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La grandiosa y colosal Al-Haikk, conocida comúnmente como la Ciudad de los Ladrones, es la capital de Arabia, y hogar del poderoso Gran Sultán. También llamada Alhaka, se alza como un puerto comercial sin parangón, trayendo riqueza constante a las arcas del Gran Sultán. Es una ciudad antigua, con una extensa historia, que ha protagonizado algunos de los eventos más importantes de la historia de Arabia.

Descripción Editar

Desde la reunificación de Arabia, tras la destrucción de Bel-Aliad, Al-Haikk se ha mantenido como el poder central del Imperio Árabe, donde el trono del Gran Sultán se alza poderoso entre las dunas. Es una ciudad mercante, donde el comercio marítimo juega un papel vital, y es gracias a esto que sus astilleros y puertos son desmesurados.

Fue aquí donde Jaffar dio su golpe de estado, derrocando al Gran Sultán del momento con la ayuda de los pérfidos Skavens. La ciudad actuó como su centro de poder, y el Palacio del Gran Sultán se transformó en un lugar de hechicería y maldad. Tras ser derrotado en su campaña militar, Jaffar se vio obligado a huir de vuelta a Arabia, refugiándose primero en Copher, y posteriormente en Al-Haikk. En esta ciudad aguardaba su gran ejército, confiando que el brutal desierto acabara con sus enemigos. Pero una gran revuelta sentenció las pretensiones de Jaffar. Las gentes de Al-Haikk, junto con parte de los guerreros nómadas y nobles descontentos con Jaffar, se revelaron, expulsándolo de la ciudad junto con su hueste. En la Batalla de Al-Haikk, Jaffar y su ejército se vieron atrapados entre las fuerzas cruzadas y los rebeldes, siendo derrotados de forma aplastante. En esta época, una vampiresa del Clan Lahmia llamada Serutat se encontraba infiltrada en la corte de Jaffar, donde encontró multitud de oídos que escuchaban sus susurros. Pero nada más se supo de ella tras la llegada de los viejomundanos.

Poco después, el legítimo Gran Sultán, Al-Adil, retomó el trono de Arabia. Expulsó a los Caballeros de Origo de Fyrus, y procuró la protección de todos sus súbditos a lo largo de la península, reactivando el comercio. Su poder se ha mantenido incorruptible desde entonces. Durante siglos, el trono de Al-Haikk ha defendido a los árabes de los invasores, alejando a todo mal de sus tierras.

Las sinuosas y coloridas calles de Al-Haikk se extienden hasta donde alcanza la vista. Sus callejuelas están llenas de sabandijas y ladrones, que le dan nombre a la ciudad. Sobre los mercados y bazares, se alzan los inmensos palacios de altas bóvedas y blanca piedra. El mayor de todos ellos es el Palacio del Gran Sultán. Este es célebre por sus riquezas y lujos, con grandes bibliotecas a rebosar de libros antiguos y singulares, y con templos decorados con ídolos de los Djinns, los dioses de Arabia.

Fuentes Editar

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