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La Batalla de Bronce fue un cruento enfrentamiento entre las fuerzas de Bel-Aliad, lideradas por el Gran Sultán Suhedir al-Khazem, y un ejército de Nehekhara leal a Khemri, liderado por Akhmen-hotep, quien fuera rey de Ka-Sabar. El enfrentamiento vino precedido por sospecha de alianza entre el Sultán y Nagash, así como por pretensiones de independencia sobre Bel-Aliad. Se formó por tanto un gran ejército, y en el año -1744 CI se puso rumbo hacia la rebelde ciudad.

El ejército de Akhmen-hotep estaba conformado por sus propios guerreros de Ka-Sabar, la llamada Hueste de Bronce, y por jinetes venidos de la ciudad de Bhagar. Las fuerzas del interior de la ciudad estaban formadas por mercenarios traídos del oeste y milicias locales, así como por una amplia infantería de nómadas. Era un ejército muy numeroso, pero su caballería era ligera y escasa, y no contaban con carros, algo esencial en los ejércitos de Nehekhara. El ejército atacante decidió esperar en los limites del Gran Desierto de Arabia, mientras sus exploradores reconocían a las fuerzas enemigas. Tras cinco días, se dio la batalla, y el ejército defensor salió al encuentro de su enemigo. Akhmen-hotep enfrentó a una horda de peligrosos guerreros, muy fieros, pero pésimamente equipados y organizados. Incluso con sus fuerzas mermadas, el rey de Ka-Sabar se mantuvo estoico, inamovible tras las filas de lanceros y el silbido de sus entrenados arqueros.

Cuando las filas chocaron, el hierro mercenario chocó contra los escudos brillantes de la Hueste de Bronce. Una lucha sin cuartel se dio en las arenas, mientras ambos ejércitos se desgastaban. Ambas caballerías se colocaban en los flancos, y los héroes de Nehekhara se abrían paso entre el enemigo e inspiraban a sus tropas con plegarias. Tales como Khalifra, el Sumo Sacerdote de Neru, con su lanza sagrada. Hashepra, heraldo de la guerra, con una brillante armadura de escamas. Y Memnet, célebre luchador incluso bajo el castigo del terrible sol. Ambos ejércitos se desgastaron durante días, cargando y retrocediendo en más de cinco ocasiones. A Akhmen-hotep se le presentó la oportunidad de contratar a un asesino para acabar con su enemigo, pero se negó, volviendo cada día al campo de batalla, y utilizando la potencia de sus carros para barrer a sus enemigos. Colocando a estos en el centro de la formación, y a la infantería reforzando los flancos, cargó hacia las fuerzas árabes con una demoledora potencia, haciendo que sus enemigos rompiesen la formación, y dejando el resto del trabajo a sus disciplinados soldados.

En el fragor de la batalla, el imponente Akhmen-hotep se enfrentó al bravo Suhedir al-Khazem en combate singular. Tras una breve batalla, el rey hizo valer su fuerza, y derrotó a su enemigo con suma habilidad. El Gran Sultán fue capturado entonces, y su ejército se rindió tras él. Akhmen-hotep decidió perdonarle la vida, pero tras la jura de lealtad del derrotado, una columna de humo brotó de Bel-Aliad. Los jinetes de Bhagar habían ignorado las órdenes de su líder, y ahora saqueaban la capital árabe. Pero lo verdaderamente atroz ocurrió poco después, cuando ambos ejércitos comenzaron a retirarse. Arkhan el Negro apareció tras las dunas, y utilizando su poder, levantó a cada caído en la batalla y en el saqueo, transformando a Bel-Aliad y sus alrededores en un verdadero infierno.

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