekith tal vez habría podido imponer su voluntad sobre los resucitados muertos, pero no se atrevió a dividir su atención y arriesgarse a perder el control del apoyo mágico que había despertado recientemente.

Mientras los hechos se sucedían, poco importaba. Obligados a luchar tanto contra los elfos oscuros como contra los muertos, el ejército de Ystranna se había retirado al final del campo de batalla. Los vengativos elfos de Nagarythe habían presionado el asunto algunas horas más, pero incluso ellos se habían retirado antes de que los rayos del amanecer hubieran tocado la ladera de la montaña. Con sus inmediatos enemigos vencidos, Malekith utilizó el poder de la fisura para devolver a los muertos a su descanso. Pero mientras lo hacía, el rey sintió otra mente tocar la suya propia, y sabía que su tiempo se estaba acabando.

A la mañana siguiente, los supervivientes del masacrado ejército de Malus Darkblade trajeron la noticia de un nuevo enemigo que se acercaba desde el sur. Hablaron con ansiedad de un ejército casi tan grande como el que comandaba Malekith - un ejército marchando bajo la bandera del Príncipe Tyrion.

Kouran sabía que la táctica adecuada en ese momento habría sido continuar presionando hacia la Isla Marchita, dejando tras de sí una fuerza de bloqueo para mantener a raya a Ystranna. Incluso sugirió tal curso de acción a su maestro, pero el Rey Brujo no oiría nada de él. Malekith afirmó que no correría el riesgo de dejar a un enemigo con vida a sus espaldas, pero Kouran sospechaba que el monstruoso orgullo de su monarca tenía más que ver con la decisión. El informe de cada explorador sugería que el ejército de Ystranna era menos de una quinta parte del tamaño del ejército Naggarothi, y el Rey Brujo no podía soportar verse alejado por un enemigo tan escaso. Kouran, sin embargo, fue capaz de presionar a su amo de una manera que ningún otro se atrevería, y al fin convenció a Malekith de que se tragase su orgullo.

Esa noche, Kouran viajó al campamento Caledoriano. Desde la Puerta del Águila, los príncipes dragón habían tenido cuidado en mantener una cierta distancia de la hueste Naggarothi. La necesidad que el Príncipe Imrik había visto en la alianza estaba lejos de ser universal, incluso entre sus propios caballeros, y había aún suficiente odio entre las dos razas élficas para ahogar un continente en sangre a la menor provocación. La hueste de dragones que luchó junto a los elfos oscuros lo hicieron por amor a su príncipe. Esa carga le había pesado mucho a Imrik en las semanas desde la Puerta del Águila y estaba a la vez muy orgulloso y indeciblemente triste en el papel que Caledor había llegado a jugar.

Como siempre, Imrik había mantenido a Kouran esperando mucho más tiempo del que era educado - un sutil recordatorio menor de la gran brecha que veía en sus respectivos estatus. También le dio al príncipe dragón una sombría sensación de diversión el ver que el capitán de la guardia negra había marchado con una escolta de nada menos que quinientas lanzas. Aliados o no, ningún Druchii se sentía seguro en compañía de Caledor, y con razón.

Las órdenes de Malekith se expresaron en términos respetuosos, pero no obstante eran inconfundiblemente órdenes. Los Caledorianos tenían que presionar el ataque contra las fuerzas de Ystranna, y sus aliados de Nagarythe, mientras que el resto de las huestes del Rey Brujo presionaban hacia el norte. Imrik estaba en silencio. Hasta ahora el príncipe había sido capaz de evitar manchar su propio acero. Se había aferrado a la idea de que si no derramaba sangre, entonces algo de honor aún quedaría. El príncipe sospechaba de que no pocos de sus caballeros habían evitado de manera similar asesinar a sus aliados ancestrales, dejando la matanza a los Naggarothi todos demasiado dispuestos como para obligarles. Los dragones - incluyendo el propio y leal Minaithnir de Imrik - no habían mostrado tal restricción, y Imrik no podía dejar de preguntarse si su lectura de la situación era más profunda que la suya propia. Era mejor imaginar eso, que tal vez, fijarse en demasía en la facilidad con que los dragones se habían vuelto contra sus antiguos amigos. Si los Caledorianos luchaban solos, ya no tendrían los lujos de contención o clemencia - o de honor.

Por la expresión burlona de Kouran, Imrik consideró que el otro sabía la razón de su reticencia. La mano del príncipe se tensó sobre su espada; sino llega a ser por la repentina llegada de un ensangrentado y magullado Teclis, hubiera atacado a Kouran, cualquiera que fueran las consecuencias. Como sea, las nuevas de Teclis negaron a Imrik incluso la pequeña alegría de aquietar la mueca de Kouran. El mago contó cómo Tyrion había caído bajo el hechizo de Morathi, y cómo un poder oscuro envolvía ahora sus hombros. Como Teclis había previsto, la maldición de Aenarion había reclamado al fin a su hermano - el Defensor de Ulthuan se estaba convirtiendo en Khaine renacido. Tenía que impedirse a Tyrion tomar la Hacedora de Viudas, y si eso significaba que el arma de un dios cayera en manos de Malekith, entonces que así fuera.

De este modo Caledor se convirtió en el escudo de la última marcha hacia el norte de Malekith. A medida que los elfos oscuros presionaban en dirección a la costa norte, cientos de príncipes dragón irrumpieron en el Bosque Blanco, y allí entablaron la batalla más amarga que arruinaría Ulthuan durante muchos largos siglos. Los Caledorianos combatieron con la severidad de guerreros conducidos por la necesidad, ya que Imrik había hablado por fin de las apuestas que lo guiaban. Toda la piedad y clemencia había caído de sus príncipes, y hicieron retroceder a las fuerzas de Ystranna en silencio - incluso los heridos y moribundos no pronunciaban ningún sonido. Las tácticas de atacar y huir que habían funcionado tan bien en contra de los Naggarothi pronto demostraron ser ineficaces contra las fuerzas de Imrik, pues había librado muchas batallas en defensa de Cracia, y sabía qué esperar de su enemigo. Las fortalezas secretas fueron arrasadas por fuego de dragón, y los lanceros Caledorianos marcharon a lo largo de los caminos ocultos, matando a los guerreros de Ystranna que trataban de retirarse.

En el mismo momento que Malekith ponía el pie en la Isla Marchita, Imrik se enfrentaba a Ystranna en medio de las ruinas de su ejército. La doncella sabía que estaba superada, pero aún así se mantuvo en su sitio, con la cuerda del arco como un borrón mientras Minaithnir se abalanzaba. Dos flechas atravesaron la armadura de Imrik, pero esas heridas afligieron al príncipe menos que su propio golpe, que llevó la Lanza Estelar a través del corazón de Ystranna. La muerte de la doncella marcó el final de la resistencia de Cracia.

Al caer la noche, Imrik trabajó en solitario para construir su pira funeraria - una que arderían durante muchos días. El príncipe negó airadamente cualquier otra ayuda. A medida que las danzantes llamas consumían el cuerpo de Ystranna, Imrik susurró una oración a Asuryan, pues sabía que una masacre peor estaba aún por llegar.

Batalla de la Isla Marchita
Prefacio | Contendientes | Batalla | La Fosa te Espera | Hacia sus Destinos | Un Futuro Oscuro | Tensión entre Héroes | Tras la Batalla de la Isla Marchita | La Llama de Asuryan

Fuente Editar

  • The End Times III - Khaine
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