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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Anaran y anarelle

Anaran y Anarelle.

Anaran era uno de los dos hijos de Argalen, hermano menor de Eltharion de Tor Yvresse, y el hermano gemelo de Anarelle. Fue el comandante de los Altos Elfos en la Batalla de la Isla Marchita durante el Fin de los Tiempos.

HistoriaEditar

Varias noches antes de la batalla por el Altar de Khaine, a Anaran y a su hermana Anarelle se les apareció en sueños el espíritu de su difunto tío Eltharion, que había muerto a manos de Arkhan el Negro en el Viejo Mundo. En esta visión, el Guardián de Tor Yvresse no solo les traspasó el deber de proteger Yvresse en su ausencia, sino también los dones de sus antepasados, entregando a Anaran la Espada Colmillo y a Anarelle el Talismán de Hoeth. Estas eran cargas pesadas, pero los gemelos estaban decididos a honrar la memoria de su tío.

Durante la Batalla de la Isla Marchita, Anaran tomó el mando de las fuerzas de los Altos Elfos, colocando las tropas de Tor Yvresse en el centro de la pendiente donde se enfrentó a los Elfos Oscuros. Cuando la Guardia Negra cargó contra el centro de la primera línea de lanceros, sus gritos de guerra retumbaron por la ladera, estremeciendo a los Altos Elfos, pero Anaran se mantuvo firme junto a la Guardia Plateada gracias a que el peso de la Espada Colmillo le recordó su deber. Otras unidades, sin embargo, mostraron menos valor: los Tiros Certeros de Seldi huyeron de la carga de los Guerreros Elfos Oscuros, siendo masacrados por la espalda. En respuesta, Anaran bajó de la colina con la Guardia Plateada, atrapando a los perseguidores Druchii entre las dos oleadas del ejército Asur. Bajo la presión de los grifos de los Caballeros de Tor Gaval, los Elfos Oscuros fueron presa fácil de los lanceros de Ulthuan. El joven príncipe se hizo un nombre ese día, y demostró ser un digno heredero de la Espada Colmillo con cada chorro de sangre que formaba un arco desde su punta. Los soldados que habían luchado al lado de Anaran durante casi una década observaban pasmados como el príncipe avanzaba, con la espada rúnica partiendo yelmos y cráneos. Un Asesino saltó de entre los apiñados escudos, con el veneno de su daga de un verde maligno, pero el instintivo bloqueo de Anaran fue algo bello de observar. Se oyó un chasquido sordo cuando la Espada Colmillo golpeó la daga y partió su hoja. El asesino murió un instante después, con sus costillas aplastadas por el contragolpe de Anaran.

Tras el contraataque de Malekith, sólo alrededor de Kouran Manoscura de Naggarond y Anaran de Yvresse existía alguna apariencia de orden, y era inevitable que estos dos se encontraran. Por fin, el Guardia Negro se enfrentaría a un enemigo digno de su acero, ya que la Guardia Plateada se había formado a partir de los veteranos que Eltharion había llevado a las murallas del mismo Naggarond. Estos Yvressi no se encogieron de miedo ante los guerreros elegidos de Malekith como sus compatriotas, y avanzaron con las lanzas preparadas. Cuando los mástiles de las lanzas se rompieron, lucharon con cuchillos cortos, o con puños y piedras, ya que se enfrentaban al odio de la Guardia Negra con su propio y profundo desprecio. Por su parte, la Guardia Negra luchaba tan implacablemente como siempre: hacer otra cosa sería admitir el miedo o el respeto hacia sus enemigos, y la élite de Malekith conocía muy poco de ambos. El profundo grito de guerra de la Guardia Negra se mezcló con los gritos más agudos de los lanceros de Anaran, y los muertos se apiñaron densamente en medio de los viejos huesos de la ladera.

Anaran estaba cansado, pero siguió luchando sin flaquear. Había perdido la cuenta de cuántos Naggarothi habían caído bajo su espada, o de cuántos de sus propios guerreros habían perecido en el esfuerzo. Sólo estaba la batalla en sí, una victoria que conseguir sin importar el coste. El príncipe no pensó nada cuando surgió un nuevo oponente fuera de la carnicería ante él. El Elfo Oscuro no llevaba yelmo, y las cicatrices de décadas pesaban sobre su rostro. Anaran no sabía que se enfrentaba a Kouran Manoscura, pero no habría vacilado si lo hubiera sabido. La Espada Colmillo estaba viva en su mano, incansable y sedienta, y el príncipe se adelantó una vez más con un grito de desafío.

Durante generaciones, Kouran se había enorgullecido de que nunca se había retirado ante ningún enemigo, vivo o muerto, pero ahora la ferocidad de la arremetida de Anaran lo obligó a dar un paso atrás. Agachándose por debajo del barrido salvaje del príncipe, Kouran blandió su alabarda en un golpe a la altura del tobillo, haciendo saltar a Anaran hacia atrás. Dos Guardias Plateados se movieron para enfrentarse a Kouran en lugar de su príncipe, pero la espada de Kouran destripó a ambos en un golpe feroz, derramando sus sangrientas entrañas al suelo resbaladizo por la lluvia. Anaran se adelantó de nuevo con la salvaje Espada Colmillo, y otra vez - inexplicablemente - Kouran se vio obligado a dar un paso hacia atrás, esta vez con sangre derramándose de una reciente herida marcada en la frente.

Con un gruñido, el capitán de la Guardia Negra llevó su alabarda hacia abajo en un golpe para abrirle la cabeza, y las chispas volaron cuando Anaran bloqueó el golpe, asegurándolo con la pierna izquierda. Pero Kouran había anticipado esto. Antes de que el clamor del golpe hubiera sonado totalmente, Kouran golpeó con una dura bota sobre la rodilla extendida de Anaran. Hubo un crujido repugnante mientras la pierna se doblaba completamente hacia atrás, y Anaran se desplomó con un grito de dolor desgarrador que sólo sirvió para provocar una sonrisa en el rostro devastado de Kouran. Al ver el peligro que corría el príncipe, un par de Guardias Plateados agarraron a Anaran por los hombros e intentaron transportarlo a un lugar seguro, pero era demasiado tarde. La alabarda de Kouran descendió por última vez, y los gritos de Anaran se acallaron cuando la hoja le abrió el cráneo.

FuenteEditar

  • The End Times III - Khaine.
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